* ANGELUS PAPA FRANCISCO ” “Sigamos la verdadera estrella que es Jesús”

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(RV).- “Al inicio de cada día podemos acoger esta invitación: ¡levántate, vístete de luz, sigue hoy, entre tantas estrellas fugaces del mundo, la estrella luminosa de Jesús!”, con estas palabras el Papa Francisco saludo y alentó a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro para rezar la oración mariana del Ángelus de este viernes 6 de enero.

Comentando el Evangelio que la liturgia presenta en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Santo Padre señaló que “hoy, Jesús resplandece como luz para todas las gentes”. También en nuestra vida, dijo el Pontífice, existen diversas estrellas, luces que brillan y orientan. Depende de nosotros elegir a cuál de ellas seguir. “Hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: a pesar de ser buenas, no son suficientes, porque duran poco y no dejan la paz que buscamos”. También existen luces enceguecedoras, dijo el Papa, como el dinero y el suceso, que prometen todo y enseguida: son seductoras, pero con su fuerza enceguecen y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa.

Hoy los Magos, precisó el Obispo de Roma, nos invitan a seguir una estrella estable y gentil, que no se apaga, porque nos es de este mundo: viene del cielo y resplandece en el corazón. “Esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor dicho, es el Señor. Él es nuestra luz: una luz que no enceguece, pero acompaña y dona una alegría única”. Por ello, al inicio de cada día podemos acoger esta invitación: ¡levántate, vístete de luz, sigue hoy, entre tantas estrellas fugaces del mundo, la estrella luminosa de Jesús! Siguiéndola, tendremos alegría, como sucedió a los Magos, que «cuando vieron la estrella se llenaron de alegría» (Mt 2,10); porque donde esta Dios hay alegría. Quien ha encontrado a Jesús ha experimentado el milagro de la luz que rompe las tiniebla y conoce esta luz que ilumina y resplandece. Quisiera, con mucho respeto, invitar a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor. Sobre todo quisiera decir a quien ha perdido la fuerza de buscar, a quien, afanado por la oscuridad de la vida, ha apagado el deseo: “Ánimo, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras”.

Texto completo de las palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, celebramos la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Jesús que resplandece como luz para todas las gentes. Símbolo de esta luz que brilla en el mundo y quiere iluminar la vida de cada uno es la estrella, que guio a los Magos a Belén. Ellos, dice el Evangelio, vieron  «su estrella en Oriente» (Mt 2,2) y decidieron seguirla: decidieron dejarse guiar por la estrella de Jesús.

También en nuestra vida existen diversas estrellas, luces que brillan y orientan. Depende de nosotros elegir a cuál de ellas seguir. Por ejemplo, hay luces intermitentes, que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: a pesar de ser buenas, no son suficientes, porque duran poco y no dejan la paz que buscamos. Luego, están las luces enceguecedoras, del dinero y del suceso, que prometen todo y enseguida: son seductoras, pero con su fuerza enceguecen y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa. Los Magos, en cambio, invitan a seguir una luz estable, una luz gentil, que no se apaga, porque no es de este mundo: viene del cielo y resplandece. ¿Dónde? En el corazón.

Esta luz verdadera es la luz del Señor, o mejor dicho, es el Señor mismo. Él es nuestra luz: una luz que no enceguece, pero acompaña y dona una alegría única. Esta luz es para todos y llama a cada uno: podemos escuchar así la hodierna invitación dirigida a nosotros por el profeta Isaías:  ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz» (60,1). Así decía Isaías, profetizando esta alegría de hoy en Jerusalén: “Levántate, revístete de luz”. Al inicio de cada día podemos acoger esta invitación: ¡levántate, vístete de luz, sigue hoy, entre tantas estrellas fugaces del mundo, la estrella luminosa de Jesús! Siguiéndola, tendremos alegría, como sucedió a los Magos, que «cuando vieron la estrella se llenaron de alegría» (Mt 2,10); porque donde esta Dios hay alegría. Quien ha encontrado a Jesús ha experimentado el milagro de la luz que rompe las tiniebla y conoce esta luz que ilumina y resplandece. Quisiera, con mucho respeto, invitar a no tener miedo de esta luz y a abrirse al Señor. Sobre todo quisiera decir a quien ha perdido la fuerza de buscar, y está cansado, a quien, afanado por la oscuridad de la vida, ha apagado el deseo: “¡Levántate, ánimo, la luz de Jesús sabe vencer las tinieblas más oscuras; levántate, ánimo!”.

