* Solemnidad de la Anunciación del Señor y Jornada por la Vida 2016 “Cuidar la vida, sembrar esperanza”

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Recursos sobre la Anunciación del Señor:

  • De los Siete Dones del Espíritu Santo en Cristo (Autor: San Bernardo)
  • Celebración Eucarística – Solemnidad de la Anunciación del Señor (Juan Pablo II, Basílica de la Anunciación, Marzo 25 del 2000)
  • Ir a las lecturas de la misa del día
  • Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella –que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.

ZENIT – Madrid).- La Iglesia en España celebrará la Jornada por la Vida 2016 el próximo 4 de abril, en lugar del 25 de marzo, fiesta de la Anuncia

ción del Señor, ya que en esta ocasión coincide la fecha con el Viernes Santo.

Con motivo de este día, la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha difundido un mensaje en el que llama a promover y proteger la ecología humana. “En este cuidado de la casa común debe ocupar un puesto central la ecología humana, que debe ser promovida y protegida como expresión de quienes son no solo criaturas, sino más aún, ‘imagen y semejanza’ de Dios”, señalan los obispos españoles.

En el cuidado de la ecología humana –prosiguen– “se encuentra como elemento primordial el cuidado de todas las personas, desde el inicio de su existencia hasta su muerte natural”. “La encíclica Laudato si’ nos habla de l

a necesaria ecología ambiental, social, económica, cultural y de la vida cotidiana, todo ello con vistas de promocionar el bien común”, recuerdan los prelados en su escrito titulado “Cuidar la vida, sembrar esperanza”.

“La ecología integral es inseparable de la noción de bien común, un principio que desempeña un papel central y unificador en la ética soci

al”, destacan los miembros de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, al tiempo que explican que “el bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral”.

“La vida humana necesita ser protegida desde el comienzo de su existencia y promovida y acompañada hasta su final. Como señala el papa Francisco, no tiene sentido luchar por la protección de los animales, de los bosques y los océanos y no inmutarnos ante el drama del aborto”, añaden los obispos.

Asimismo, manifiestan que al igual que es importante implicarse en el cuidado de la “casa común”, es trascendental “trabajar juntos por la protección de la vida”, ya que es responsabilidad de todos “trabajar por una cultura de la vida que contribuya al desarrollo de una sociedad plenamente humana”.

“Defendamos la naturaleza y, en ella, defendamos la vida humana en todas sus fases, vicisitudes y condicionantes. No hay nada ni nadie más digno en la creación que el ser humano, pues es la única criatura en la tierra que Dios ha querido por sí misma y que conoce y ama de modo personal: nos ha creado a su imagen, somos amados incondicionalmente por Dios y estamos llamados a ser sus hijos”, insisten los firmantes del mensaje.

Por último, los prelados invitan para que en este Año de la Misericordia, se contemple “el inicio de este don de Dios en el comienzo de nuestra propia existencia”, y oran a Dios para que “nos conceda la capacidad de reconocer su misericordia en todo lo creado, de modo particular y eminente en los hermanos y hermanas que nos ha regalado”. “Que ellos sean, asimismo, objeto de nuestro cuidado, de nuestro servicio, de una misericordia personal que quiere hacer realidad el lema de este año jubilar, «

Misericordiosos como el Padre», cuidando la vida y sembrando esperanza”, concluyen.

La Jornada por la Vida –que se celebra en muchos países– es una ocasión propicia para tomar mayor conciencia del valor de la persona humana e implicarse en la defensa de los seres más vulnerables, débiles e indefensos.

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 25 de marzo de 2015

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro camino de catequesis sobre la familia, hoy tenemos una etapa un poco especial: será una pausa de oración.

El 25 de marzo en la Iglesia celebramos solemnemente la Anunciación, inicio del misterio de la Encarnación. El arcángel Gabriel visita a la humilde joven de Nazaret y le anuncia que concebirá y dará a luz al Hijo de Dios. Con este anuncio el Señor ilumina y fortalece la fe de María, como lo hará luego también con su esposo José, para que Jesús pueda nacer en una familia humana. Esto es muy hermoso: nos muestra en qué medida el misterio de la Encarnación, tal como Dios lo quiso, comprende no sólo la concepción en el seno de la madre, sino también la acogida en una familia auténtica. Hoy quisiera contemplar con vosotros la belleza de este vínculo, la belleza de esta condescendencia de Dios; y podemos hacerlo rezando juntos el Avemaría, que en la primera parte retoma precisamente las palabras del ángel, las que dirigió a la Virgen. Os invito a rezar juntos:

«Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».

