* EL PODER TRANSFORMADOR DE LAS MUJERES, EN VATICANO

https://uncatolicodenava.files.wordpress.com/2017/03/61fce-voices-of-faith-2016-02-team-khq-u11001656548518rxb-1024x5762540lastampa-it.jpg?w=645En el día internacional de las mujeres, la organización “Voices of faith” ha convocado a líderes sociales de todo el mundo para hablar sobre el rol femenino en la construcción de la paz.

Mujeres de todo el mundo. Líderes sociales, historias desgarradoras, de determinación y coraje. Este 8 de marzo la organización “Voices of faith” convocó a una jornada de testimonios para reflexionar sobre el rol femenino en la transformación de situaciones límite, de la marginación a la guerra, de la violencia al descarte. 
Un encuentro en la Casina Pío IV, la sede de la Pontificia Academia para las Ciencias ubicada en el corazón del Vaticano.

“Tengo la esperanza de que nuestro Papa esté mucho más atento a las contribuciones que pueden traer las mujeres a la Iglesia”, aseguró Chantal Götz, una de las organizadoras de la reunión. Una cita de título sugerente: “Moviendo las aguas. Haciendo posible lo imposible” que además de contar con el apoyo del cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, también es acompañada por la Compañía de Jesús. El flamante prepósito general, Arturo Sosa Abascal, fue llamado a tomar la palabra en la apertura de las discusiones. 
En la vigilia del encuentro la expectativa era alta. Götz destacó la importancia de la visión femenina en el diálogo y la no violencia. La presencia y la creatividad de las mujeres en la educación y los programas sociales llevados adelante por la Iglesia católica, especialmente en áreas marginadas.
Pero ellas quieren más. Mayor presencia y mayor reconocimiento. Sin desafiar a la estructura eclesiástica tradicional, pero sí lanzando interrogantes y presentando reflexiones. Porque las mujeres no son sólo víctimas, sino también son proactivas. “Ponemos en juego nuestro liderazgo a favor de un diálogo global por la no violencia, no sólo en la Iglesia. Tal vez espero demasiado de una sola persona, pero él nos ha llamado a todos a aportar nuestras ideas”, añadió Götz.  
Kerry Robinson, directora ejecutiva de la “Leadership Roundtable”, organización dedicada a promover las mejores prácticas en la gestión de los recuersos de la Iglesia, recordó que la ordenación sacerdotal de mujeres no es posible en la Iglesia, pero reconoció que –muchas veces- el talento de los laicos está “subutilizado”. Pero esa realidad, agregó, no se cambia “pensando que las cosas se deban trastocar por completo”. Es mejor, añadió, poner el foco en las mujeres.  
“Cada mañana rezo por el Papa Francisco, estoy agradecida por su elección. La razón de esta esperanza es su mirada humana, cuando llama a ser misericordiosos, a encontrarnos y a escuchar las experiencias de los demás. Creo que él tiene la capacidad para iniciar una reforma positiva, incluso en la curia. Confío en él cuando mira fuera de la curia y pide una Iglesia más incisiva. Es muy empático con las preocupaciones que son comunes a todos.”, estableció.
Las historias de las mujeres fueron elegidas como el centro de la jornada en el Vaticano. Entre las invitadas destacan dos hermanas gemelas refugiadas sirias, Shadan y Nagham, que hasta 2015 ayudaban a niños de entre 6 y 12 años a lidiar con la violencia que sacude a su país.
Originarias de Homs, graduadas en literatura inglesa, vivieron por completo la tragedia de la guerra. Se mudaron a Damasco, primero, y a Mashta al-Helu, en las cercanías de Tartus (noreste), después. Pero cuando cayeron en cuenta que el conflicto las alcanzaría, decidieron escapar hacia la libertad en Europa. Lo hicieron vía mar, desde Turquía hasta Grecia. Como los miles de refugiados que dada día quieren ingresar al “viejo continente”. Arriesgaron su vida y dejaron atrás a su familia. Hoy viven en Gand, Bélgica, con nostalgia de la propia tierra.
Sus relatos se escucharon en el panel titulado “La paz es la habilidad de ser tu mismo. Una conversación con dos hermanas que sobrevivieron a la guerra y al desplazamiento”. 
“Creo que las mujeres pueden hacer mucho por cambiar los corazones en Siria. Cuando trabajamos con las madres nos damos cuenta que los cambios son más profundos. Las madres son las que tienen el más importante rol en la vida de los niños, ellas pueden ser un medio para salvar Siria, pueden romper el círculo vicioso de la violencia. Nosotros buscamos la paz y las mujeres tienen el más importante papel en ello”, aseguró Shadan al Vatican Insider. 
“Tengo mucha esperanza en el Papa, creo que es un hombre especial y que muchas cosas buenas van a pasar gracias a él. Dios no tiene nada que ver con la guerra y la violencia, la fe puede ayudarnos a cambiar con paz y amor. Pero no para que la gente luche entre sí, eso no es Dios”, agregó.
Un aprecio por Francisco que también expresó Margarite Baranktise, la “madre nacional” de Burundi, fundadora de la “Casa Shalom” y salvadora de unos 30 mil niños del genocidio en ese país africano. Ella también fue invitada al encuentro vaticano, para compartir un pasado de lucha y supervivencia, de determinación y tenacidad. 
“El Papa Francisco es un regalo, es una bendición, yo estoy orgullosa de ser católica y ahora más, porque él está dándole dignidad a los más pobres, a los oprimidos, a los sin techo, a los prisioneros, a las mujeres y a los niños”, dijo.
Y sobre el rol de la mujer en la Iglesia católica, añadió: “A veces tengo reuniones con obispos y sacerdotes, a ellos siempre les recuerdo una cosa: nosotros decimos ‘madre de la Iglesia, ruega por nosotros’, ‘madre de Dios, ruega por nosotros’. Las mujeres tienen una vocación especial, si tu dejas a tu madre afuera y no le das un lugar, estás dejando afuera al amor, la ternura. Y el poder más grande en la vida es el amor”.
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO
Fuente: Vatican Insider

* SANTO DEL DIA “Santa Francisca Romana, viuda y fundadora “9 de marzo

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Santa Francisca Romana, famosa en todo el mundo, poseía en grado extraordinario el don de ganarse el amor y la admiración de cuantos la trataban. Nació en Roma, en 1384, caundo comenzaba el cisma de occidente que había afligir tanto a la santa y resultar catastrófico para la familia. Pese a su vocación religiosa, Francisca –por obediencia paterna- aceptó casarse con un noble italiano, con quien tuvo tres hijos. Sin embargo, su matrimonio no fue obstáculo para practicar la virtud de la caridad con los más pobres y la oración constante, para lo cual contó con el apoyo de su joven cuñada Vanozza quien también quiso abrazar la vida religiosa.

