* SANTO DEL DIA “Santa Francisca Romana, viuda y fundadora “9 de marzo

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Santa Francisca Romana, famosa en todo el mundo, poseía en grado extraordinario el don de ganarse el amor y la admiración de cuantos la trataban. Nació en Roma, en 1384, caundo comenzaba el cisma de occidente que había afligir tanto a la santa y resultar catastrófico para la familia. Pese a su vocación religiosa, Francisca –por obediencia paterna- aceptó casarse con un noble italiano, con quien tuvo tres hijos. Sin embargo, su matrimonio no fue obstáculo para practicar la virtud de la caridad con los más pobres y la oración constante, para lo cual contó con el apoyo de su joven cuñada Vanozza quien también quiso abrazar la vida religiosa.

Pronto llegó la desgracia para la familia de la santa: su esposo y su cuñado fueron hechos prisioneros y la familia entera entró en la pobreza, pero eso no impidió que Francisca continuara asistiendo a pobres y enfermos. Luego de la muerte de su primer hijo, la santa decidió convertir su casa en hospital y Dios premió sus oraciones y trabajos concediéndole el don de sanar a los enfermos. La fama de los milagros y virtudes de la santa se había divulgado por toda Roma y de todas partes la llamaban para que curase a los enfermos y arreglase las disputas. Posteriormente, Francisca formó una congregación de mujeres que vivieran en el mundo sin más votos que la obligación de consagrarse interiormente a Dios y al servicio de los pobres, la que llevó el nombre de la orden de Oblatas de María; sin embargo, poco después el pueblo cambió el nombre por el de Oblatas de Tor Specchi. La santa falleció en la primavera de 1440, luego de llevar una vida de austeridades, entrega y oración.

* SANTO DEL DIA “San Juan de Dios, religioso y fundador ” 8 de marzo

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San Juan de Dios
(1495-1550)
Fiesta: 8 de Marzo (nace y muere en esta fecha)

Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.

Juan de Dios: laico consagrado, su vocación: amar a los pobres y enfermos de Dios.

Frase preferida: «Haced bien por amor de Dios, hermanos míos».

Revolucionó los hospitales para convertirlos en «lugares de acogida» para los pobres y enfermos mentales.

El loco del amor”, se dedicó a llevar “Medicina con Amor”

Ver de sus cartas: Jesucristo es fiel y lo provee todo”
San Juan de Dios funda hospitales de ayuda a los enfermos mentales en el siglo XVI

En Breve: Después de una milicia llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos. Fundó un hospital en Granada y vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron después la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Destacó, sobre todo, por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada el año 1550.

Nace cerca de Toledo, España, en 1495 (aunque muchos por error creen que nació en Portugal, ver:>>). De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era joven y su padre entro en la vida religiosa hasta su muerte.

Ejerció como pastor y fue tan apreciado por su patrón que este le propuso, sin éxito, que se casara con su hija y fuese su heredero. Juan entró en la milicia y participó en varias batallas de Carlos V. En una de las campañas le pusieron a cuidar un depósito y, como el enemigo logró saquearlo, le condenaron a la horca. Juan se encomendó a la Virgen María y le perdonaron la vida. Dejo la vida militar pero en ella aprendió a ser disciplinado y sufrido.

Se dedicó entonces a vendedor ambulante de libros y estampas religiosas. En una ocasión, llegando a la ciudad de Granada, vio un niño muy pobre y se ofreció a ayudarlo. Aquel niño era Jesús quien le dijo antes de desaparecer: “Granada será tu cruz”

En una ocasión asistió a la prédica del famoso Padre San Juan de Ávila que estaba de visita en Granada. En plena prédica, cuando hablaba contra la vida de pecado, San Juan se arrodilló y comenzó a gritar: “Misericordia Señor, que soy un pecador”. Salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

Se confesó con San Juan de Avila y se propuso como penitencia hacerse el loco para adquirir rechazos y humildad. Repartió todas sus posesiones entre los pobres. Deambulaba por las calles pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados.
La gente lo creyeron en efecto loco y lo trataban con gran desprecio. Hasta lo atacaban a pedradas y golpes. Al fin lo llevaron a un asilo para locos donde recibió fuertes palizas, tal como se acostumbrada a tratar a los locos. Sin embargo sus custodios notaban que Juan no se disgustaba por los azotes sino que lo ofrecía todo a Dios. Juan también corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal de tratar a los demás enfermos.

Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que Juan estaba recluido en un asilo para locos, fue y logró sacarlo. Le aconsejó que no hiciera más la penitencia de hacerse el loco. En vez se debería dedicar a una verdadera “locura de amor”: gastar toda su vida y sus energías ayudando a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.

Fundación
La estadía de Juan de Dios en el asilo fue providencial. Comprendió el gran error que es pretender curar las enfermedades mentales a bases de golpes y desprecio. Se propuso ayudarles. Alquila una casa vieja en Granada para recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano o desamparado. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.