Y ¿cómo encontrar esta luz divina? Sigamos el ejemplo de los Magos, que el Evangelio describe siempre en movimiento. Quien desea la luz, de hecho, sale de sí y busca: no se queda cerrado, firme a ver qué cosa sucede al su alrededor, sino pone en juego su propia vida; sale de sí. La vida cristiana es un camino continuo, hecho de esperanza, hecho de búsqueda; un camino que, como aquel de los Magos, prosigue incluso cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista. En este camino hay también engaños que se deben evitar: las habladurías superficiales y mundanas, que frenan el paso; los caprichos paralizantes del egoísmo; los agujeros del pesimismo, que envuelven a la esperanza. Estos obstáculos bloquearon a los escribas, del cual habla el Evangelio de hoy. Ellos sabían dónde estaba la luz, pero no se movieron. Cuando Herodes les pregunto: ¿Dónde nacerá el Mesías? En Belén. Sabían dónde, pero no se movieron. Su conocimiento ha sido en vano: sabían tantas cosas, pero para nada, todo en vano. No basta saber que Dios ha nacido, si no se hace con Él Navidad en el corazón. Dios ha nacido, sí, pero ¿Ha nacido en tú corazón? ¿Ha nacido en mí corazón? ¿Ha nacido en nuestro corazón? Y así lo encontraremos, como los magos, con María y José en la gruta.

Los Magos lo han hecho: encontraron al Niño, «se arrodillaron y adoraron» (v. 11). No lo vieron solamente, no dijeron solo una oración circunstancial y se fueron, no, sino lo adoraron: entraron en una comunión personal de amor con Jesús. Luego le donaron oro, incienso y mirra, es decir, sus bienes más preciosos. Aprendamos de los Magos a no dedicar a Jesús solo los restos de tiempo y algún pensamiento de vez en cuando, de lo contrario no tendremos su luz. Como los Magos, pongámonos en camino, revistámonos de luz siguiendo la estrella de Jesús, y adoremos al Señor con todo nuestro ser.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

 

*Explicación histórica y origen de la fiesta de la Epifanía

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo.
La Epifanía (del griego epi-faneia: manifestación) es la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre, que tuvo lugar con la adoración de los Magos referida por S. Mateo 2,1-12. 

 

El pasaje, con la cita del profeta Miqueas, es uno de los cinco episodios que constituyen el llamado Evangelio de la Infancia en S. Mateo (cap. 1 y 2). El Evangelio de la Infancia en Lucas 1-2 no lo menciona.
Para entender adecuadamente este relato y percibir su contenido teológico es necesario precisar de antemano el alcance de la cita de Miqueas, quiénes eran los Magos y qué era la estrella que se dice haberlos guiado hasta la cuna del Niño.
El texto de Miqueas
 
El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Mt 2,5 ss.).
El pasaje profético es ciertamente mesiánico. Miqueas consuela a su pueblo, frente a la amenaza de Asiria, con la promesa de un futuro Libertador, descendiente de David. Del simple texto no deriva que fuese necesario que el Mesías naciera materialmente en Belén; bastaba con que fuera oriundo de allí por su ascendencia davídica.
El texto de Miqueas en labios de los escribas y en lá pluma del evangelista significa que para los primeros el Mesías debía nacer en Belén de la descendencia de David, y el segundo hace constar que Jesús cumplía estos requisitos.
¿Quiénes eran los magos?
 