Pronto llegó la desgracia para la familia de la santa: su esposo y su cuñado fueron hechos prisioneros y la familia entera entró en la pobreza, pero eso no impidió que Francisca continuara asistiendo a pobres y enfermos. Luego de la muerte de su primer hijo, la santa decidió convertir su casa en hospital y Dios premió sus oraciones y trabajos concediéndole el don de sanar a los enfermos. La fama de los milagros y virtudes de la santa se había divulgado por toda Roma y de todas partes la llamaban para que curase a los enfermos y arreglase las disputas. Posteriormente, Francisca formó una congregación de mujeres que vivieran en el mundo sin más votos que la obligación de consagrarse interiormente a Dios y al servicio de los pobres, la que llevó el nombre de la orden de Oblatas de María; sin embargo, poco después el pueblo cambió el nombre por el de Oblatas de Tor Specchi. La santa falleció en la primavera de 1440, luego de llevar una vida de austeridades, entrega y oración.

* SANTO DEL DIA “San Juan de Dios, religioso y fundador ” 8 de marzo

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San Juan de Dios
(1495-1550)
Fiesta: 8 de Marzo (nace y muere en esta fecha)

Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.

Juan de Dios: laico consagrado, su vocación: amar a los pobres y enfermos de Dios.

Frase preferida: «Haced bien por amor de Dios, hermanos míos».

Revolucionó los hospitales para convertirlos en «lugares de acogida» para los pobres y enfermos mentales.

El loco del amor”, se dedicó a llevar “Medicina con Amor”

Ver de sus cartas: Jesucristo es fiel y lo provee todo”
San Juan de Dios funda hospitales de ayuda a los enfermos mentales en el siglo XVI

En Breve: Después de una milicia llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos. Fundó un hospital en Granada y vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron después la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Destacó, sobre todo, por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada el año 1550.

Nace cerca de Toledo, España, en 1495 (aunque muchos por error creen que nació en Portugal, ver:>>). De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era joven y su padre entro en la vida religiosa hasta su muerte.

Ejerció como pastor y fue tan apreciado por su patrón que este le propuso, sin éxito, que se casara con su hija y fuese su heredero. Juan entró en la milicia y participó en varias batallas de Carlos V. En una de las campañas le pusieron a cuidar un depósito y, como el enemigo logró saquearlo, le condenaron a la horca. Juan se encomendó a la Virgen María y le perdonaron la vida. Dejo la vida militar pero en ella aprendió a ser disciplinado y sufrido.

Se dedicó entonces a vendedor ambulante de libros y estampas religiosas. En una ocasión, llegando a la ciudad de Granada, vio un niño muy pobre y se ofreció a ayudarlo. Aquel niño era Jesús quien le dijo antes de desaparecer: “Granada será tu cruz”

En una ocasión asistió a la prédica del famoso Padre San Juan de Ávila que estaba de visita en Granada. En plena prédica, cuando hablaba contra la vida de pecado, San Juan se arrodilló y comenzó a gritar: “Misericordia Señor, que soy un pecador”. Salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

Se confesó con San Juan de Avila y se propuso como penitencia hacerse el loco para adquirir rechazos y humildad. Repartió todas sus posesiones entre los pobres. Deambulaba por las calles pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados.
La gente lo creyeron en efecto loco y lo trataban con gran desprecio. Hasta lo atacaban a pedradas y golpes. Al fin lo llevaron a un asilo para locos donde recibió fuertes palizas, tal como se acostumbrada a tratar a los locos. Sin embargo sus custodios notaban que Juan no se disgustaba por los azotes sino que lo ofrecía todo a Dios. Juan también corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal de tratar a los demás enfermos.

Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que Juan estaba recluido en un asilo para locos, fue y logró sacarlo. Le aconsejó que no hiciera más la penitencia de hacerse el loco. En vez se debería dedicar a una verdadera “locura de amor”: gastar toda su vida y sus energías ayudando a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.

Fundación
La estadía de Juan de Dios en el asilo fue providencial. Comprendió el gran error que es pretender curar las enfermedades mentales a bases de golpes y desprecio. Se propuso ayudarles. Alquila una casa vieja en Granada para recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano o desamparado. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.

Sabía poco de medicina pero tenía mas éxito curando enfermedades mentales que cualquier médico. Enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma con amor si se quiere obtener la curación de su cuerpo. Este fue el comienzo de la fundación de su hospital. Mas tarde vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios.

Pronto se hizo popular el grito nocturno de Juan por las calles de Granada. “¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!” Las gentes salían a la puerta de sus casas y le daban las sobras de la comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera.

La obra llegó a oídos del señor obispo. Admirado le añadió dos palabras a su nombre que en adelante sería “Juan de Dios”. Como Juan de Dios cambiaba sus ropas por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio un hábito negro con el que se vistió hasta la muerte.

Un día su hospital se incendió. Juan de Dios entró varias veces a través de enormes llamaradas para sacar a los enfermos sin sufrir quemaduras. Así logró salvarle la vida a todos sus pacientes.

Otro día el río creció y arrastraba troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno para sus ancianos. Mientras sacaban troncos del río, uno de sus compañeros jóvenes de pronto fue arrastrado por la corriente. Juan se lanzó al agua para salvarle la vida. El el agua fría le hizo enfermar y empezó a sufrir espantosos dolores. Trataba de que no se notara cuanto sufría.

Por la artritis tenía sus piernas retorcidas y con grandes dolores. Eventualmente se hizo imposible esconder su enfermedad. Una señora obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo fue ante el Santísimo Sacramento para despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín quien había tenido gran enemistad con otro hombre. Juan los reconcilió y ambos habían entraron con el a la vida religiosa como buenos amigos.