Sabía poco de medicina pero tenía mas éxito curando enfermedades mentales que cualquier médico. Enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma con amor si se quiere obtener la curación de su cuerpo. Este fue el comienzo de la fundación de su hospital. Mas tarde vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios.

Pronto se hizo popular el grito nocturno de Juan por las calles de Granada. “¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!” Las gentes salían a la puerta de sus casas y le daban las sobras de la comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera.

La obra llegó a oídos del señor obispo. Admirado le añadió dos palabras a su nombre que en adelante sería “Juan de Dios”. Como Juan de Dios cambiaba sus ropas por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio un hábito negro con el que se vistió hasta la muerte.

Un día su hospital se incendió. Juan de Dios entró varias veces a través de enormes llamaradas para sacar a los enfermos sin sufrir quemaduras. Así logró salvarle la vida a todos sus pacientes.

Otro día el río creció y arrastraba troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno para sus ancianos. Mientras sacaban troncos del río, uno de sus compañeros jóvenes de pronto fue arrastrado por la corriente. Juan se lanzó al agua para salvarle la vida. El el agua fría le hizo enfermar y empezó a sufrir espantosos dolores. Trataba de que no se notara cuanto sufría.

Por la artritis tenía sus piernas retorcidas y con grandes dolores. Eventualmente se hizo imposible esconder su enfermedad. Una señora obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo fue ante el Santísimo Sacramento para despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín quien había tenido gran enemistad con otro hombre. Juan los reconcilió y ambos habían entraron con el a la vida religiosa como buenos amigos.

Al llegar a la casa de la rica señora, Juan exclamó: “OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero era tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Muchos milagros se han atribuido a su intercesión.
El Papa lo canonizó en 1690.

Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.

Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios, unos 1,500 sirven a enfermos mentales y otros enfermos en 216 casas en todos los continentes. En Italia se les conoce como «Fatebenefratelli». Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa comunidad.

Oración
Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25,40).

Controversia sobre su pais de origen: El libro de Fray José Martinez Gil, «San Juan de Dios. Fundador de la Fraternidad Hospitalaria» Ed. BAC, escrito en el Vaticano utilizando los archivos secretos, revela aspectos del santo hasta ahora desconocidos. Por ejemplo: San Juan de Dios nació en Casarrubios del Monte, cerca de Toledo, España. La errónea atribución del nacimiento del santo a Portugal fue originada por una invención de su primer biógrafo, Castro, que no quiso escribir que Juan de Dios fue hijo de judíos. Su nacimiento fue en 1495, es decir, sólo tres años después de la expulsión de los judíos de España.

 


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* SANTO DEL DIA “San Casimiro, laico volver a la lista de santos fecha: 4 de marzo

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Elogio: San Casimiro, hijo del rey de Polonia, que, siendo príncipe, destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la benignidad hacia los pobres y la devota veneración a la Eucaristía y a la Bienaventurada Virgen María, y, aún joven, consumido por la tuberculosis, descansó piadosamente en la ciudad de Grodno, cerca de Vilna, en Lituania.
Patronazgos: patrono de Polonia y Lituania, de la juventud, y como protector contra la peste, y para pedir protección contra los enemigos de la religión o de la patria.
Oración: Dios todopoderoso, sabemos que servirte es reinar; por eso te pedimos nos concedas, por intercesión de san Casimiro, vivir sometidos a tu voluntad en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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San Casimiro, laico
fecha: 4 de marzo
n.: 1458†: 1484país: Bielorusia
otras formas del nombre: Casimiro de Polonia
canonización: C: León X 1521
hagiografía: Catholic Encyclopedia
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Príncipe de Polonia, nacido en el palacio real de Cracovia el 3 de Octubre de 1458, muerto en la corte de Grodno el 4 de Marzo de 1484. Fue nieto de Ladislao II Jagellón, rey de Polonia, que introdujo el Cristianismo en Lituania, y el segundo hijo del rey Casimiro IV y la reina Isabel, una princesa austriaca, hija de Alberto II, emperador de Alemania y rey de Bohemia y Hungría. Toda su familia -hermanos, tíos, etc- representaba la realeza católica más influyente del momento.

La formación inicial del joven príncipes fue confiada al Padre Dlugosz, historiador polaco, canónigo de Cracovia y más tarde arzobispo de Lwów (Lviv), y a Filippo Buonaccorsi, llamado Calímaco. El Padre Dlugosz era un hombre profundamente religioso, un leal patriota, y como Calímaco, muy versado en el arte de gobernar. Casimiro fue confiado al cuidado de este erudito a la edad de nueve años, y ya entonces destacaba por su ardiente piedad. Cuando Casimiro tenía trece años se le ofreció el trono de Hungría por una facción húngara que estaba descontenta del rey Matías Corvino. Ansioso de defender la Cruz contra los turcos, aceptó el llamamiento y fue a Hungría a recibir la corona. No tuvo éxito, sin embargo, y volvió fugitivo a Polonia. El joven príncipe volvió a ser de nuevo alumno del Padre Dlugosz, con el que permaneció hasta 1475.