El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto.
En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente; un fresco del cementerio de S. Pedro y S. Marcelino en Roma representa a dos; tres muestra un sarcófago que se conserva en el Museo de Letrán; cuatro aparecen en el cementerio de Santa Domitila, y hasta ocho en un vaso del Museo Kircheriano.
En las tradiciones orales sirias y armenias llega a hablarse de doce.
Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.
Los nombres que se les dan (Melchor, Gaspar, Baltasar) son relativamente recientes. Aparecen en un manuscrito anónimo italiano del s. IX, y poco antes, en otro parisino de fines del s. VII, bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa.
En otros autores y regiones se los conoce con nombres totalmente distintos. Su condición de reyes, que carece absolutamente de fundamento histórico, parece haberse introducido por una interpretación demasiado literal del Salmo 72,10: «Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecerán dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos». Nunca en las antiguas representaciones del arte cristiano aparecen con atributos regios, sino simplemente con gorro frigio y hábitos de nobles persas.
También sobre el lugar de su origen discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia.
Refiere una carta sinodal del Conc. de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.
La estrella de los magos
 
En el relato de S. Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entonces se mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.
Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, quedaría por explicar por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle.
Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él. Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.
La celebración de la fiesta de la Epifanía del Señor
 
Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente –a excepción de la ciudad de Roma y, probablemente, de las provincias de África– la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo, fiesta posteriormente conocida como Epifanía. En efecto, ya en el siglo II se encuentran referencias acerca de una conmemoración del bautismo de Jesús, por parte de algunas sectas gnósticas. De todos modos, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo IV para recoger los primeros testimonios procedentes de ámbitos ortodoxos.
El origen de la solemnidad de Epifanía es bastante oscuro. 
Una tras otra se han sucedido las más variadas hipótesis, si bien, en cualquier caso, parece que la fiesta surgió dentro del proceso de inculturación de la fe, como cristianización de una celebración pagana del Sol naciente, de gran arraigo en la región oriental del Imperio.
Muy pronto, en Occidente, la fiesta de Epifanía revistió un triple contenido teológico, como celebración de la manifestación a los gentiles del Dios encarnado –adoración de los Reyes Magos–, manifestación de la filiación divina de Jesús –bautismo en el Jordán– y manifestación del poder divino del Señor – milagro de las bodas de Caná–. En Oriente, con la introducción de la fiesta de la Navidad, el 25 de diciembre, la solemnidad de Epifanía perdió su carácter de celebración del nacimiento de Cristo, y se centró en la conmemoración del Bautismo en el Jordán.
En la Iglesia romana, la celebración litúrgica de la Epifanía gira hoy día en torno a la universalidad del designio salvífico divino. Así, las lecturas refieren la vocación salvífica de los gentiles, ya anunciada por los profetas (IS 60: 1-6) y realizada plenamente en Cristo (Ef 3: 2-3. 5-6 y Mt 2: 1-12). Esta misma perspectiva puede advertirse en los textos eucológicos.
BIBL.: J. ENCISO VIANA, La estrella de Jesús, en Por los senderos de la Biblia, t. II, Madrid-Buenos Aires 1957, 155-160; J, RACETTE, L’Évangile de 1′Enfance selon S. Matthieu, «Sciences Ecclésiastiques» 9 (1957) 77-82; S. MUÑOZ IGLESIAS, El género literario del Evang. de la Infancia en S. Mateo, «Estudios Bíblicos» 17 (1958) 245-273, especialmente 264-268; ÍD, Venez, adorons-le, en Assemblés du Seigneur, 13,31-44; A. M. DENIS, L’adoration des Mages vue par Saint Matthieu, «Nouvelle Revue Théologique» 82 (1960) 32-39; G. D. GORDINI, A. M. RAGGI, Magi, en Bibl. Sanct. 8,494-528 (con abundante bibl.).
 
