*SANTO DEL DÍA “San Silvestre I, papa ” 31 de diciembre

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San Silvestre I, papa, que piadosamente rigió la Iglesia durante muchos años, período en el cual el emperador Constantino Augusto construyó basílicas venerables, y el Concilio de Nicea aclamó a Cristo como Hijo de Dios. En este día su cuerpo fue enterrado en Roma, en el cementerio de Priscila.
patronazgo: patrono de los animales e intercesor por un buen año nuevo.
refieren a este santo: San Inocencio de Tortona
oración:

Socorre, Señor, a tu pueblo que se acoge a la intercesión del papa san Silvestre primero, para que, pasando esta vida bajo tu pastoreo, pueda alcanzar en la gloria la vida que no acaba. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

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San Silvestre I, papa
fecha: 31 de diciembre
†: 335país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Al papa Silvestre I, lo mismo que a su predecesor san Milcíades, se le recuerda más por los sucesos que tuvieron lugar durante su pontificado que por su vida y sus hechos. Vivió en una época de tan grande trascendencia histórica que, inevitablemente surgieron en torno suyo diversas leyendas y anécdotas sensacionales, como las que figuran en la obra «Vita beati Silvestri», pero sin valor como datos para los registros de la historia. En cambio, el Liber Pontificalis hace constar que era el hijo de un romano llamado Rufino, elegido papa a la muerte de san Milcíades, en 314, casi un año después de que el Edicto de Milán había garantizado la libertad para la Iglesia. En consecuencia, las leyendas más significativas sobre san Silvestre se fabricaron alrededor de sus relaciones con el emperador Constantino. En ellas se representa a Constantino como a un leproso que, al convertirse al cristianismo y al recibir el bautismo de manos del papa Silvestre, quedó curado. Como muestra de gratitud hacia el vicario de Cristo en la tierra, el emperador concedió numerosos derechos y privilegios al Papa y sus sucesores y dejó bajo el dominio de la Iglesia a las provincias de Italia. La historia de los «donativos de Constantino» («Donatio Constantini»), que se compuso y se utilizó para fines políticos y eclesiásticos durante la Edad Media, se ha reconocido desde hace mucho como una falsedad, incluyendo el bautismo de Constantino por san Silvestre, ya que en realidad Constantino era todavía catecúmeno cuando se hallaba en su lecho de muerte y fue entonces, dieciocho meses después de la muerte de San Silvestre, cuando un obispo arriano lo bautizó en Nicomedia.

A los pocos meses de ocupar la silla de San Pedro, el Papa envió una delegación personal al sínodo convocado en Arles para tratar la disputa donatista. Los obispos reunidos en aquella asamblea formularon críticas por la ausencia del Pontífice que, en vez de presentarse en la reunión, permanecía en «el sitio donde los Apóstoles tienen su tribunal permanente». En junio del año 325, se reunió en la ciudad de Nicea, en Bitinia, el primer Concilio Ecuménico o general de la Iglesia, al que concurrieron unos 220 obispos, casi todos orientales. El papa Silvestre envió de Roma, como delegados, a dos sacerdotes. El Concilio presidido por un obispo de occidente, Osio de Córdoba1, condenó las herejías de Arrio y con ello dio principio a una larga y devastadora lucha dentro de la Iglesia. No hay noticias precisas de que san Silvestre haya ratificado oficialmente la firma de sus delegados en las actas del Concilio.