Más tarde fue asociado al trono por su padre, quien le inició tan bien en los asuntos públicos, que después de que su hermano mayor, Ladislao, ascendió al trono de Bohemia, Casimiro se convirtió en heredero del trono de Polonia. Cuando en 1479 el rey se fue a Lituania a pasar cinco años arreglando los asuntos de allí, Casimiro se encargó de Polonia, y desde 1481 a 1483 administró el Estado con gran prudencia y justicia. Por esta época su padre intentó concertar su matrimonio con la hija de Federico III, emperador de Alemania, pero Casimiro prefirió seguir soltero. Poco después cayó víctima de una grave afección pulmonar, que, débil como estaba por los ayunos y mortificaciones, no pudo soportar. Murió en la corte de Grodno, mientras viajaba a Lituania, el 4 de Marzo de 1484. Sus restos fueron enterrados en la capilla de la Santísima Virgen en la catedral de Vilna.

San Casimiro estaba en posesión de grandes atractivos de personalidad y carácter, y destacó particularmente por su justicia y castidad. De noche a menudo se arrodillaba durante horas ante las puertas cerradas de las iglesias, sin consideración a la hora ni a la inclemencia del tiempo. Tenía especial devoción a la Santísima Virgen, y el himno de San Bernardo de Claraval, “Omni die dic Mariae mea laudes anima” (Cada día mi alma alaba a María), le fue atribuido durante mucho tiempo. Tras su muerte fue venerado como santo, por los milagros que obró. Segismundo I, rey de Polonia pidió al Papa la canonización de Casimiro, y el Papa León X nombró al legado papal Zaccaria Ferreri, obispo de Guardalfiera, al arzobispo de Gniezno, y al obispo de Przemysl para que investigaran la vida y milagros de Casimiro. Esta investigación se terminó en la ciudad polaca de Torun en 1520, y en 1521 Casimiro fue canonizado por León X. El Papa Clemente VIII señaló el 4 de Marzo como su fiesta. San Casimiro es el patrono de Polonia y Lituania, aunque es honrado en lugares tan lejanos como Bélgica y Nápoles. En Polonia y Lituania hay iglesias y capillas que le están dedicadas, como en Rozana y junto al río Dzwina cerca de Potocka, donde se dice que contribuyó milagrosamente a una victoria del ejército polaco sobre los rusos. Al comienzo del Siglo XVII el rey Segismundo III comenzó en Vilna la erección de una capilla en honor de San Casimiro, que se terminó bajo el rey Ladislao IV. El edificio fue diseñado por Peter Danckerts, holandés, que adornó también las paredes con pinturas que ilustran la vida del santo. En esta capilla se encuentra una antigua pintura renovada en 1594, que representa al santo con un lirio en su mano. Se conservan otros dos retratos del santo, uno pintado en vida, por Ferreri, y el otro en la iglesia de Krosno, en Galitzia.

Tomado, con escasos cambios, del artículo de Ladislas Abraham “St. Casimir” (1908) en Catholic Encyclopedia, traducido para la versión castellana de Aciprensa por Francisco Vázquez. Se ha modificado el año y el papa que canonizó a Casimiro, acorde con el dato que parece más correcto de Acta Sanctorum marzo, I pág. 351.

fuente: Catholic Encyclopedia

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ingreso o última modificación relevante: 5-3-2015
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* SANTO DEL DIA “San Policarpo de Esmirna, obispo y mártir volver a la lista de santos fecha: 23 de febrero

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San Policarpo
obispo y mártir
(año 155)

San PolicarpoPolicarpo significa: el que produce muchos frutos de buenas obras. (poli = mucho, carpo = fruto).

San Policarpo tuvo el inmenso honor de ser discípulo del apóstol San Juan Evangelista. Los fieles le profesaban una gran admiración. Y entre sus discípulos tuvo a San Ireneo y a varios varones importantes más.

En una carta a un cristiano que había dejado la verdadera fe y se dedicaba a enseñar errores, le dice así San Ireneo: “Esto no era lo que enseñaba nuestro venerable maestro San Policarpo. Ah, yo te puedo mostrar el sitio en el que este gran santo acostumbraba sentarse a predicar. Todavía recuerdo la venerabilidad de su comportamiento, la santidad de su persona, la majestad de su rostro y las santísimas enseñanza con que nos instruía. Todavía me parece estarle oyendo contar que él había conversado con San Juan y con muchos otros que habían conocido a Jesucristo, y repetir las palabras que había oído de ellos. Y yo te puedo jurar que si San Policarpo oyera las herejías que ahora están diciendo algunos, se taparía los oídos y repetiría aquella frase que acostumbraba decir: Dios mío, ¿por qué me has hecho vivir hasta hoy para oír semejantes horrores? Y se habría alejado inmediatamente de los que afirman tales cosas”.