Fuente: Artículo originalmente publicado por Primeros Cristianos

*LEA EL NUEVO TESTAMENTO: EL SERMÓN DE LA MONTAÑA ES UN BUEN SITIO PARA COMENZAR

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Carta abierta de un editor católico a Donald Trump
Un católico de toda la vida, Russell Shaw, editor contribuyente de la publicación diaria de Our Sunday Visitor (OSV), ha escrito una carta abierta al presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, en la que le expone su lista de deseos para que pueda llevar a buen puerto su gestión al frente de la Casa Blanca.
A sabiendas de que nadie le pidió escribir la misiva –y que muy probablemente no va a ser leída por el presidente electo—Shaw decidió publicarla haciéndose eco de muchos católicos que no votaron por Trump (como él mismo lo admite, aunque tampoco votó por Hillary Clinton) y de quienes decidieron no tener que escoger entre dos candidatos que consideraban mediocres o, simplemente, malos candidatos.

Deje el Twitter en paz
 
La primera parte de la carta la ocupa Shaw en pedirle a Trump que “reconsidere” su actividad en el Twitter. “Dese cuenta que digo ‘reconsidere’, no que la ‘detenga’. Sé que usted ha transformado, ingeniosamente, el Twitter en una herramienta política muy efectiva, por lo que es difícil que la abandone”.
“Pero la campaña ya terminó –le recuerda Shaw a Trump—y usted se está preparando para asumir el papel de líder del mundo libre: la presidencia es una oficina que no luce muy amigable para ocupantes que estén ventilando todo, todo el tiempo que les dé la gana”.
Cumpla sus promesas a los pro-vida y arregle su relación con los medios
 
Tras esta petición, el editor contribuyente de OSV urgió a Trump a darle “alta prioridad” a las promesas de campaña que hizo a los pro-vida “quienes trabajaron mucho para elegirlo a usted”. Entre otras cosas esto o significa detener el aborto en fases en las que el niño siente dolor, dejar como ley permanente la Enmienda Hyde y detener la financiación federal a Planned Parenthood.
Más adelante, Shaw le pide a Trump que elija jueces pro-vida para la Suprema Corte “tan a menudo como tenga oportunidad” y que “arregle” su situación con los principales medios de comunicación. “Muchos estadounidenses ven a estos medios como fuentes necesarias de información”, dice Shaw. Y agrega: “seguro tendrán fallas (…) pero los principales medios juegan un papel crucial como agentes de fiscalización”.
Tienda la mano a los buenos indocumentados
 
En otra parte de su carta, Shaw le pide al presidente electo que le extienda una mano de bienvenida a tanto extranjero decente pero indocumentado que están en Estados Unidos, refugiados tras la violencia y la opresión que han sufrido en el Medio Oriente.
Y lo invita a “abrir con amplitud la puerta a aquellos que tienen voluntad y capacidad de hacer contribuciones positivas al país”, dando por efectiva la consigna de Trump de que entre los refugiados e inmigrantes de países del Medio Oriente, hay “muchas manzanas podridas”.
Recuerde que también es el presidente de los perdedores
 
“Hay muchas otras cosas que podría mencionar –explica Shaw en esta carta abierta a Trump–, pero déjeme acercarme a un delicado pero muy importante tema: su fe”. Subraya que durante su campaña, Trump nunca se presentó como alguien “profundamente religioso”, pero sí dijo que “era un creyente”.
Por lo que Shaw no espera que sea “San Donald” de súbito, pero sí que busqué con regularidad la fuerza y la luz de Dios “para enfrentar los retos de su empleo”, no dejándolo todo a la espontaneidad y a la propia intuición (que parece ser que es en lo que más cree Trump).
“Tómese el tiempo cada día para leer el Nuevo Testamento –termina diciendo Russell Shaw–; el Sermón de la Montaña es un buen sitio para comenzar. Podría encontrarlo contrario a su propio ‘evangelio’ ganador, pero, recuerde: usted es el presidente también de los perdedores. Hable de eso con Dios en sus oraciones”.
JAIME SEPTIÉN
Fuente: Aleteia

* CATEQUESIS PAPA FRANCISCO”“Para dar esperanza es necesario saber compartir el dolor”