Al llegar a la casa de la rica señora, Juan exclamó: “OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero era tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Muchos milagros se han atribuido a su intercesión.
El Papa lo canonizó en 1690.

Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.

Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios, unos 1,500 sirven a enfermos mentales y otros enfermos en 216 casas en todos los continentes. En Italia se les conoce como «Fatebenefratelli». Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa comunidad.

Oración
Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25,40).

Controversia sobre su pais de origen: El libro de Fray José Martinez Gil, «San Juan de Dios. Fundador de la Fraternidad Hospitalaria» Ed. BAC, escrito en el Vaticano utilizando los archivos secretos, revela aspectos del santo hasta ahora desconocidos. Por ejemplo: San Juan de Dios nació en Casarrubios del Monte, cerca de Toledo, España. La errónea atribución del nacimiento del santo a Portugal fue originada por una invención de su primer biógrafo, Castro, que no quiso escribir que Juan de Dios fue hijo de judíos. Su nacimiento fue en 1495, es decir, sólo tres años después de la expulsión de los judíos de España.

 


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Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

* SANTO DEL DIA”Santas Perpetua y Felicidad, mártires “7 de marzoia

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Elogio: Memoria de santa Perpetua y santa Felicidad, mártires, que en tiempo del emperador Septimio Severo fueron detenidas en Cartago, junto con otros catecúmenos. Perpetua, matrona de unos veinte años, era madre de un niño aún lactante, mientras que Felicidad, su esclava, estaba entonces embarazada, por lo cual, según las leyes, no podía ser torturada hasta que diese a luz. Llegado el momento, en medio de los dolores del parto se alegró de ser expuesta a las fieras, y así, con rostro alegre, pasaron las dos de la cárcel al anfiteatro, como partiendo hacia el cielo.
Oración: Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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Santas Perpetua y Felicidad, mártires
fecha: 7 de marzo
fecha en el calendario anterior: 6 de marzo
†: 203país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Aunque los elogios de Perpetua y Felicidad, que se celebran litúrgicamente, están separados de los del resto del grupo, la hagiografía es, naturalmente, para todos ellos: Perpetua, Felicidad, Sátiro, Saturnino, Revocato y Secundino.

Las actas del martirio de santa Perpetua, santa Felicitas y sus compañeros, constituye uno de los más grandes tesoros hagiológicos que han llegado hasta nosotros. En el siglo IV, se acostumbraba leer públicamente esas actas en las iglesias de África. El pueblo les profesaba una estima tan grande, que san Agustín se vio obligado a publicar una protesta para evitar que se las considerara en plano de igualdad con la Sagrada Escritura. Se trata de un documento puramente humano, como es natural, pero que conserva en forma singularmente vivida las palabras de las dos mártires.

Durante la persecución emprendida por el emperador Severo, fueron arrestados en Cartago cinco catecúmenos, el año 205. Eran éstos Revocato, Felicitas (su compañera de esclavitud, que estaba embarazada desde hacía varios meses) Saturnino, Secundino y Vibia Perpetua. Esta última tenía veintidós años de edad, era esposa de un hombre de buena posición y madre de un pequeñín. Sus padres y dos de sus hermanos vivían aún, en tanto que el tercero de sus hermanos llamado Dinócrates, había muerto a los siete años de edad. A estos cinco prisioneros se unió Sátiro, quien les había instruido en la fe y se negó a abandonarles. El padre de Perpetua, de quien ella era la hija predilecta, era un pagano ya bastante entrado en edad; su madre era probablemente cristiana, lo mismo que uno de sus hermanos, y el otro era todavía catecúmeno. Los prisioneros fueron puestos bajo vigilancia en una casa particular. Perpetua narra así sus sufrimientos: «Yo estaba todavía con mis compañeros. Mi padre, que me quería mucho, trataba de darme razones para debilitar mi fe y apartarme de mi propósito. Yo le respondí:
-Padre, ¿no ves ese cántaro o jarro, o como quieras llamarlo?… ¿Acaso puedes llamarlo con un nombre que no lo designe por lo que es?
-No, replicó él.
-Pues tampoco yo puedo llamarme por un nombre que no signifique lo que soy: cristiana.
Al oír la palabra ‘cristiana’, mi padre se lanzó sobre mí y trató de arrancarme los ojos, pero sólo me golpeó un poco, pues mis compañeros le detuvieron… Yo di gracias a Dios por el descanso de no ver a mi padre durante algún tiempo… En esos días recibí el bautismo y el Espíritu me movió a no pedir más que la gracia de soportar el martirio. Al poco tiempo, nos trasladaron a una prisión, donde yo tuve mucho miedo, pues nunca había vivido en tal oscuridad. ¡Qué horrible día! El calor era insoportable, pues la prisión estaba llena. Los soldados nos trataban brutalmente. Para colmo de males, yo tenía ya dolores de vientre. Entonces Tercio y Pomponio, los dos santos diáconos que nos llevaban los sacramentos, pagaron a los soldados para que nos trasladasen, durante algunas horas, a un rincón menos malo de la prisión y nos diesen algún alivio. Todos los hombres se alejaron un poco y yo amamante a mi hijito, que estaba muy débil por falta de alimento. Manifesté a mi madre la pena que esto me causaba, alenté a mi hermano y encargué a los dos que cuidaran a mi hijito. Me daba mucha pena verlos sufrir por mí. Durante varios días estuve muy abatida; por fin conseguí que me permitiesen que mi niño se quedase conmigo en la prisión; esto me quitó la principal de mis preocupaciones, con lo cual recobré inmediatamente la salud, de suerte que la cárcel empezó a parecerme un palacio, en el que estaba yo más feliz que en cualquier otra parte.