San Policarpo era obispo de la ciudad de Esmirna, en Turquía, y fue a Roma a dialogar con el Papa Aniceto para ver si podían ponerse de acuerdo para unificar la fecha de fiesta de Pascua entre los cristianos de Asia y los de Europa. Y andando por Roma se encontró con un hereje que negaba varias verdades de la religión católica. El otro le preguntó: ¿No me conoces? Y el santo le respondió: ¡Si te conozco. Tu eres un hijo de Satanás!

Cuando San Ignacio de Antioquía iba hacia Roma, encadenado para ser martirizado, San Policarpo salió a recibirlo y besó emocionado sus cadenas. Y por petición de San Ignacio escribió una carta a los cristianos del Asia, carta que según San Jerónimo, era sumamente apreciada por los antiguos cristianos.

Los cristianos de Esmirna escribieron una bellísima carta poco después del martirio de este gran santo, y en ella nos cuentan datos muy interesantes, por ejemplo los siguientes:

“Cuando estalló la persecución, Policarpo no se presentó voluntariamente a las autoridades para que lo mataran, porque él tenía temor de que su voluntad no fuera lo suficientemente fuerte para ser capaz de enfrentarse al martirio, y porque sus fuerzas no eran ya tan grandes pues era muy anciano. El se escondió, pero un esclavo fue y contó dónde estaba escondido y el gobierno envió un piquete de soldados a llevarlo preso. Era de noche cuando llegaron. El se levantó de la cama y exclamó: “Hágase la santa voluntad de Dios”. Luego mandó que les dieran una buena cena a los que lo iban a llevar preso y les pidió que le permitieran rezar un rato. Pasó bastantes minutos rezando y varios de los soldados, al verlo tan piadoso y tan santo, se arrepintieron de haber ido a llevarlo preso.

El populacho estaba reunido en el estadio y allá fue llevado Policarpo para ser juzgado. El gobernador le dijo: “Declare que el César es el Señor”. Policarpo respondió: “Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de Dios”. Añadió el gobernador: ¿Y qué pierde con echar un poco de incienso ante el altar del César? Renuncie a su Cristo y salvará su vida. A lo cual San Policarpo dio una respuesta admirable. Dijo así: “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y El nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a El ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo”.

El gobernador le grita: “Si no adora al César y sigue adorando a Cristo lo condenaré a las llamas”,. Y el santo responde: “Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga”.

En ese momento el populacho empezó a gritar: ¡Este es el jefe de los cristianos, el que prohibe adorar a nuestros dioses. Que lo quemen! Y también los judíos pedían que lo quemaran vivo. El gobernador les hizo caso y decretó su pena de muerte, y todos aquellos enemigos de nuestra santa religión se fueron a traer leña de los hornos y talleres para encender una hoguera y quemarlo.

Hicieron un gran montón de leña y colocaron sobre él a Policarpo. Los verdugos querían amarrarlo a un palo con cadenas pero él les dijo: “Por favor: déjenme así, que el Señor me concederá valora para soportar este tormento sin tratar de alejarme de él”. Entonces lo único que hicieron fue atarle las manos por detrás.

Policarpo, elevando los ojos hacia el cielo, oró así en alta voz: “Señor Dios, Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus mártires, y me das el gran honor de poder participar del cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Cestial por tu santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”.

“Tan pronto terminó Policarpo de rezar su oración, prendieron fuego a la leña, y entonces sucedió un milagro ante nuestros ojos y a la vista de todos los que estábamos allí presentes (sigue diciendo la carta escrita por los testigos que presenciaron su martirio): las llamas, haciendo una gran circunferencia, rodearon al cuerpo del mártir, y el cuerpo de Policarpo ya no parecía un cuerpo humano quemado sino un hermoso pan tostado, o un pedazo de oro sacado de un horno ardiente. Y todos los alrededores se llenaron de un agradabilísimo olor como de un fino incienso. Los verdugos recibieron la orden de atravesar el corazón del mártir con un lanzazo, y en ese momento vimos salir volando desde allí hacia lo alto una blanquísima paloma, y al brotar la sangre del corazón del santo, en seguida la hoguera se apagó”.

“Los judíos y paganos le pidieron al jefe de la guardia que destruyeran e hicieran desaparecer el cuerpo del mártir, y el militar lo mandó quemar, pero nosotros alcanzamos a recoger algunos de sus huesos y los veneramos como un tesoro más valioso que las más ricas joyas, y los llevamos al sitio donde nos reunimos para orar”.

El día de su martirio fue el 23 de febrero del año 155.

Esta carta, escrita en el propio tiempo en que sucedió el martirio, es una narración verdaderamente hermosa y provechosa.