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(RV).- “Para hablar de esperanza con quien está desesperado, se necesita compartir su desesperación; para secar una lágrima del rostro de quien sufre, es necesario unir a su llanto el nuestro. Solo así, nuestras palabras pueden ser realmente capaces de dar un poco de esperanza”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del primer miércoles de enero, el significado de la esperanza cristiana.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la virtud de los pequeños, de los pobres y de los humildes, es decir, sobre “la esperanza cristiana”, el Obispo de Roma comentando el pasaje del profeta Jeremías en el cual habla de la figura de Raquel, una mujer que nos habla de la esperanza vivida en el llanto, dijo que en estos versículos se ve el rechazo de Raquel que no quiere ser consolada por la pérdida de sus hijos. “Este rechazo expresa la profundidad de su dolor y la amargura de su llanto. Ante la tragedia de la pérdida de sus hijos, una madre no puede aceptar palabras o gestos de consolación, que son siempre inadecuados, nunca capaces de aliviar el dolor de una herida que no puede y no quiere ser cicatrizada. Un dolor proporcional al amor”.

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la catequesis de hoy quisiera contemplar con ustedes la figura de una mujer que nos habla de la esperanza vivida en el llanto. La esperanza vivida en el llanto. Se trata de Raquel, la esposa de Jacob y la madre de José y Benjamín, aquella que, como nos narra el Libro del Génesis, muere dando a la luz a su segundo hijo, es decir, a Benjamín.

El profeta Jeremías hace referencia a Raquel dirigiéndose a los Israelitas en exilio para consolarlos, con palabras llenas de emoción y de poesía; es decir, toma el llanto de Raquel pero da esperanza: «Así habla el Señor: ¡Escuchen! En Ramá se oyen lamentos, llantos de amargura: es Raquel que llora a sus hijos; ella no quiere ser consolada, porque ya no existen» (Jer 31,15).

En estos versículos, Jeremías presenta a esta mujer de su pueblo, la gran matriarca de su tribu, en una realidad de dolor y llanto, pero junto a una perspectiva de vida impensada. Raquel, que en la narración del Génesis había muerto dando a luz y había asumido esta muerte para que su hijo pudiese vivir, ahora en cambio, es presentada nuevamente por el profeta como viva en Ramá, allí donde se reunían los deportados, llora por sus hijos que en cierto sentido han muerto andando en exilio; hijos que, como ella misma dice, “ya no existen”, han desaparecido para siempre.

Y por esto Raquel no quiere ser consolada. Este rechazo expresa la profundidad de su dolor y la amargura de su llanto. Ante la tragedia de la pérdida de sus hijos, una madre no puede aceptar palabras o gestos de consolación, que son siempre inadecuados, nunca capaces de aliviar el dolor de una herida que no puede y no quiere ser cicatrizada. Un dolor proporcional al amor.

Toda madre sabe todo esto; y son muchas, también hoy, las madres que lloran, que no se resignan a la pérdida de un hijo, inconsolables ante una muerte imposible de aceptar. Raquel contiene en sí el dolor de todas las madres del mundo, de todo tiempo, y las lágrimas de todo ser humano que llora pérdidas irreparables.

Este rechazo de Raquel que no quiere ser consolada nos enseña también cuanta delicadeza se nos pide ante el dolor de los demás. Para hablar de esperanza con quien está desesperado, se necesita compartir su desesperación; para secar una lágrima del rostro de quien sufre, es necesario unir a su llanto el nuestro. Solo así, nuestras palabras pueden ser realmente capaces de dar un poco de esperanza. Y si no puedo decir palabras así, con el llanto, con el dolor, mejor el silencio. La caricia, el gesto y nada de palabras.

Y Dios, con su delicadeza y su amor, responde al llanto de Raquel con palabras verdaderas, no fingidas; de hecho, así prosigue el texto de Jeremías: «Así habla el Señor: Reprime tus sollozos, ahoga tus lágrimas, porque tu obra recibirá su recompensa – oráculo del Señor – y ellos volverán del país enemigo. Sí, hay esperanza para tu futuro – oráculo del Señor – los hijos regresarán a su patria» (Jer 31,16-17).

