* El Papa tras la clausura del Año Santo: que María nos ayude a hacer fructíferos los dones espirituales del Jubileo

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(RV).-  Después de la celebración de la Santa Misa de Clausura del Año Jubilar y antes del rezo mariano del Ángelus, las últimas palabras del pontífice estuvieron dirigidas a la Madre de Dios y Madre nuestra, para que nos ayude a conservar en el corazón y a hacer fecundos los dones espirituales de este Año Santo de la Misericordia.

Tras elevar a Dios Padre la alabanza y agradecimiento por el don del Año Jubilar, el Obispo de Roma saludó y agradeció también a las autoridades y delegaciones oficiales presentes, entre ellos el Presidente de la República italiana, y expresó su profundo reconocimiento y gratitud al gobierno italiano y a todas las instituciones que han cooperado para la realización del mismo a partir de las Fuerzas del Orden, pasando por quienes trabajaron en la acogida, información, salud, voluntarios y, de modo particular, al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Naturalmente el Papa no olvidó agradecer a todos los que han contruibuido espiritualmente a la realización del Año Jubilar, con su corazón puesto en los ancianos y en los enfermos, quienes en muchos casos ofrecieron su sufrimiento. Por último un “gracias” especial de Francisco fue a las monjas de clausura, quienes dedican sus vidas a la oración, y que necesitan a su vez de nuestra solidaridad espiritual y material.

A continuación, las palabras del Papa Francisco antes de la Oración Mariana del Ángelus dominical: 

Queridos hermanos y hermanas,

al final de esta celebración, elevamos a Dios la alabanza y el agradecimiento por el don que el Año Santo de la Misericordia ha sido para la Iglesia y para tantas personas de buena voluntad. Saludo con deferencia al Presidente de la República Italiana y a las delegaciones oficiales presentes. Expreso profundo reconocimiento a los líderes del Gobierno italiano y de las otras instituciones, por su cooperación y compromiso dispensado. Un caluroso agradecimiento a las Fuerzas del Orden, a los operadores de los centros de acogida, información, profesionales de salud y a los voluntarios de todas las edades y procedencias. Agradezco en modo particular al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, y a quienes han cooperado en sus diversas articulaciones.

Un recuerdo agradecido va a quienes han contribuido espiritualmente a la realización del Jubileo: pienso en muchas personas ancianas y enfermas, que rezaron sin cesar, incluso ofreciendo sus sufrimientos por el Jubileo. En especial me gustaría dar las gracias a las monjas de clausura, en la vigilia del Día Pro Orantibus que se celebra mañana.

Invito a todos a tener un recuerdo especial para estas hermanas nuestras que se dedican totalmente a la oración y que necesitan solidaridad espiritual y material.

Ayer, en Avignon, Francia, fue beatificado el Padre Maria Eugenio del Niño Jesús, de la Orden de los Carmelitas Descalzos, fundador del Instituto secular “Nuestra Señora de la Vida”, hombre de Dios, atento a las necesidades espirituales y materiales del prójimo. Que su ejemplo y su intercesión sostengan nuestro camino de fe.

Deseo saludar cordialmente a todos ustedes que han venido desde diferentes países para el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Que la Virgen María nos ayude a todos a conservar en el corazón y a hacer fructíferos los dones espirituales del Jubileo de la Misericordia.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

 

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