Concédanos el Dios Todopoderoso poder también nosotros como San Policarpo ser fieles a Nuestro Señor Jesucristo hasta el último momento de nuestra vida

 

* SANTO DEL DÍA “Santa Escolástica, abadesa ” 10 de febrero

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Era hermana gemela de San Benito, el santo que fundó la primera comunidad religiosa de occidente. Nació el año 480, en Nursia, Italia.

Desde muy joven se dedicó también ella a la vida religiosa y fue superiora de un convento de monjas. Su hermano dirigía un gran convento para hombres en el Monte Casino, y Escolástica fundó un convento para mujeres a los pies de ese mismo monte.
Aunque eran hermanos y se amaban mucho, sin embargo San Benito no iba a visitar a Escolástica sino una vez cada año, pues él era muy mortificado en hacer visitas. El día de la visita lo pasaban los dos hablando de temas espirituales.

Pocos días antes de la muerte de la santa fue su hermano a visitarla y después de haber pasado el día entero en charlas religiosas, el santo se despidió y se dispuso a volver al monasterio. Era el primer jueves de Cuaresma del año 547.
Escolástica le pidió a San Benito que se quedara aquella noche charlando con ella acerca del cielo y de Dios. Pero el santo le respondió: ¿Cómo se te ocurre hermana semejante petición? ¿No sabes que nuestros reglamentos nos prohiben pasar la noche fuera del convento? Entonces ella juntó sus manos y se quedó con la cabeza inclinada, orando a Dios. Y en seguida se desató una tormenta tan espantosa y un aguacero tan violento, que San Benito y los dos monjes que lo acompañaban no pudieron ni siquiera intentar volver aquella noche a su convento. Y la santa le dijo emocionada: “¿Ves hermano? Te rogué a ti y no quisiste hacerme caso. Le rogué a Dios, y El sí atendió mi petición”.
Y pasaron toda aquella noche rezando y hablando de Dios y de la Vida Eterna.
Benito volvió a su convento de Monte Casino y a los tres días, al asomarse a la ventana de su celda vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Entonces por inspiración divina supo que era el alma de su hermana que viajaba hacia la eternidad feliz. Envió a unos de sus monjes a que trajeran su cadáver, y lo hizo enterrar en la tumba que se había preparado para él mismo. Pocos días después murió también el santo. Así estos dos hermanos que vivieron toda la vida tan unidos espiritualmente, quedaron juntos en la tumba, mientras sus almas cantan eternamente las alabanzas a Dios en el cielo.
El trabajo ofrecido por Dios es una gran oración (San Benito).
Oración a Santa Escolástica
 
Oh Dios, que nos mostraste hacia donde la inocencia conduce, Tú hiciste que el alma de la virgen Santa Escolástica se elevara al cielo como una paloma en vuelo. Obtenedme a través de ella por sus méritos y sus oraciones que podamos así vivir en la inocencia para lograr las alegrías eternas. Te lo pedimos a través de Nuestro Señor. Amén.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Fuente: EWTN

* SANTO DEL DIA “Santa Josefina Bakhita, virgen “8 de febrero

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Elogio: Santa Josefina Bakhita, virgen, nacida en la región de Darfur, en Sudán, que, siendo aún niña, fue raptada y vendida en diversos mercados africanos de esclavos, sufriendo dura cautividad. Al obtener la libertad, abrazó la fe cristiana e ingresó en el Instituto de Hijas de la Caridad (Canosianas), y pasó el resto de su vida en Schio, en el territorio italiano de Vicenza, entregada a Cristo y al servicio del prójimo.
Oración: Oh Dios, que de la humillante esclavitud condujiste a santa Josefina a la dignidad de hija tuya y esposa de Cristo, te rogamos nos concedas que, imitando su ejemplo, sigamos con amor firme a Cristo crucificado y, movidos a misericordia, perseveremos en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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Santa Josefina Bakhita, virgen
fecha: 8 de febrero
n.: c. 1869†: 1947país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 17 may 1992 – C: Juan Pablo II 1 oct 2000
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«Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido ésto, ahora no sería cristiana y religiosa.»

Infancia

El nombre real de Bakhita no se conoce, al igual que tampoco se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero se cree que venía del pequeño pueblo de Olgossa en Darfur, al sur del actual Sudán, y se habla de 1869 como año de su nacimiento. Allí creció junto a sus padres, sus tres hermanos y dos hermanas, una de ellas su propia gemela. Siendo todavía una pequeña niña, sufrió un acontecimiento que la marcaría para el resto de su vida. Mientras ayudaba a sus padres en el campo, Olgossa fue atacada por negreros en busca de esclavos y su hermana, que se encontraba en casa cuidando al más pequeño de la familia, fue capturada. Más tarde, en su biografía, Bakhita escribirá: “Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos”.