Es probable que haya sido a san Silvestre y no a Milcíades a quien Constantino cedió el palacio de Letrán, donde el Papa estableció su cátedra e hizo de la basílica de Letrán la iglesia catedral de Roma. Durante el pontificado de san Silvestre, el emperador (que en el 330 trasladó su capital de Roma a Bizancio) hizo construir las primeras iglesias romanas, como la de San Pedro en el Vaticano, la de la Santa Cruz en el palacio sesoriano y la de San Lorenzo extramuros. El nombre de este Papa, junto con el de San Martín, ha quedado impuesto hasta ahora a la iglesia titular de un cardenal que, por aquel entonces, fue fundada cerca de los baños de Diocleciano, por un sacerdote llamado Equicio. San Silvestre construyó también otra iglesia en el cementerio de Priscila, sobre la Vía Salaria. En aquel mismo lugar fue enterrado en el año 335. Pero en el 761, el papa Pablo I trasladó sus reliquias a la iglesia de San Silvestre in Capite, que es ahora la iglesia nacional de los ingleses católicos en Roma. Desde el siglo XIII, se generalizó la celebración de la fiesta de este santo Pontífice en el Occidente el 31 de diciembre, y también se observa en el Oriente (el 2 de enero), la conmemoración de aquel primer Pontífice de Roma, después de que la Iglesia salió de las catacumbas.

En cuanto a la «Donatio Constantini», parece ser que, con fecha anterior a ese documento, circuló una historia de san Silvestre, inventada para edificación de los lectores piadosos de la segunda mitad del siglo quinto, donde figura, por ejemplo, el relato de una discusión teológica entre san Silvestre y doce doctores judíos. Hay indicios de que el Liber Pontificalis se documentó en el mencionado libro al hablar del Constitutum Silvestri. Pero también había otra versión de esta leyenda que incluía incidentes tales como la lucha contra un dragón y que modificaba radicalmente otros detalles. En el siglo IX, encontramos textos en los que estos elementos están fundidos con otros nuevos. Por otra parte, desde el siglo sexto comenzaron a aparecer las versiones griegas sobre ese mismo tema. Uno de estos textos griegos se ha conservado en cuarenta copias que ahora existen. También hubo traducciones de las actas de san Silvestre al sirio y al armenio, así como una homilía en verso, atribuida a Santiago de Sarug. En algunas de estas versiones orientales se presenta a san Silvestre como compañero de viaje de santa Elena, la madre de Constantino, por Palestina, y se afirma, además, que el Papa tomó parte en el descubrimiento de la verdadera Cruz. San Silvestre ocupó un lugar importantísimo en el movimiento intelectual medieval.

J. P. Kirsch hizo un profundo estudio sobre el espurio documento de la «Donatio Constantini» en la Catholic Encyclopedia (vol. v, pp. 118-121, hay traducción al español, pero atención que en numerosos casos la traducción es de pésima calidad, no he contrastado éste). W. Lewinson tiene también un estudio sobre los diversos elementos que contribuyeron a la fabricación de la fábula: «Konstantinische Schenkung und Silvester Legende», en Miscellanea Francesco Ehrle (vol. II, 1924, pp. 159-247). Ver Liber Pontificalis, edición Duchesne, vol. I, pp. CXXXV y 170-201. El período histórico de san Silvestre se encuentra, como no podía ser menos, ampliamente tratado en cualquier historia de la Iglesia, por ejemplo, H. Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, tomo I, pág. 569ss., Herder, 1966. Imagen: San Silvestre es recibido por Constantino, fresco de 1246, en la Capilla de San Silvestre en la iglesia de los Cuatro Coronados, Roma.

1 Osio de Córdoba, Ossio u Hosio es santo para la Iglesia oriental, tanto ortodoxa como católica, aunque no está incluido en el Martirologio Romano. San Isidoro de Sevilla se hizo eco de cierta tradición que señalaba que a lo último de su vida, a los 101 años, y bajo tortura, habría apostatado de la fe católica aceptando un credo semiarriano; esta tradición ha sido refutada de muchas maneras, pero no lo suficiente como para aceptarlo como confesor o como mártir en la Iglesia occidental. En todo caso es uno de los grandes Padres de la Iglesia latina. Ver Quasten: Patrología III, BAC, pág 71-73 y una defensa de su ortodoxia en «Hosius vere Hosius», por el Pbro. Miguel José Maceda, Bononia, 1790. Nota de ETF

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=4662

* AUDIENCIA GENERAL “El Papa anima a abrazar al Niño Jesús y a aprender de Él”

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(RV).- En su última catequesis de 2015, el Papa Francisco invitó a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro a besar la estatua del Niño Jesús del pesebre y a aprender de la infancia de Jesús, con el ejemplo de santa Teresita de Lisieux y otros santos.