«Mi hermano me dijo un día:
-Hermana, ahora gozas de gran favor en el cielo; pide a Dios que te dé a conocer si te espera el martirio o la libertad.
Yo sabía que Dios no podía dejar de escucharme porque yo sufría por su causa y le dije, llena de confianza:
-Mañana te daré la respuesta de Dios, Hermano.
Oré, pues, a Dios, y su respuesta fue la siguiente: Vi una escalera de oro, extraordinariamente larga, que ascendía hasta el cielo, pero tan estrecha, que solo una persona podía subir. A ambos lados había toda clase de armas colgadas: espadas, lanzas, garfios, puñales. Se hallaban dispuestas de tal modo, que quien subía descuidadamente, sin mirar hacia arriba, recibía inmediatamente una multitud de heridas. Al pie de la escalera había un inmenso dragón, que acechaba a los qué querían subir y trataba de impedirles que lo hicieran. El primero en subir fue Sátiro, quien se había entregado espontáneamente por nosotros, pues él nos había instruido en la fe y se hallaba ausente en el momento en el que nos hicieron prisioneros. Al llegar a lo alto de la escalera, Sátiro se volvió y me dijo:
-Perpetua, aquí te espero; pero cuídate de que no te muerda el dragón.
Yo le respondí:
-En el nombre de Jesucristo, no me morderá.
Al punto, el dragón apartó su cabeza, como si me tuviese miedo, y la colocó sobre el primer escalón, de suerte que para dar el primer paso tuve que pisarle la frente. Seguí subiendo y vi un gran jardín, en cuyo centro se hallaba un hombre alto y de cabello blanco, vestido de pastor, ordeñando sus ovejas; alrededor había millares de personas vestidas de blanco. El hombre levantó la cabeza, fijó en mí sus ojos y me dijo: ‘Bienvenida, hija mía’. Y me llamó y me dio unos quesos; yo los tomé en mis manos y me los comí; y todos los que nos rodeaban decían ‘Amén’. Desperté al oír esa palabra y mi boca tenía todavía un aroma muy agradable. Inmediatamente conté lo sucedido a mi hermano y ambos comprendimos que nos esperaba el martirio y renunciamos a toda esperanza de este mundo.

«Poco después corrió el rumor de que nos iban a juzgar. Mi padre vino desde la ciudad, muy angustiado, con el intento de apartarme de mi resolución. Me dijo: ‘¡Hija mía; apiádate de mis canas! Ten piedad de tu padre, si es que soy digno de que me llames padre; apiádate de mí que te he educado y te he preferido siempre a tus hermanos. No tienes nada que reprocharme. Piensa en tu madre y en la hermana de tu madre; piensa sobre todo en tu hijo, que no podrá sobrevivirte. Depón tu orgullo y no nos arruines, pues jamás podremos volver a hablar como hombres libres, si te sucede algo’. Así habló mi padre, lleno de amor por mí, besando mis manos y arrodillado delante de mí; estaba tan conmovido, que ya no me decía ‘hija’ sino ‘señora’. Esto me hizo sufrir, pues comprendía que mi padre sería el único de los míos que no se regocijaría de mi martirio. Le consolé como pude, diciéndole: ‘Las cosas sucederán como Dios lo disponga, pues estamos en sus manos y no en las nuestras’. Y mi padre partió muy angustiado. Otro día, cuando estábamos comiendo, nos llamaron súbitamente a juicio y nos condujeron a la plaza del mercado. La noticia se había extendido rápidamente y había acudido una enorme multitud. Nos colocaron en una plataforma frente al juez, que era Hilariano, el procurador de la provincia, pues el procónsul acababa de morir. Todos los que fueron juzgados antes de mí confesaron la fe. Cuando me llegó el turno, mi padre se aproximó con mi hijo en brazos y, haciéndome bajar de la plataforma, me suplicó:
-Apiádate de tu hijo.
El presidente Hilariano se unió a los ruegos de mi padre, diciéndome:
-Apiádate de las canas de tu padre y de la tierna infancia de tu hijo. Ofrece sacrificios por la prosperidad de los emperadores.
Yo respondí:
-¡No!
-¿Eres cristiana? -me preguntó Hilariano, y yo contesté:
-Sí, soy cristiana.
Como mi padre persistiese en tratar de apartarme de mi resolución, Hilariano mandó que le echasen fuera y los soldados le golpearon con un bastón. Eso me dolió como si me hubiesen golpeado a mí, pues era horrible ver que maltrataran a mi padre anciano. Entonces el juez nos condenó a todos a las fieras y volvimos llenos de gozo a la prisión. Como mi hijo estaba acostumbrado al pecho, rogué a Pomponio que le trajese a la prisión, pero mi padre se negó a dejarle venir. Pero Dios dispuso las cosas de suerte que mi hijo no extrañó el pecho y a mí no me hizo sufrir la leche de mis pechos.»

Según parece, Secundino había muerto en la prisión antes del juicio. Antes de dictar la sentencia, Hilariano había mandado azotar a Revocato y Saturnino y abofetear a Perpetua y Felicitas. Se reservó a los mártires para los espectáculos que se iban a ofrecer a los soldados durante las fiestas de Geta, a quien su padre, Severo, había nombrado César cuatro años antes, en tanto que había nombrado Augusto a su hijo Caracala.

Santa Perpetua relata así otra de sus visiones: «Pocos días después, mientras estaba yo orando, se me escapó el nombre de Dinócrates. La cosa me sorprendió mucho, pues yo no estaba pensando en él. Al punto comprendí que debía orar por él y así lo hice con gran fervor e insistencia. Esa misma noche tuve una visión. Vi a Dinócrates salir, sudoroso y sediento, de un sitio muy oscuro en el que había muchas personas; en su pálido rostro se veía la herida que tenía al morir. Dinócrates era mi hermano según la carne y había muerto a los siete años, consumido por una terrible gangrena facial. Por él estaba yo orando; pero entre los dos había un gran abismo, de modo que no podíamos aproximarnos. Cerca de él había una fuente; pero el borde era bastante alto, de suerte que Dinócrates tuvo que ponerse de puntas para poder beber. Pero ni en esa forma logró alcanzar el agua, porque el borde era demasiado alto para él; al despertarme, comprendí que mi hermano se hallaba en un sitio de sufrimientos. Sin embargo, sentí una gran confianza en que podía ayudarle y pedí a Dios por él hasta el día en que nos trasladaron a la prisión del cuartel, pues estábamos destinados a luchar con las fieras, durante las fiestas que iban a celebrarse en el cuartel en honor del cesar Geta. Yo seguí pidiendo día y noche por mi hermano, con muchas lágrimas. Cuando se acercaba el día del martirio tuve una visión. Vi el mismo sitio en que antes se hallaba mi hermano, pero ahora estaba lleno de luz. Dinócrates estaba limpio, bien vestido y muy fresco; donde antes estaba la herida del rostro, sólo había ahora una cicatriz; y el borde de la fuente le quedaba ahora a la altura del pecho; el agua brotaba constantemente y sobre el borde había una vasija de oro llena de agua. Dinócrates se acercó y empezó a beber y el agua de la vasija no se agotaba. Dinócrates bebió hasta saciarse y después se alejó, jugando como un niño. Yo desperté, segura de que ya no sufría.