Mientras los imperios ya establecidos proporcionaban protección ante la esclavitud, toda la zona de Sudán constituía una fuente de recursos para capturar esclavos. El comercio de esclavos en esta época se había cambiado desde el mercado americano (la esclavitud al otro lado del atlántico había sido abolida) al mercado árabe en el norte y la esclavitud interior en los imperios africanos. Darfur pertenecía al dominio británico-egipcio de Sudán, donde el comercio de esclavos había sido prohibido en 1856. El comercio, en cualquier caso, no era controlado por el gobierno y fuera de los centros coloniales, los únicos sitios con una fuerte presencia de europeos, la trata de esclavos se mantuvo durante verias décadas más. Sólo después de la ocupación efectiva del interior de Sudán, a principios del siglo XX, la práctica de venta de esclavos fue poco a poco abolida. La esclavitud, en otras formas, ha continuado hata nuestros días. Bakhita relata sobre su propio encuentro con estos buscadores de esclavos:

«Tenía aproximadamente nueve años cuando, una mañana, caminaba por los campos, un poco lejos de casa, con una amiga. Repentinamente, vimos a dos extranjeros aparecer tras unos arbustos. Uno de ellos le dijo a mi compañera: ‘Deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta. Mientras, tu puedes continuar tu camino. Te alcanzaremos dentro de poco’. Su objetivo era alejar a mi amiga para que no pudiese dar la alarma mientras ellos me capturaban.
Yo, por supuesto, no podía sospechar nada y obedecí, tal y como hacía siempre con mi madre. Una vez que estaba en el bosque, ví a las dos personas detrás de mí. Uno de ellos me agarró fuertemente, mientras el otro sacó un cuchillo con el que me amenazaba. Gritándome, me dijo: ‘Si gritas, morirás. Síguenos’.»

Bakhita significa “afortunada”, un nombre que le dieron los mismos buscadores de esclavos que la secuestraron cuando tenía nueve años y la separaron para siempre de su familia y de su pequeño pueblo. La niña estaba tan traumatizada por la experiencia que le fue imposible recordar su verdadero nombre. Los secuestradores advirtieron rápidamente su especial carisma y eligieron para ella el nombre de Bakhita.

En esclavitud

Bakhita fue llevada hasta la ciudad de El Obeid, en la región de Kordofan, donde fue utilizada como esclava por los mismos comerciantes de esclavos árabes que la habían secuestrado. Su venta se realizó muy pronto. En total, fue objeto de este comercio cinco veces, pasando a cinco distintos amos a través de los mercados de esclavos de El Obeid y Jartum, la capital de la colonia. Intentó escapar varias veces, pero no lo consiguió. En concreto, su cuarto amo, en Jartum, fue quien le hizo sufrir las peores humillaciones y torturas. Sus peores recuerdos se remontan a la edad de 13 años, cuando fue tatuada. Le realizaron 114 incisiones en su cuerpo y durante un mes le colocaban sal para evitar las infecciones. “Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal”, escribe Bakhita en su biografía. Su quinto y último amo fue el cónsul y comerciante italiano Calixto Leganini. Leganini compró a Bakhita en el mercado de Jartum en 1882 y, por primera vez, fue tratada bien. “Esta vez fuí realmente afortunada – escribe Bakhita – porque el nuevo patrón era un hombre bueno y me gustaba. No fui maltratada ni humillada, algo que me parecía completamente irreal, pudiendo llegar incluso a sentirme en paz y tranquilidad”.

Al llegar las tropas mahdis a Jartum en 1884 y expulsar a los colonialistas británico-egipcios, Laganini se vió obligado, junto a otros muchos europeos, a abandonar Sudán. Bakhita se negaba a abandonar a su patrón y, tras muchas súplicas e insistencia, consiguió viajar, junto a su patrón y su amigo Augusto Michieli, a Italia. Al llegar a Italia, la esposa de Michieli les esparaba. Esperando la llegada de varios esclavos, la señora Michieli exigió obtener uno de ellos y se le entregó a Bakhita. Así, Bakhita siguió a su nueva “familia” a Ziango, un pequeño pueblo en la zona de Venecia. Durante los tres años que vivió con la familia Michieli, Bakhita trabajó como niñera y amiga de su hija Minnina. Pero, en 1888, la familia compró un hotel en Suakin, la costa sudanesa del Mar Rojo y la señora Michieli siguió a su marido para ayudarle en el negocio hotelero. Bakhita decidió permanecer en Italia.

La conversión a la religión

Después de haber sido aconsejadas por la orden de las Hermanas de Canossa de Venecia, Bakhita y Mimmina, la hija de los Michieli, ingresaron en el noviciado del Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia. La congregación fue fundada en 1808 por la hermana Magdalena Gabriela di Canossa, que le dió el nombre de Instituto de las Hermanas de la Caridad, pero normalmente se conocen como las Hermanas de Canossa. Allí Bakhita se dedicó a educar a niñas pobres, servir en hospitales y enseñar la catequesis en las parroquias. Aquí, en el Instituto, aprendió a conocer al Dios de los cristianos y en ese momento reconoció que Dios “había permanecido en su corazón”, desde que había sido niña y que le dió fuerzas para soportar la esclavitud, “pero no sabía quien era hasta este momento”. Fue bautizada el 9 de enero de 1890 y recibió, al mismo tiempo, su primera comunión y confirmación por el cardenal de Venecia. En este momento, tomó el nombre cristiano de Josefina Margarita Afortunada.