“Como se ve, sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él si miramos la vida de los niños. Es una bella costumbre, que los padres, los abuelos tienen que es aquella de mirar a los niños, qué hacen”.

“Es una enseñanza para nosotros. Delante a Jesús estamos llamados a abandonar nuestro reclamo de autonomía, y este es el centro del problema, el reclamo de autonomía para acoger en cambio la verdadera forma de libertad, que consiste en el conocer a quien tenemos delante y servirlo. Él es el Hijo de Dios que viene a salvarnos. Ha venido entre nosotros para mostrarnos el rostro del Padre rico de amor y de misericordia”.

“Abracemos, entonces, entre nuestros brazos al Niño Jesús, pongámonos a su servicio: Él es fuente de amor y de serenidad. Y será una bella cosa hoy cuando volvemos a casa ir cerca del pesebre y besar al Niño Jesús y decirle: “Jesús, yo quiero ser humilde como Tú, humilde como Dios” y pedirle esta gracia”.

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco:

Hermanos y hermanas ¡buenos días!

Un día un poco frío ¿eh?

En estos días navideños se nos coloca frente a nosotros el Niño Jesús. Estoy seguro que en nuestras casas todavía tantas familias han hecho el pesebre, llevando hacia adelante esta bella tradición que se remonta a San Francisco de Asís y que mantiene vivo en nuestros corazones el misterio de Dios que se hace hombre.

La devoción al Niño Jesús está muy difundida. Tantos santos y santas la han cultivada en su oración cotidiana, y han deseado modelar su vida a aquella del Niño Jesús. Pienso en particular a Teresa de Lisieux que como monja carmelita ha llevado el nombre de Teresa del Niño Jesús y del Rostro Santo. Ella -quien es también Doctora de la Iglesia- ha sabido vivir y testimoniar aquella “infancia espiritual” que se asimila propio meditando, en la escuela de la Virgen María, la humildad de Dios que por nosotros se ha hecho pequeño.

Y esto es un misterio grande, Dios es humilde, nosotros que somos orgullosos, llenos de vanidad y que nos creemos grandes cosas, somos nada, Él es grande, es humilde y se hace Niño, esto es un gran misterio, Dios es humilde ¡es hermoso!

Hubo un momento en que, en la Persona divino-humana de Cristo, Dios ha sido un niño, y esto tiene que tener un significado peculiar para nuestra fe. Es verdad que su muerte en la cruz y su resurrección son la máxima expresión de su amor redentor, pero no olvidemos que toda su vida terrena es revelación y enseñanza. En el período navideño recordamos su infancia. Para crecer en la fe tendremos necesidad de contemplar más a menudo al Niño Jesús. Cierto, no conocemos nada de este período. Las raras indicaciones que poseemos hacen referencia a la imposición del nombre después de ocho días de su nacimiento y a la presentación en el Templo (cfr Lc 2,21-28); por otra parte la visita de los Magos con la consecuente fuga en Egipto (cfr Mt 2,1-23). Después, hay un gran salto hasta los doce años, cuando con María y José, va en peregrinación a Jerusalén para la Pascua, y en lugar de volver con sus padres se detiene en el Templo a hablar con los doctores de la ley.

Como se ve, sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él si miramos la vida de los niños. Es una bella costumbre, que los padres, los abuelos tienen, que es aquella de mirar a los niños, ver qué hacen.