«Unos cuantos días después, Pudente, el jefe de la prisión, empezó a mostrarnos cierta consideración y a permitir que nos visitasen, pues se había dado cuenta de nuestro gran poder. Poco antes del día de las fiestas, mi padre vino a verme, abrumado de dolor, y comenzó a mesarse la barba, a echarse al suelo a maldecir su ancianidad y a decir cosas que habrían conmovido al más duro de los hombres. Yo sentí una gran compasión por él.

«La víspera del día del martirio tuve otra visión. Vi al diácono Pomponio aproximarse y llamar estruendosamente a la puerta de la prisión. Fui a abrirle y le encontré vestido con una túnica sin ceñidor y calzado con unos zapatos muy extraños. Pomponio me dijo: ‘Perpetua, te estamos esperando; ven conmigo’. Entonces me tomó por la mano y echamos a andar penosamente por un sendero áspero y desagradable, hasta que llegamos al anfiteatro. Pomponio me condujo hasta el centro del circo y me dijo: ‘No tengas miedo; yo estoy contigo y sufriré contigo’. Después se alejó. Yo levanté los ojos y vi una inmensa multitud. Como yo sabía que estaba condenada a las fieras, me extrañó no ver ninguna en la arena. Entonces apareció un desagradable egipcio con sus servidores para luchar contra mí. Pero al mismo tiempo, apareció una tropa de jóvenes que venían a defenderme. Cambiaron mis vestidos por los de un hombre y me ungieron con aceite para el combate; y vi que el egipcio mordía el polvo delante de mí. Entonces apareció un hombre tan alto, que su cabeza sobresalía por encima del anfiteatro; estaba vestido con una túnica de púrpura sin ceñidor y en el centro de su pecho colgaban dos listones; sus sandalias estaban curiosamente tejidas con oro y plata; tenía un bastón como el de los jefes de los atletas y en las manos llevaba una bandeja verde con manzanas de oro. Ordenó a la multitud que se callara y dijo: ‘Si el egipcio vence a Perpetua, tendrá derecho a decapitarla con la espada; y si Perpetua vence al egipcio, recibirá en premio esta bandeja’. Después de decir esto, se retiró. Y el egipcio y yo empezamos a golpearnos. El egipcio trataba de tomarme por los pies, pero yo no dejaba de golpearle el rostro con los talones; y empecé a volar y a darle golpes por arriba. Viendo que la lucha iba decayendo, me froté las manos. Logré tomarle la cabeza y hacerle caer de bruces; entonces puse el pie sobre su rostro. La multitud lanzó grandes gritos, en tanto que mis acompañantes cantaban salmos. Y yo me acerqué al jefe de los atletas, quien me entregó la charola, me besó y me dijo: ‘La paz sea contigo, hija mía’. Y yo me aproximé triunfalmente a la Puerta de la vida. [“Porta sanavivaria”, ver el penúltimo párrafo de este artículo.] En ese mismo instante desperté. Entonces comprendí que mi combate no iba a ser contra las fieras, sino contra el demonio, pero que yo saldría victoriosa. Esto lo escribí hasta la víspera de los juegos; lo que suceda en los juegos lo escribirá quien se sienta llamado a ello.»

San Sátiro nos dejó también escrita una visión que tuvo. Los ángeles le condujeron junto con sus compañeros a un hermoso huerto, donde encontraron a los mártires Jocundo, Saturnino y Artaxio, que habían perecido recientemente en la hoguera, y a Quinto, que había muerto en la prisión. Después los llevaron los ángeles a un palacio luminoso, donde se hallaba sentado un anciano de cabellos blancos y rostro de joven, «cuyos pies no veíamos»; a derecha e izquierda del Anciano estaban otros muchos ancianos que cantaban al unísono: «Santo, Santo, Santo». Sátiro y sus compañeros se detuvieron ante el trono; «besamos al Anciano, quien pasó su mano sobre nuestros rostros». [Cfr. Apocalipsis 7,17: «Y Dios secará las lágrimas de sus ojos.»] «Y los otros ancianos nos dijeron: ‘Levantaos’. Y nos levantamos y les dimos el beso de la paz. Entonces los ancianos nos dijeron: ‘Id a luchar’. Sátiro dijo a Perpetua: ‘Ya tienes todo lo que puedes desear’. Perpetua replicó: ‘Alabado sea Dios, que me dio la felicidad en el mundo y me ha dado aquí una felicidad todavía mayor’.» Sátiro añade que al salir, encontraron delante de la puerta a su obispo Optato y a un sacerdote llamado Aspasio, que estaban solos y tristes. Ambos se postraron a los pies de los mártires y les rogaron que les reconciliasen, pues habían tenido un pleito. Cuando Perpetua se hallaba conversando con ellos, «bajo un árbol de rosas», los ángeles ordenaron a los dos clérigos que se reconciliasen y dijeron a Optato que acabase con los partidos en su iglesia. Sátiro añade: «Entonces empezamos a reconocer a muchos mártires y nos dio fuerza un perfume indescriptible y delicioso. Desperté con el alma llena de gozo».

Probablemente un testigo presencial completó las actas. Felicitas tenía miedo de que se la privase del martirio, porque generalmente no se condenaba a la pena capital a las mujeres embarazadas. Todos los mártires oraron por ella y así dio a luz a una hija en la prisión; uno de los cristianos adoptó a la niña. El alcalde de la prisión, temiendo que los cautivos empleasen algún conjuro mágico para escapar, les trataba rudamente y había prohibido todas las visitas; pero Perpetua habló con él y a raíz de esa conversación, empezó a tratar mejor a los prisioneros y permitió que recibiesen la visita de algunos de sus amigos. Por otra parte, el carcelero Pudente, «que había llegado a la fe», hacía cuanto podía por los mártires. La víspera del martirio se les ofreció, según la costumbre, una comida pública llamada «la fiesta gratuita»; los prisioneros se esforzaron por convertirla en un ágape o «fiesta de amor» y hablaron a todos del juicio de Dios y del gozo con que iban al martirio. Su valor asombró a los paganos y produjo numerosas conversiones.