Se dice que Bakhita tuvo problemas para expresar su gozo. Pero el regocijo que experimentó a través de su religión fue a veces observado, como en el momento de su bautismo, en el que manifestó: “¡Aquí llego a convertirme en una de las hijas de Dios!”. En su biografía cuenta que, cada día que permaneció en el Instituto, llegó a ser más y más consciente de quien era este Dios, “que me ha traído hasta aquí de esta extraña forma”.

Cuando la señora Michieli volvió de Sudán quería llevarse consigo a su hija y a Bakhita de nuevo a África. Pero, con una impresionante fuerza y coraje, Bakhita dijo que no iría y que prefería servir a su Dios junto a las Hermanas de Canossa. Se dice que la respuesta enfureció a la señora Michieli y que insistió en que Bakhita fuese con ellos. De todos modos, la responsable del Instituto contactó al cardenal y al gobernador, quienes declararon que, desde que la esclavitud era ilegal en Italia, Bakhita era libre de tomar sus propias decisiones y llevarlas a cabo. Así, permaneció en el Instituto y pronto su vocación la llevó a convertirse en una hermana de la orden. Lo consiguió el 7 de diciembre de 1893, a la edad de 38 años.

Bakhita, la monja

Los siguientes 50 años de su vida fue monja. En 1902 fue trasladada de Venecia a Schio, en el norte de Italia, donde trabajó limpiando, cocinando y cuidando a los más pobres. En poco tiempo consiguió la reputación de ser una santa. En cualquier caso, no fue conocida por realizar milagros ni fenómenos sobrenaturales. Ella es conocida por haber sido modesta y humilde, manteniendo la fe en su interior, espiritualmente, y cumpliendo cada día las rutinas diarias. Es un gran trabajo para ella cuando le ordenan escribir su autobiografía y viajar para contar la increíble historia de su vida. Comienza sus memorias en 1910 y finalmente fueron publicadas en 1930. En 1929 se le ordenó ir a Venecia y empezar a contar sus experiencias. Después de que se publicase su biografía, Bakhita se convirtió en una gran personalidad en toda Italia y se vió obligada a viajar por todo el país para dar conferencias y recoger dinero para la orden.

En sus últimos años, la salud de Bakhita era cada vez más débil y se vió obligada a postrarse en una silla de ruedas. Pero, no obstante, continuó viajando y representando un modelo de caridad, aunque sus últimos años estuviesen marcados por el dolor y la enfermedad. En medio de su sufrimiento, volvió a recordar sus terribles experiencias como esclava de nuevo, y se sabe que decía a la enfermera que la cuidaba en sus últimso momentos: “¡Por favor, desatadme las cadenas…es demasiado!” Cuando murió el 8 de febrero de 1947 en Schio, sus últimas palabras fueron tan sólo “Madonna! Madonna!”. Su cuerpo fue expuesto para ser velado durante tres días. Miles de personas acudieron para expresarle su respeto y admiración. LLegó a ser famosa por su caridad y piedad por todo el país. La afectada multitud contó que sus articulaciones continuaban calientes a lo largo de estos tres días y las madres cogían su mano para colocarla sobre la cabeza de sus hijos para que les otorgase la salvación. Su reputación como una santa se ha consolidado. Josefina ha sido recordada y respetada como nostra Madre Moretta, en Schio. Fue canonizada por SS Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000.

Con pocas variantes, esta misma biografía se reproduce en decenas de sitios de internet. Nosotros lo hemos tomado de Afrol.news que parece ser el que primero la ha publicado, aunque tampoco allí figura la autoría.

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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_504

* SANTO DEL DIA” Santos Pablo Miki y veinticinco compañeros, mártires ” 6 de febrero

https://i1.wp.com/www.eltestigofiel.org/sys_imagenes/santoral/PabloMiki_GarciaFerrer.jpg