Descubrimos, sobre todo, que los niños quieren nuestra atención. Ellos deben estar al centro ¿por qué? ¿Porque son orgullosos? No, porque tienen necesidad de sentirse protegidos. Es necesario también para nosotros poner al centro de nuestra vida a Jesús y saber, incluso si puede parecer paradójico, que tenemos la responsabilidad de protegerlo. Quiere estar entre nuestros brazos, desea ser cuidado y poder fijar su mirada en la nuestra. Por otra parte, hacer sonreír al Niño Jesús para demostrarle nuestro amor y nuestra alegría porque Él está en medio de nosotros. Su sonrisa es signo del amor que nos da certeza de ser amados. Los niños, finalmente, aman jugar. Pero hacer jugar a un niño, significa abandonar nuestra lógica para entrar en la suya. Si queremos que se divierta es necesario entender qué le gusta a él. Y no ser egoístas y hacerles hacer las cosas que nos gustan a nosotros.

Es una enseñanza para nosotros. Delante a Jesús estamos llamados a abandonar nuestro reclamo de autonomía, y este es el centro del problema, el reclamo de autonomía para acoger en cambio la verdadera forma de libertad, que consiste en el conocer a quien tenemos delante y servirlo. Él es el Hijo de Dios que viene a salvarnos. Ha venido entre nosotros para mostrarnos el rostro del Padre rico de amor y de misericordia.

Abracemos, entonces, entre nuestros brazos al Niño Jesús, pongámonos a su servicio: Él es fuente de amor y de serenidad. Y será una bella cosa hoy cuando volvemos a casa ir cerca del pesebre y besar al Niño Jesús y decirle: “Jesús, yo quiero ser humilde como Tú, humilde como Dios” y pedirle esta gracia.

(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Texto y audio del saludo del Papa Francisco en español:

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días de Navidad, contemplamos al Niño Jesús, reviviendo en nuestros corazones el misterio de la Encarnación con gestos sencillos y tradicionales, como poner el belén en nuestras casas. Esta devoción al Niño Jesús nos permite meditar, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, la humildad de Dios, que se hace pequeño por nosotros. A pesar de que sabemos poco de la infancia de Jesús, podemos aprender mucho de Él mirando a los niños. También Jesús quiere que lo estrechemos en nuestros brazos, que le demostremos nuestro amor, nuestro interés. Que abandonemos nuestra pretensión de autonomía y acojamos la verdadera forma de la libertad, que consiste en reconocer y servir a quien tenemos delante. Él ha venido a revelarnos el rostro del Padre, rico en misericordia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Acojamos al Señor en nuestros corazones, demostrémosle nuestro amor y el gozo de saber que Él siempre está en medio de nosotros. Muchas gracias.

 

* SANTO DEL DÍA “Santo Tomas Becket, obispo y mártir”29 de diciembre

Nació en Londres en 1170. Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) quien se dio cuenta que Tomás tenía cualidades excepcionales para el trabajo, así que le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia. Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y éste en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores.

Tras la muerte del Arzobispo Teobaldo en 1161, el rey Enrique II de inmediato pensó en Santo Tomás como el mejor candidato para ocupar dicho cargo, pero nuestro santo se negó muy cortésmente alegando que él no era digno para tan honorable puesto. Sin embargo, un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice Alejandro III lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó. Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo: “Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo”. Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sucedió. Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a calumniar al arzobispo en presencia del rey. Dicen que en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: “No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?”.

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. No opuso resistencia. Murió diciendo: “Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica”. Tenía apenas 52 años.

El Papa Alejandro III lanzó excomunión contar el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido hizo penitencia durante dos años, para obtener la reconciliación en 1172.