El día del martirio, los prisioneros salieron de la cárcel como si fuesen al cielo. Abrían la marcha los hombres; detrás de ellos iba Perpetua «cuyos ojos brillaban de tal modo, que hacían bajar las miradas de los circunstantes», junto con Felicitas, «la cual se sentía muy dichosa al pasar de manos de la partera a las del verdugo para recibir, después de sus dolores, la purificación de un segundo martirio». A las puertas del anfiteatro, los guardias intentaron hacer que los hombres revistiesen las túnicas de los sacerdotes de Saturno y las mujeres el vestido consagrado a Ceres; pero Perpetua se resistió tan vigorosamente, que los guardias acabaron por dejarles entrar en la arena con sus propios vestidos. La multitud, furiosa al ver la valentía de los mártires, pidió a gritos que les azotaran; así pues, cada uno de ellos recibió un latigazo al pasar frente a los gladiadores. Saturnino había pedido que le echasen encima diferentes fieras para que su corona fuese más gloriosa; de acuerdo con su deseo, él y Revocato tuvieron que hacer frente primero a un leopardo y luego a un oso. Por su parte, Sátiro, que tenía mucho miedo a los osos, hubiese querido que un leopardo acabase rápidamente con él. Le echaron un jabalí, que se volvió contra el domanor y le mordió, de suerte que éste murió pocos días después, en cambio, a Sátiro sólo le arrastró por la arena. Entonces los guardias ataron al mártir y le pusieron frente a un oso; pero éste no quiso salir de su jaula y hubo que dejar el martirio de Sátiro para más tarde. Esto le proporcionó la oportunidad de hablar con Pudente, el carcelero, que se había convertido. Sátiro le animó, diciéndole:
-Ya ves que, como lo había yo deseado y predicho, ninguna fiera se ha atrevido a tocarme. Cree firmemente. Mira: la próxima vez me van a echar a un leopardo que acabará conmigo de una sola mordida.
Así sucedió; un leopardo saltó sobre él y le dejó cubierto de sangre en un instante. La multitud daba alaridos y gritaba: ‘¡Ahora sí está bien bautizado!’ El mártir, ya agonizante, dijo a Pudente:
-¡Adiós! Conserva la fe, acuérdate de mí, y que esto sirva para confirmarte y no para confundirte.
Y, tomando el anillo del carcelero, lo mojó en su propia sangre, lo devolvió a Pudente y murió. Así fue a esperar a Perpetua, como ésta lo había predicho.

Perpetua y Felicitas fueron arrojadas a una vaca salvaje. La fiera atacó primero a Perpetua, quien cayó de espaldas; pero la mártir se sentó inmediatamente, se cubrió con su túnica desgarrada y se arregló un poco los cabellos para que la multitud no creyese que tenía miedo. Después fue a reunirse con Felicitas, que yacía también por tierra. Juntas esperaron el siguiente ataque de la fiera; pero la multitud gritó que con eso bastaba; los guardias las hicieron salir por la Puerta Sanavivaria, que era por donde salían los gladiadores victoriosos. Al pasar por ahí, Perpetua volvió en sí de una especie de éxtasis preguntó si pronto iba a enfrentarse a las fieras. Cuando le dijeron lo que había sucedido, la santa no podía creerlo, hasta que vio sobre su cuerpo y sus vestidos las señales de la lucha. Entonces llamó a su hermano y al catecúmeno Rústico y les dijo:
-Permaneced firmes en la fe y guardad la caridad entre vosotros; no dejéis que los sufrimientos se conviertan en piedra de escándalo.
Entre tanto, la veleidosa muchedumbre pidió que las mártires compareciesen nuevamente; así se hizo, con gran gozo de las dos santas. Después de haberse dado el beso de paz, Felicitas fue decapitada por los gladiadores. El verdugo de Perpetua, que estaba muy nervioso, erró el primer golpe, arrancando un grito a la mártir; ella misma tendió el cuello para el segundo golpe, «Tal vez porque una mujer tan grande… sólo podía morir voluntariamente».

En 1907, el P. Delattre descubrió y restauró una antigua inscripción en la basílica Majorum de Cartago. En dicha basílica habían sido enterrados los cuerpos de los mártires, según lo dice expresamente Víctor Vítense, un obispo africano del siglo V que había visitado la tumba. El contenido de la inscripción es el siguiente: «Aquí reposan los mártires Sátiro, Saturnino, Revocato, Secundino, Felicitas y Perpetua, quienes sufrieron en las nonas de marzo». Sin embargo, no es posible afirmar con toda certeza que esa inscripción sea precisamente la de la losa sepulcral de los mártires. Estos mártires aparecen en todos los calendarios y martirologios antiguos, como por ejemplo en el calendario filocaliano de Roma (354 d.C.) y en el calendario sirio, redactado probablemente en Antioquía, a fines del siglo IV.

Naturalmente existe una literatura muy amplia sobre las actas de las santas Felicitas y Perpetua. Los principales textos griegos y latinos se encuentran en la edición de Armitage Robinson, Texts and Studies, vol. I, pte. 2. Entre las traducciones inglesas, citaremos la de R. W. Muncey, The Passion of St. Perpetua, (1927), y E. C. E.Owen, Some Acts of the Early Martyrs (1927). Pero la mejor obra es la de W. H. Shewring, The Passion of Perpetua and Felicity (1931), con un texto latino y una introducción excelente. Actualmente se ha abandonado casi del todo la teoría de que el texto primitivo era el griego, traducido posteriormente al latín. Ningún autor admite la curiosa hipótesis de Hilgenfeld de que las actas fueron originalmente redactadas en lengua púnica. Muchos historiadores, entre los que se cuenta el P. Adhémar d´Ales, se inclinan a creer que Tertuliano fue el editor de las actas. Una de las razones en que se apoya esta teoría es que en las actas aparecen las huellas de las doctrinas y la fraseología montanistas; pero, como lo ha demostrado Delehaye, esas huellas son ligerísimas y no bastan para identificar las actas con cualquier especie de doctrinas heréticas. Ver Delehaye. Les Passions des martyrs et les genres littéraires (1921), pp. 63-72, Cf. Monceaux, Histoire Littéraire de l´Afrique chrétienne I, pp. 70-96, y A. J. Masón, Historie Martyrs, (1905), pp. 77-106.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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* Familiarizarse con la Biblia para luchar contra el mal. El Papa en el Ángelus