Justamente por el llanto de la madre, hay todavía esperanza para los hijos, que volverán a vivir. Esta mujer, que había aceptado morir, en el momento del parto, para que el hijo pudiese vivir, con su llanto es ahora el principio de una vida nueva para los hijos exiliados, prisioneros, lejos de la patria. Al dolor y al llanto amargo de Raquel, el Señor responde con una promesa que ahora puede ser para ella motivo de verdadera consolación: el pueblo podrá regresar del exilio y vivir en la fe, libre, la propia relación con Dios. Las lágrimas han generado esperanza. Y esto nos fácil de entender, pero es verdadero. Tantas veces, en nuestra vida, las lágrimas siembran esperanza, son semillas de esperanza.

Como sabemos, este texto de Jeremías es luego retomado por el evangelista Mateo y aplicado a la matanza de los inocentes (Cfr. 2,16-18). Un texto que nos pone ante la tragedia de la matanza de seres humanos indefensos, del horror del poder que desprecia y destruye la vida. Los niños Belén murieron a causa de Jesús. Y Él, Cordero inocente, luego morirá, a su vez, por todos nosotros. El Hijo de Dios ha entrado en el dolor de los hombres: no se olviden de esto. Cuando alguien se dirige a mí y me hace una pregunta difícil, por ejemplo: “Me diga padre: ¿Por qué sufren los niños?”, de verdad, yo no sé qué cosa responder. Solamente digo: “Mira el Crucifijo: Dios nos ha dado a su Hijo, Él ha sufrido, y tal vez ahí encontraras una respuesta. No hay otras respuestas. Solamente mirando el amor de Dios que da en su Hijo que ofrece su vida por nosotros, se puede indicar el camino de la consolación”. Y por esto decimos que el Hijo de Dios ha entrado en el dolor de los hombres, los ha compartido y ha recibido la muerte; su Palabra es definitivamente palabra de consolación, porque nace del llanto.

Y en la cruz estará Él, el Hijo muriente, que dona una nueva fecundidad a su madre, confiándole al discípulo Juan y convirtiéndola en madre del pueblo de los creyentes. Allí, la muerte es vencida, y llega así a cumplimiento de la profecía de Jeremías. También las lágrimas de María, como aquellas de Raquel, han generado esperanza y nueva vida. Gracias.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

 

* Noticias “El Padre Spadaro habla de la reforma misionera de Francisco”

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El Padre Spadaro habla de la reforma misionera de Francisco

El P. Antonio Spadaro es jesuita, director de la prestigiosa revista La Civiltà Cattolica, decana de las revistas italianas, y gran comunicador en las redes sociales. Autor de algunas entrevistas al Papa y persona cercana a las ideas y proyectos de Francisco.

La conmovedora visita a Auschwitz y a los prófugos en la isla griega de Lesbos; la publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia sobre el amor en la familia; el histórico encuentro con el Patriarca Cirilo I de Moscú y la visita a Lund, una de las ciudades más antiguas y principales de Suecia, poco antes de que se cumplieran 500 años de la Reforma protestante, son algunos de los momentos fuertes que protagonizó el Papa Francisco durante el año 2016. Año que, ante todo, se caracterizó por la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Nuestro colega Alessandro Gisotti entrevistó al Padre Antonio Spadaro, Director de la revista más antigua en lengua italiana, la “Civiltà Cattolica”, de la Compañía de Jesús:

Yo creo que los dos grandes signos del Pontificado de Francisco son el discernimiento y la misericordia. La misericordia implica de hecho una profunda reforma, una reforma interior de la Iglesia, la reforma misionera, el giro misionero que el Papa Francisco ha tratado de llevar a la Iglesia desde el inicio de su Pontificado. Y ha hablado de esto ampliamente en la Evangelii gaudium. En el fondo la misericordia es saber que nada, jamás nada, nos puede separar del amor del Señor que está siempre cerca de nosotros y que nos espera y nos espera siempre. Por tanto, es mostrar el rostro de Dios a una generación, la de hoy, que tal vez lo siente un poco distante, un poco cubierto por una capa de polvo. Misericordia significa que las puertas del corazón de Dios y de la Iglesia están siempre abiertas.