Elogio: Memoria de los santos Pablo Miki y compañeros, mártires en Nagasaki, ciudad de Japón. Allí, declarada una persecución contra los cristianos, fueron apresados, duramente maltratados y, finalmente, condenados a muerte ocho presbíteros o religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús y de la Orden de los Hermanos Menores, procedentes de Europa o nacidos en Japón, junto con diecisiete laicos. Todos ellos, incluso los adolescentes, por ser cristianos fueron clavados cruelmente en cruces, mas manifestaron su alegría al haber merecido morir como murió Cristo. Sus nombres son: Juan de Goto Soan, Jacobo Kisai, religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús; Pedro Bautista Blásquez, Martín de la Ascensión Aguirre, Francisco Blanco, presbíteros de la Orden de Hermanos Menores; Felipe de Jesús de Las Casas, Gonzalo García, Francisco de San Miguel de la Parilla, religiosos de la misma Orden; León Karasuma, Pedro Sukeiro, Cosme Takeya, Pablo Ibaraki, Tomás Dangi, Pablo Suzuki, catequistas; Luis Ibaraki, Antonio, Miguel Kozaki y su hijo Tomás, Buenaventura, Gabriel, Juan Kinuya, Matías, Francisco de Meako, Ioaquim Sakakibara y Francisco Adaucto, neófitos. El día de su martirio fue ayer.
Oración: Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz; concédenos, por su intercesión, mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
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Santos Pablo Miki y veinticinco compañeros, mártires
fecha: 6 de febrero
†: 1597país: Japón
canonización: B: Urbano VIII 14 sep 1627 – C: Pío IX 8 jun 1862
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Francisco Javier sembró el cristianismo en Japón, adonde llegó en 1549. Él mismo convirtió y bautizó a considerable número de paganos. Posteriormente provincias enteras recibieron la fe. Se dice que en 1587 había en Japón más de doscientos mil cristianos. En 1588, el altivo Ministro Hideyoshi, habiéndose arrogado los honores de una deidad, ordenó que todos los misioneros deberian abandonar sus dominios en un término de seis meses. Algunos obedecieron, pero muchos permanecieron ocultos. En 1596, Hideyoshi, uno de los hombres más orgullosos y llenos de vicios, se enfureció por la jactancia del capitán de un barco español que dijo que el propósito de los misioneros era facilitar la conquista de Japón a los portugueses o españoles, y al año siguiente tres jesuitas y seis franciscanos fueron crucificados en una colina cerca de Nagasaki. Los franciscanos eran san Pedro Bautista, comisario de los frailes en Japón, san Martín De Aguirre, san Francisco Blanco, san Francisco de San Miguel (un hermano lego), todos ellos españoles; además san Felipe de Jesús, nacido en la ciudad de México, que aún no estaba ordenado, y san Gonzalo García. La nacionalidad del último nombrado, también hermano lego, es tema de discusión, ya que nació en Bassein, cerca de Bombay, se cree que de padres portugueses; pero otros declaran que sus padres eran hindúes conversos que tomaron nombres portugueses. De los jesuitas, uno era san Pablo Miki, un japonés de noble alcurnia y eminente predicador; los otros dos, san Juan Goto y Santiago Kisai, habían sido admitidos a la orden como hermanos coadjutores, poco antes de su martirio. Los diecisiete mártires restantes eran también japoneses; varios de ellos eran catequistas e intérpretes, y todos eran terciarios franciscanos. Incluían a un soldado, san Cayo Francisco; a un médico, san Francisco De Miako; a un natural de Corea, san Leon Karasuma, y a tres muchachos de unos trece años que ayudaban la misa a los frailes, santos Luis Ibarki, Antonio Deynan y Tomás Kasaki, cuyo padre también fue martirizado.

Después de haberles cortado parte de la oreja izquierda, con las mejillas manchadas de sangre, veinticuatro de los mártires fueron llevados a través de varias poblaciones para aterrorizar a los demás. Al llegar al sitio de la ejecución cerca de Nagasaki, se les permitió confesarse con los dos jesuitas. Después los sujetaron a las cruces con cuerdas y cadenas en los brazos y piernas; con una argolla de hierro alrededor de sus gargantas, fueron levantados en alto, y se dejó caer el pie de cada cruz dentro de un agujero excavado en el suelo. Las cruces se pusieron en una fila, a un metro poco más o menos de distancia entre sí. Junto a cada mártir había un verdugo presto a atravesarle el costado con una lanza, de acuerdo con el método de crucifixión japonés. Tan pronto como todas las cruces estuvieron plantadas, los verdugos elevaron sus lanzas a una señal dada, y mataron a los mártires casi en el mismo instante. Sus paisanos cristianos conservaron como un tesoro su sangre y sus vestidos, a los cuales se les atribuyen muchos milagros. Estos veintiséis testigos de Cristo fueron canonizados en 1862. El heroísmo de los niños nos llena siempre de admiración, pero en este caso hay un elemento más digno de ella. Conviene recordar, que era costumbre practicada en el Japón que cuando el que hacía cabeza en la familia era acusado, el castigo recaía sobre todos los miembros de ella. Un historiador moderno de Japón, el capitán Brinkley, dice que el “castigo de este género se contaba como una de las armas más efectivas del administrador”.

Tomado, aunque con algunas variantes, del Butler-Guinea, 1964. El cuadro reproducido en primer lugar, el «Martirio de Pablo Miki, Juan Goto y Santiago Kisai», está atribuido (aunque su autoría cierta se desconoce) a Mosén Pedro García Ferer, pintor aragonés de formación valenciana, y tiene el valor de ser contemporáneo de los hechos, ya que fue pintado entre el 1600 y el 1650, actualmente se encuentra en la colección permanente del Museo de Bellas Artes de Valencia.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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