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(RV).-  Familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. Fue la indicación del Papa Francisco tras meditar, antes de la oración del Ángelus, sobre el Evangelio del primer domingo de Cuaresma que cada año presenta el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

En el domingo en que además se da inicio a los ejercicios espirituales del Papa y de la Curia Romana, el pontífice rezó el Ángelus en la Plaza de san Pedro – repleta de peregrinos a pesar del mal tiempo – , y tras reflexionar sobre las tentaciones de Jesús en el desierto, afirmó que en este tiempo cuaresmal estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios.

Para explicar este llamado que como cristianos tenemos en estos cuarenta días que preceden a la Pascua, preguntó a los fieles presentes qué sucedería si tratásemos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil, es decir, si la lleváramos siempre con nosotros, si regresáramos a buscarla cuando nos la olvidamos, si la abriéramos varias veces al día, y leyéramos los mensajes en ella contenida. Esto porque, para hacer frente a la batalla contra el mal, necesitamos estar familiarizados con la Palabra de Dios.

“Una comparación paradójica”, señaló el pontífice, pero que “hace reflexionar”, porque de hecho, “si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien”.

A continuación, el texto y el audio de la reflexión del Papa antes de la oración del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio introduce en el camino hacia la Pascua, y nos muestra a Jesús que permanece durante cuarenta días en el desierto, sujeto a las tentaciones del diablo (cf. Mt 4,1-11). Este episodio se coloca en un momento preciso de la vida de Jesús: inmediatamente después de su bautismo en el río Jordán y antes del ministerio público. Él acaba de recibir la investidura solemne: el Espíritu de Dios descendió sobre Él, el Padre del cielo lo declaró “Mi Hijo amado” (Mateo 3:17). Jesús está ya listo para comenzar su misión; y porque tiene un enemigo declarado, es decir, Satanás, Él lo afronta de inmediato, “cuerpo a cuerpo”. El diablo hace presión sobre el título de “Hijo de Dios” para alejar a Jesús del cumplimiento de su misión: “Si eres Hijo de Dios …”, le repite tres veces(v 3.6), y le propone hacer gestos milagrosos, de hacer el mago, como convertir las piedras en pan para satisfacer su hambre, y saltar de los muros del templo haciéndose salvar por los ángeles. A estas dos tentaciones, sigue la tercera: adorarlo a él, el diablo, para tener el dominio sobre el mundo (cf. v. 9).

Mediante esta triple tentación, Satanás quiere desviar a Jesús de la senda de la obediencia y la humillación – porque sabe que así, por este camino, el mal será vencido – y llevarlo por el falso atajo hacia el éxito y la gloria. Pero las flechas venenosas del diablo son todas los “paradas” por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios (vv. 4.7.10) que expresa la voluntad del Padre. Jesús no dice alguna palabra propia: sólo responde con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto.

Durante los cuarenta días de la Cuaresma, como cristianos estamos invitados a seguir las huellas de Jesús y a hacer frente a la batalla espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios. No con nuestra palabra: no sirve. La Palabra de Dios: aquella que tiene la fuerza para derrotar a Satanás. Para ello hay que familiarizarse con la Biblia: leerla menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que siempre es actual y eficaz. Alguien dijo: ¿qué pasaría si tratamos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil? Si la lleváramos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿qué sucedería? Si nos volviéramos cuando nos la olvidamos: tú te olvidas el teléfono celular… “¡úh! ¡No lo tengo, vuelvo a buscarlo!”. Si la abriéramos varias veces al día; si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono… ¿qué sucedería? Claramente la comparación es paradójica, pero hace reflexionar. De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las sugerencias cotidianas del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más vulnerables y necesitados, y también a nuestros enemigos.

Que la Virgen María, ícono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad, nos sostenga en nuestro camino cuaresmal, a fin de que nos pongamos en dócil escucha de la Palabra de Dios para hacer una verdadera conversión del corazón.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

 

* ANGELÚS PAPA FRANCISCO “Oren por mí y por mis colaboradores de la Curia Romana”

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(RV).- “Hace pocos días hemos iniciado la Cuaresma, que es el camino del Pueblo de Dios hacia la Pascua, un camino de conversión… Les deseo a todos que el camino cuaresmal sea rico de frutos; y les pido que se recuerden en sus oraciones de mí y de mis colaboradores de la Curia Romana, que esta tarde iniciaremos la semana de Ejercicios Espirituales”, invitación del Papa Francisco al final de la oración mariana del Ángelus, del primer domingo de marzo, I Domingo de Cuaresma.

También, el Obispo de Roma saludó a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los peregrinos procedentes de Italia y de diversos Países presentes en la Plaza de San Pedro, especialmente a los peregrinos de Madrid, Córdoba y Varsovia; como a aquellos de Belluno y Mestre. El Papa además, dirigió su saludo a los jóvenes del decanato de Baggio (Milán) y a los participantes en el Encuentro promovido por las Maestras Pías Filipinas.

Texto completo de los saludos del Papa Francisco después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Dirijo un cordial saludo a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a todos los peregrinos procedentes de Italia y de diversos Países.

Saludo a los fieles provenientes de las diócesis de Madrid, Córdoba y Varsovia; como a aquellos de Belluno y Mestre. Saludo a los jóvenes del decanato de Baggio (Milán) y a los participantes en el Encuentro promovido por las Maestras Pías Filipinas.

Hace pocos días hemos iniciado la Cuaresma, que es el camino del Pueblo de Dios hacia la Pascua, un camino de conversión, de lucha contra el mal con las armas de la oración, del ayuno, y de las obras de caridad. Les deseo a todos que el camino cuaresmal sea rico de frutos; y les pido que se recuerden en sus oraciones de mí y de mis colaboradores de la Curia Romana, que esta tarde iniciaremos la semana de Ejercicios Espirituales. Gracias de todo corazón por esta oración que harán. Y por favor no se olviden – no se olviden – ¿Qué sucedería si tratáramos la Biblia como tratamos a nuestro teléfono celular? Piensen en esto. ¡La Biblia siempre con nosotros, cerca de nosotros!