Lesbos, Auschwitz, las zonas afectadas por los terremotos del Centro de Italia… Frente al sufrimiento Francisco eligió el camino del silencio y de la escucha. ¿Cuál es el mensaje profundo de esta elección?

Francisco no quiere explicar el dolor. Esto es algo que a mí me parece haber comprendido muy bien en su modo de actuar. Es decir, no quiere justificar a Dios, como la antigua teodicea, por el dolor del mundo. Eventualmente quiere mostrar que Dios está siempre cerca de la humanidad que sufre. Y, por tanto, estar en silencio significa no proponer respuestas que reflejan un poco el buenismo, un poco dulces, si queremos, pero de todos modos distantes del sufrimiento. Silencio significa estar cerca y poner la mano con un gesto, diría, terapéutico. Un gesto que el Papa hizo muchas veces y sigue haciendo con la gente, con las personas, y hemos visto, en los muros: en Belén y en Auschwitz… Por tanto, el Papa acaricia las heridas porque ese es el modo de curarlas. Y, en el fondo, la cruz de Cristo es exactamente esto: hacerse cargo de aquel dolor, de aquel sufrimiento que la humanidad vive. De modo que éste no es un silencio vacío: es un silencio lleno de cercanía, de proximidad.

Amoris laetitia es el documento papal publicado en el año 2016 que ha suscitado mayor interés, pero también algunas críticas en el ámbito católico. Este pontificado vive también en sí mismo esta dimensión de tensión. ¿Cuáles son las indicaciones que Francisco ofrece para afrontar esta situación?

En diversas ocasiones el Papa Francisco ha dicho que el conflicto forma parte de la vida, por lo tanto es absolutamente importante en los procesos eclesiales. El Papa, eventualmente, se siente preocupado cuando no se mueve nada, cuando no hay tensiones, a veces cuando no hay oposiciones. Entonces, si el proceso es real, crea tensión efectiva. Amoris laetitia es un documento extraordinario porque en el fondo pone la historia no sólo del pueblo de Dios, sino de cada fiel, en el centro de la relación entre el hombre y Dios. Y por tanto pone el discernimiento como criterio fundamental, y siente, advierte, que la familia es el núcleo central para la sociedad de hoy. Toca tantos temas: el tema de la familia como núcleo central, pero también afronta las situaciones de fractura, de crisis, sabiendo que el Señor habla a cada persona teniendo en cuenta su historia de fe. De modo que también aquí, en esto caso, no se dan normas y reglas generales absolutas, abstractas y válidas en cada situación, sino que esta Exhortación Apostólica es la invitación a cada pastor de hacerse cercano al fiel, hacerse cercano a la historia de cada persona singularmente.

¿Qué es lo que más sorprende de la persona de Francisco quien hacer precisamente pocos días ha cumplido 80 años? ¿Hay algo que lo ha sorprendido de modo especial durante este 2016 que quizá no había viso en los años precedentes del Papa?

Es difícil porque son tantos los elementos de este Pontífice. Tal vez lo que me ha sorprendido más, precisamente este año, en el que cierta conflictividad, al menos en algunos círculos ha surgido, es su serenidad. El Papa está siempre sereno, no está agitado. Se da cuenta de lo que sucede junto a él, incluso de las cosas que podrían causarle menos gusto. Pero al mismo tiempo, jamás pierde la serenidad, nunca pierde la paz. Él dice que come bien, duerme bien, y yo puedo decir que también reza mucho. Entonces esta inmersión suya y radical en Dios, que le da esta gran serenidad, es la cosa que, en verdad, me sorprende más profundamente.

*LA SANTA SEDE DENUNCIA QUE BAJO LA «CORRECCIÓN POLÍTICA» SE ELIMINA LA MORAL CRISTIANA EN OCCIDENTE

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El funcionario vaticano señaló que esta intolerancia contra la religión en la vida pública es lo que el Papa Francisco llamó “la educada persecución de los cristianos”

Durante su intervención el pasado 14 de diciembre en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) el subsecretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, monseñor Antonie Camilleri, habló de uno de los grandes males que azota Occidente y que repercute muy negativamente en los cristianos: la “corrección política”.