Y ahora un segundo aspecto: el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación, en muchos países se celebra la Jornada por la vida. Por eso, hace veinte años, san Juan Pablo II en esta fecha firmó la encíclica Evangelium vitae. Para recordar este aniversario hoy están presentes en la plaza muchos simpatizantes del Movimiento por la vida. En la «Evangelium vitae» la familia ocupa un sitio central, en cuanto que es el seno de la vida humana. La palabra de mi venerado predecesor nos recuerda que la pareja humana ha sido bendecida por Dios desde el principio para formar una comunidad de amor y de vida, a la que se le confía la misión de la procreación. Los esposos cristianos, al celebrar el sacramento del Matrimonio, se muestran disponibles para honrar esta bendición, con la gracia de Cristo, para toda la vida. La Iglesia, por su parte, se compromete solemnemente a ocuparse de la familia que nace en ella, como don de Dios para su vida misma, en las situaciones buenas y malas: el vínculo entre Iglesia y familia es sagrado e inviolable. La Iglesia, como madre, nunca abandona a la familia, incluso cuando está desanimada, herida y de muchos modos mortificada. Ni siquiera cuando cae en el pecado, o cuando se aleja de la Iglesia; siempre hará todo lo posible por tratar de atenderla y sanarla, invitarla a la conversión y reconciliarla con el Señor.

Pues bien, si esta es la tarea, se ve claro cuánta oración necesita la Iglesia para ser capaz, en cada época, de llevar a cabo esta misión. Una oración llena de amor por la familia y por la vida. Una oración que sabe alegrarse con quien se alegra y sufrir con quien sufre.

He aquí entonces lo que, juntamente con mis colaboradores, hemos pensado proponer hoy: renovar la oración por el Sínodo de los obispos sobre la familia. Relanzamos este compromiso hasta el próximo mes de octubre, cuando tendrá lugar la Asamblea sinodal ordinaria dedicada a la familia. Quisiera que esta oración, como todo el camino sinodal, esté animada por la compasión del buen Pastor por su rebaño, especialmente por las personas y las familias que por diversos motivos están «extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 36). Así, sostenida y animada por la gracia de Dios, la Iglesia podrá estar aún más comprometida, y aún más unida, en el testimonio de la verdad del amor de Dios y de su misericordia por las familias del mundo, ninguna excluida, tanto dentro como fuera del redil.

Os pido, por favor, que no falte vuestra oración. Todos —Papa, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, fieles laicos—, todos estamos llamados a rezar por el Sínodo. Esto es lo que se necesita, no de habladurías. Invito también a rezar a quienes se sienten alejados, o que ya no están acostumbrados a hacerlo. Esta oración por el Sínodo sobre la familia es para el bien de todos. Sé que esta mañana os han entregado una estampa, y que la tenéis entre las manos. Os invito a conservarla y llevarla con vosotros, para que en los próximos meses podáis rezarla con frecuencia, con santa insistencia, como nos lo pidió Jesús. Ahora la recitamos juntos:

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los obispos
haga tomar conciencia a todos del carácter
sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Amén.

 Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en especial a los grupos provenientes de España, Uruguay, Colombia, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Les pido, por favor, que no falten las oraciones de todos por el Sínodo. Necesitamos oraciones, no chismes. Que recen también los que se sienten alejados o no están habituados a rezar. Muchas gracias.

(En italiano)

Dirijo un doloroso llamamiento para que no prevalezca la lógica del beneficio, sino la de la solidaridad y la justicia. En el centro de toda cuestión, especialmente la cuestión laboral, hay que poner siempre a la persona y su dignidad. Por eso tener trabajo es una cuestión de justicia y es una injusticia no tener trabajo. Cuando no se gana el pan, se pierde la dignidad. Este es el drama de nuestro tiempo, especialmente para los jóvenes quienes, sin trabajo, no tienen perspectivas para el futuro y pueden llegar a ser presa fácil de las organizaciones criminales. Por favor, luchemos por esto: la justicia del trabajo.

 


© Copyright – Libreria Editrice Vaticana

 

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