¡Les deseo buen domingo! ¡Buen almuerzo! y ¡Hasta la vista!

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

 

* SANTO DEL DIA “San Casimiro, laico volver a la lista de santos fecha: 4 de marzo

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Elogio: San Casimiro, hijo del rey de Polonia, que, siendo príncipe, destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la benignidad hacia los pobres y la devota veneración a la Eucaristía y a la Bienaventurada Virgen María, y, aún joven, consumido por la tuberculosis, descansó piadosamente en la ciudad de Grodno, cerca de Vilna, en Lituania.
Patronazgos: patrono de Polonia y Lituania, de la juventud, y como protector contra la peste, y para pedir protección contra los enemigos de la religión o de la patria.
Oración: Dios todopoderoso, sabemos que servirte es reinar; por eso te pedimos nos concedas, por intercesión de san Casimiro, vivir sometidos a tu voluntad en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
——
San Casimiro, laico
fecha: 4 de marzo
n.: 1458†: 1484país: Bielorusia
otras formas del nombre: Casimiro de Polonia
canonización: C: León X 1521
hagiografía: Catholic Encyclopedia
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Príncipe de Polonia, nacido en el palacio real de Cracovia el 3 de Octubre de 1458, muerto en la corte de Grodno el 4 de Marzo de 1484. Fue nieto de Ladislao II Jagellón, rey de Polonia, que introdujo el Cristianismo en Lituania, y el segundo hijo del rey Casimiro IV y la reina Isabel, una princesa austriaca, hija de Alberto II, emperador de Alemania y rey de Bohemia y Hungría. Toda su familia -hermanos, tíos, etc- representaba la realeza católica más influyente del momento.

La formación inicial del joven príncipes fue confiada al Padre Dlugosz, historiador polaco, canónigo de Cracovia y más tarde arzobispo de Lwów (Lviv), y a Filippo Buonaccorsi, llamado Calímaco. El Padre Dlugosz era un hombre profundamente religioso, un leal patriota, y como Calímaco, muy versado en el arte de gobernar. Casimiro fue confiado al cuidado de este erudito a la edad de nueve años, y ya entonces destacaba por su ardiente piedad. Cuando Casimiro tenía trece años se le ofreció el trono de Hungría por una facción húngara que estaba descontenta del rey Matías Corvino. Ansioso de defender la Cruz contra los turcos, aceptó el llamamiento y fue a Hungría a recibir la corona. No tuvo éxito, sin embargo, y volvió fugitivo a Polonia. El joven príncipe volvió a ser de nuevo alumno del Padre Dlugosz, con el que permaneció hasta 1475.

Más tarde fue asociado al trono por su padre, quien le inició tan bien en los asuntos públicos, que después de que su hermano mayor, Ladislao, ascendió al trono de Bohemia, Casimiro se convirtió en heredero del trono de Polonia. Cuando en 1479 el rey se fue a Lituania a pasar cinco años arreglando los asuntos de allí, Casimiro se encargó de Polonia, y desde 1481 a 1483 administró el Estado con gran prudencia y justicia. Por esta época su padre intentó concertar su matrimonio con la hija de Federico III, emperador de Alemania, pero Casimiro prefirió seguir soltero. Poco después cayó víctima de una grave afección pulmonar, que, débil como estaba por los ayunos y mortificaciones, no pudo soportar. Murió en la corte de Grodno, mientras viajaba a Lituania, el 4 de Marzo de 1484. Sus restos fueron enterrados en la capilla de la Santísima Virgen en la catedral de Vilna.

San Casimiro estaba en posesión de grandes atractivos de personalidad y carácter, y destacó particularmente por su justicia y castidad. De noche a menudo se arrodillaba durante horas ante las puertas cerradas de las iglesias, sin consideración a la hora ni a la inclemencia del tiempo. Tenía especial devoción a la Santísima Virgen, y el himno de San Bernardo de Claraval, “Omni die dic Mariae mea laudes anima” (Cada día mi alma alaba a María), le fue atribuido durante mucho tiempo. Tras su muerte fue venerado como santo, por los milagros que obró. Segismundo I, rey de Polonia pidió al Papa la canonización de Casimiro, y el Papa León X nombró al legado papal Zaccaria Ferreri, obispo de Guardalfiera, al arzobispo de Gniezno, y al obispo de Przemysl para que investigaran la vida y milagros de Casimiro. Esta investigación se terminó en la ciudad polaca de Torun en 1520, y en 1521 Casimiro fue canonizado por León X. El Papa Clemente VIII señaló el 4 de Marzo como su fiesta. San Casimiro es el patrono de Polonia y Lituania, aunque es honrado en lugares tan lejanos como Bélgica y Nápoles. En Polonia y Lituania hay iglesias y capillas que le están dedicadas, como en Rozana y junto al río Dzwina cerca de Potocka, donde se dice que contribuyó milagrosamente a una victoria del ejército polaco sobre los rusos. Al comienzo del Siglo XVII el rey Segismundo III comenzó en Vilna la erección de una capilla en honor de San Casimiro, que se terminó bajo el rey Ladislao IV. El edificio fue diseñado por Peter Danckerts, holandés, que adornó también las paredes con pinturas que ilustran la vida del santo. En esta capilla se encuentra una antigua pintura renovada en 1594, que representa al santo con un lirio en su mano. Se conservan otros dos retratos del santo, uno pintado en vida, por Ferreri, y el otro en la iglesia de Krosno, en Galitzia.

Tomado, con escasos cambios, del artículo de Ladislas Abraham “St. Casimir” (1908) en Catholic Encyclopedia, traducido para la versión castellana de Aciprensa por Francisco Vázquez. Se ha modificado el año y el papa que canonizó a Casimiro, acorde con el dato que parece más correcto de Acta Sanctorum marzo, I pág. 351.

fuente: Catholic Encyclopedia

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ingreso o última modificación relevante: 5-3-2015
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