* SEMANA SANTA” La hora de Cristo, La hora de la Madre”

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Esta hora, la Hora de Cristo, la Hora de la Pasión, la hora del Amor más grande, la hora de la entrega total de Jesús, es también la Hora de María. Es la hora en que María estará íntimamente asociada con el sacrificio de su Hijo, porque María está parada al pie de la Cruz. No está, como a veces se le representa abatida, no está aplastada, sino que está de pie. De pie porque vive intensamente, completamente con su Hijo, el sacrificio que hace de su vida y de su sangre.

María en el sufrimiento de su corazón, ofrece la vida de su Hijo con Él. Es lo que dijo Simeón a María el día de la Presentación de Jesús en el templo: «Una espada de dolor te atravesará el alma» (Lc 2, 35). Al mismo tiempo que la lanza del soldado atravesará el Corazón de Jesús para derramar la Misericordia y el perdón, en ese mismo momento, una espada de dolor traspasa el alma de María.

Y María está íntimamente unida al sacrificio de su Hijo. Este es el primer significado de este pasaje del Evangelio, este es el primer significado de este misterio llamado la compasión de María. Hay la Pasión de Jesús y la compasión de María, es decir, la pasión «con».


 

“Con el Domingo de Ramos, hemos iniciado la Semana Santa, centro de todo el Año litúrgico, en el que acompañamos a Jesucristo en su Pasión, Muerte y Resurrección. ¿Qué significa para nosotros vivir este tiempo? ¿Qué significa seguir a Jesús en su camino hacia el Calvario, hacia la Cruz y la Resurrección?

Significa salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás, a la periferia de la existencia, a los más alejados, a los olvidados, a quienes necesitan comprensión, consuelo y ayuda.

Vivir este tiempo significa también entrar cada vez más en la lógica de Dios, de la Cruz y del Evangelio. Es seguir y acompañar a Cristo, lo cual exige “salir”: Él ha salido de Sí mismo para venir a nuestro encuentro, ha colocado su tienda entre nosotros para traer la Misericordia que salva y da esperanza. Es un tiempo de gracia que el Señor nos ofrece para abrir las puertas del corazón, de la vida, de las parroquias y movimientos, saliendo al encuentro de los demás y brindando la luz y el gozo de nuestra fe. Salir siempre con el amor y la ternura de Dios, en el respeto y la paciencia, sabiendo que nosotros ponemos las manos, los pies, el corazón, pero es Dios quien guía y hace fecundas nuestras acciones.” (Papa Francisco. Audiencia General 27 de marzo de 2013)

En la víspera del Triduo Pascual 2014, destacando que es el «corazón del año litúrgico», el Papa Francisco alentó a tener «como amiga y modelo de vida a la Virgen María, que permaneció a los pies de la Cruz de Jesús, amando, Ella también, hasta el final. Y el que ama pasa de la muerte a la vida. Es el amor el que hace la Pascua».

El sufrimiento de Jesús en la Cruz que refleja el dolor de la humanidad y representa la respuesta divina al misterio del mal que tanto cuesta entender, ha sido el tema de la catequesis del Papa Francisco durante la Audiencia General del Miércoles Santo 2014 en que la liturgia presenta la historia de la traición de Judas y Cristo pasa a tener un precio.

”Esa acción dramática -ha explicado Francisco- marca el inicio de la Pasión de Cristo, un doloroso camino que elige con libertad absoluta. Él mismo lo dice claramente : “Yo doy mi vida … Nadie me la quita : La doy por mí mismo. Tengo poder para darla y poder para volverla a tomar”. El camino de la humillación empieza así, con esa traición, como si estuviera en el mercado: éste vale 30 denarios. Y Jesús emprende el camino de la humillación… hasta el final”.

La humillación de Cristo culmina con la muerte en la Cruz, que es ”la peor de las muertes la que se reservaba a los esclavos y criminales. Jesús era considerado un profeta, pero muere como un delincuente. Mirando a Jesús en su pasión, vemos como en un espejo, los sufrimientos de la humanidad y encontramos la respuesta divina al misterio del mal, del dolor, de la muerte. Tantas veces sentimos horror ante el mal y el dolor que nos rodean y nos preguntamos : ‘¿Por qué Dios lo permite’. Nos hiere profundamente ver el sufrimiento y la muerte, sobre todo la de los inocentes”. Nos duele el corazón cuando vemos sufrir a los niños. Es el misterio del mal Y Jesús carga con todo este mal, con todo este sufrimiento. Esta semana a todos nos sentará bien mirar el crucifijo y besar las llagas de Jesús. El cargó sobre si todo el sufrimiento humano, se revistió de ese sufrimiento”.

”Nos gustaría que Dios en su omnipotencia -ha observado Francisco- acabase con la injusticia, el mal, el pecado y el sufrimiento con una triunfante victoria divina. Y Dios nos muestra en cambio un humilde victoria que humanamente parece un fracaso. Y podemos decir: Dios vence en el fracaso. El Hijo de Dios se muestra en la Cruz como un hombre derrotado: sufre, ha sido traicionado, vilipendiado y, al final. muere. Pero Jesús permite que el mal se ensañe con su persona y carga con él para vencerlo. Su pasión no es un accidente; su muerte -aquella muerte- estaba ‘escrita’. …Se trata de un misterio desconcertante…, el misterio de la gran humildad de Dios…  “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito”.