De este modo, el prelado denunció que si en Oriente Medio y en África los cristianos se enfrentan a una persecución violenta en Occidente el riesgo es esta llamada “corrección política” que tiene como objetivo eliminar la religión del espacio público.

En su discurso lo explicaba así: “Con el pretexto de la ‘corrección política’, la fe y la moral cristianas se tachan de hostiles y ofensivas, y por tanto, como algo que hay que eliminar del discurso público”. “Este temor a que el cristianismo desempeñe su legítimo papel en el espacio público revela una visión ‘reduccionista’ de la libertad religiosa o de creencia, limitada a la mera libertad de culto”.

Cada vez más ataques a los cristianos en Occidente


Tal y como recoge Aciprensa, el representante vaticano denunció que en Europa ocurren “actos de vandalismo contra espacios religiosos y símbolos; contra cruces, imágenes y otros elementos religiosos, así como el robo y el abuso sacrílego de lo que los cristianos consideran sagrado”, hechos que muestran intolerancia y “en muchos casos actos delictivos cometidos con un motivo sectario”.

De este modo, monseñor Camilleri mostró su preocupación ante “la creciente marginación de la religión, en especial del cristianismo, que está teniendo lugar en algunas naciones que sin embargo hacen mucho énfasis en la tolerancia”.

“Hay algunos que propugnan silenciar la voz de la religión, o al menos relegarla a la mera esfera privada. Hay quien quiere evitar la celebración pública de fiestas cristianas, como la Navidad, con el pretexto de que puede molestar a los de otras religiones o a los no creyentes”. “Actuar y hablar públicamente como un cristiano en la vida profesional nunca fue tan arriesgado”, dijo.

No utilizar la tolerancia para restringir la libertad religiosa


Citando uno de los principales argumentos utilizados para atacar a la Iglesia, el prelado maltés dijo ante la OSCE que la tolerancia y la no discriminación “no deberían ser utilizadas o interpretadas de un modo que restrinja la libertad religiosa o de creencia u otras libertades fundamentales”.

Y es que por ejemplo las leyes LGTB que se están aprobando en España y que ya han servido para multar al colegio católico Juan Pablo II de Alcorcón se basan precisamente bajo el pretexto de no discriminación del que hablaba el representante del Papa.

Puso por ejemplo que si “un predicador cristiano que respetuosa y fielmente enseña los principios religiosos y morales de su Iglesia, está protegido por la libertad religiosa, incluso cuando la opinión mayoritaria se sienta incómoda con esta proclamación”. Por ello, llamó a “despertar la preocupación ante esta discriminación contra los cristianos”,que tienen el derecho a “expresar públicamente su identidad religiosa” sin sufrir presiones.

“La educada persecución a los cristianos”


El funcionario vaticano señaló que esta intolerancia contra la religión en la vida pública es lo que el Papa Francisco llamó “la educada persecución de los cristianos”.

Monseñor Camilleri recordó que la Iglesia no pretende sustituir a los políticos ni ofrece soluciones técnicas a los problemas del mundo; sin embargo, los Estados deben incluir “a las comunidades religiosas en el diálogo nacional”.

“Los Estados deberían apreciar las intervenciones de los representantes de las comunidades religiosas que dan sus puntos de vista –basados en convicciones morales que se derivan de su fe– sobre asuntos de la vida ordinaria y, en particular, en las disposiciones legislativas y administrativas de su país”, concluyó.                                                                           

Fuente: ReL 

* SANTOS DEL DÍA “Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia” 2 de enero

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Elogio: Memoria de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, apodado «Magno» por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado «Teólogo». Murió el 25 de enero del año 390. La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores.
Oración: Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia
fecha: 2 de enero
país: Turquía
canonización: pre-congregación
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Puesto que cada uno de los dos tiene su entrada independiente en el Martirologio, puede leerse aquí la de san Basilio, y aquí la de san Gregorio Nacianceno.

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