”Pensemos tanto en esta semana en el dolor de Jesús y digámonos a nosotros mismos: Es por mí; aunque yo hubiera sido la única persona en el mundo, lo habría hecho: por mí. , Besemos el Crucifijo y digamos: Por mi, gracias Jesús, por mi, …’.Cuando todo parece perdido, cuando no queda ninguno porque cuando golpearán al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán Dios intervendrá con el poder de la Resurrección. La Resurrección de Jesús no es el final feliz de un cuento de hadas, no es el final feliz de una película. Es la intervención de Dios Padre, allí donde la esperanza humana se hace añicos…Cuando todo parece perdido, en el momento del dolor en que tantas personas sienten como la necesidad de bajar de la cruz, ese es el momento más cercano a la resurrección. La noche se vuelve mas oscura justo antes de que empiece a amanecer, antes de que surja la luz, en el momento más oscuro interviene Dios y resucita”.

Jesús, que eligió pasar por esa vía ”nos llama a seguirlo en su mismo camino de humillación. Cuando en algunos momentos de la vida no encontramos ninguna vía de escape a nuestras dificultades , cuando nos sumergimos en la oscuridad más espesa , es el momento de nuestra humillación total y cuando nos damos cuenta de que somos frágiles y pecadores. Es justo entonces, en ese momento, cuando no debemos ocultar nuestro fracaso , sino abrirnos confiadamente a la esperanza en Dios , como lo hizo Jesús”.

”Esta semana -ha reiterado el Santo Padre- nos hará bien tomar el Crucifijo en la mano , besarlo tantas veces y decir: ¡Gracias Jesús, gracias Señor!”.

LA HORA DE CRISTO

En la liturgia del Viernes Santo, meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz. En los últimos instantes de vida, antes de entregar el espíritu al Padre, Jesús dijo: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,30). ¿Qué significa esta palabra, que Jesús diga: “Todo se ha cumplido”? Significa que la obra de la salvación está cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jesús, con su Sacrificio, ha transformado la más grande iniquidad en el más grande amor.

A lo largo de los siglos encontramos hombres y mujeres que con el testimonio de su existencia reflejan un rayo de este amor perfecto, pleno, incontaminado. Me gusta recordar un heroico testigo de nuestros días, Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía. Unos días antes de ser asesinado en Trebisonda, escribía: “Estoy aquí para habitar en medio de esta gente y permitir hacerlo a Jesús, prestándole mi carne… Nos hacemos capaces de salvación sólo ofreciendo la propia carne. El mal del mundo hay que llevarlo y el dolor hay que compartirlo, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como lo hizo Jesús”. (A. Polselli, Don Andrea Santoro, las herencias, Città Nuova, Roma 2008, p. 31)

Que este ejemplo de un hombre de nuestros tiempos, y tantos otros, nos sostengan en el ofrecer nuestra vida como don de amor a los hermanos, a imitación de Jesús. Y también hoy hay tantos hombres y mujeres, verdaderos mártires que ofrecen su vida con Jesús para confesar la fe, solamente por aquel motivo. Es un servicio, servicio del testimonio cristiano hasta la sangre, servicio que nos ha hecho Cristo: nos ha redimido hasta el final. ¡Y es éste el significado de aquella frase “Todo se ha cumplido”!

Qué bello será que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre como Jesús: ¡“Todo se ha cumplido”! Pero no con la perfección con la que lo dijo Jesús sino decir: “Señor, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”! Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos. Y también nos hará bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cuándo sucederá esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir: “Padre, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”! (Francisco. Audiencia General. Miércoles 1 de abril de 2015)

LA HORA DE LA MADRE

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al Sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando su Resurrección. En María, conforme a la enseñanza de la tradición, está como concentrado todo el cuerpo de la Iglesia: Ella es la “credentium collectio universa”. Por esto la Virgen María, que permanece junto al Sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección.

En esta intuición de la relación entre María y la Iglesia se inspira el ejercicio de piedad de la Hora de la Madre: mientras el Cuerpo del Hijo reposa en el Sepulcro y su Alma desciende a los infiernos (Catecismo de la Iglesia católica, 632-637) para anunciar a sus antepasados la inminente liberación de la región de las tinieblas, María Santísima, anticipando y representando a la Iglesia, espera llena de fe la victoria del Hijo sobre la muerte.

“El Sábado Santo es el día en el cual la Iglesia contempla el “reposo” de Cristo en la tumba después del victorioso combate en la Cruz. En el Sábado Santo, la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe está recogida en Ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr. Rm 4,18) en la Resurrección de Jesús.

A veces, la oscuridad de la noche parece que penetra en el alma; a veces pensamos: “ya no hay nada más que hacer”, y el corazón no encuentra más la fuerza de amar…Pero precisamente en aquella oscuridad Cristo enciende el fuego del Amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad más profunda….

Queridos hermanos y hermanas, en estos días del Triduo Santo no nos limitemos a conmemorar la Pasión del Señor sino que entremos en el misterio, hagamos nuestros sus sentimientos, sus actitudes, como nos invita a hacer el apóstol Pablo: “Tengan en ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5). Entonces la nuestra será una “buena Pascua”.” (Francisco. Audiencia General. Miércoles 1 de abril de 2015)

DIVINA MISERICORDIA

La Iglesia celebrará el próximo 3 de abril el Domingo de la Divina Misericordia, «una invitación perenne a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y pruebas» de la humanidad. La preparación de la fiesta arranca el Viernes Santo con el inicio de la Novena a la Divina Misericordia

La Devoción a la Divina Misericordia constituye un auténtico movimiento espiritual dentro de la Iglesia católica promovido por Faustina Kowalska, a quien Juan Pablo II canonizó el 30 de abril de 2000.

San Juan Pablo II escogió ese día para anunciar una sorpresa: «En todo el mundo, el II Domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

El texto completo de la Novena a la Divina Misericordia  lo puede imprimir desde la siguiente dirección:

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