Fuente: https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=389

* ÁNGELUS EN LA FIESTA DE SAGRADA FAMILIA 2015 “La Sagrada Familia proteja a todas las familias del mundo y abran la puerta a Dios, ruego del Papa”

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El Evangelio de hoy invita a las familias a percibir la luz de esperanza que mana de la casa de Nazaret

(RV).- En pleno clima de la alegría navideña, introduciendo el rezo a la Madre de Dios – del primer domingo después de la Navidad en el que la Iglesia invita a contemplar a la Sagrada Familia – el Papa Francisco deseó que «Jesús, María y José bendigan y protejan a todas las familias del mundo, para que en ellas reinen la serenidad y la alegría, la justicia y la paz, que Cristo naciendo ha traído como don para la humanidad».

Alentando a la esperanza, «en este tiempo nuestro, en el que la familia está sometida a incomprensiones y dificultades de diversos tipos que la debilitan», el Obispo de Roma quiso saludar y animar a las familias de todo el mundo, tras recordar el Encuentro mundial que clausuró en Filadelfia y a las numerosas familias que ha encontrado en sus viajes apostólicos.

Con la auténtica escuela de Evangelio que representa para todo creyente el núcleo familiar de Jesús, María y José – en el que aprendemos que todo núcleo familiar está llamado a ser Iglesia doméstica – el Santo Padre hizo hincapié en «los rasgos típicos de la Sagrada Familia». Es decir, «recogimiento y oración, mutua comprensión y respeto, espíritu de sacrificio, trabajo y solidaridad».

«La Virgen y San José enseñan a acoger a los hijos como don de Dios, a generarlos y educarlos cooperando de forma maravillosa con la obra del Creador y donando al mundo, en cada niño, una sonrisa nueva», señaló el Papa, que quiso detenerse sobre todo en la alegría verdadera que se vive en familia, «que hace saborear la belleza de estar juntos, de sostenernos mutuamente en el camino de la vida».

Y reiterando que «como cimiento de todo está la presencia de Dios, su amor acogedor, misericordioso y paciente hacia todos» y que si no se abre la puerta de la familia a la presencia de Dios y a su amor, la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos y se apaga la alegría», el Sucesor de Pedro señaló que «la familia que vive la alegría de la fe, la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para toda la sociedad».

(CdM – RV)

Texto y audio completo de las palabras del Papa:

«En el clima de alegría, que es propio de la Navidad, celebramos en este domingo la fiesta de la Sagrada Familia. Recuerdo el gran encuentro de Filadelfia, en septiembre pasado; las tantas familias que he encontrado en los viajes apostólicos, y las de todo el mundo. Quisiera saludarlas a todas con afecto y reconocimiento, en especial en este tiempo nuestro, en el que la familia está sometida a incomprensiones y dificultades de diversos tipos que la debilitan.

El Evangelio de hoy invita a las familias a percibir la luz de esperanza que mana de la casa de Nazaret, en la cual se ha desarrollado en la alegría la infancia de Jesús, el cual – dice San Lucas –  «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres» (2,52). El núcleo familiar de Jesús, María y José es para todo creyente, y en especial para las familias, una auténtica escuela del Evangelio. Aquí admiramos el cumplimiento del plan divino de hacer de la familia una especial comunidad de vida y de amor. Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser ‘Iglesia doméstica’, para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y volverse fermento de bien en la sociedad. Los rasgos típicos de la Sagrada Familia son: recogimiento y oración, mutua comprensión y respeto, espíritu de sacrificio, trabajo y solidaridad.

Del ejemplo y del testimonio de la Sagrada Familia, cada familia puede aprender indicaciones preciosas para el estilo y las opciones de vida, y puede tomar fortaleza y sabiduría para el camino de cada día. La Virgen y San José enseñan a acoger a los hijos como don de Dios, a generarlos y educarlos cooperando de forma maravillosa con la obra del Creador y donando al mundo, en cada niño, una sonrisa nueva. Es en la familia unida que los hijos alcanzan la madurez de su existencia, viviendo la experiencia significativa y eficaz del amor gratuito, de la ternura, del respeto recíproco, de la comprensión mutua, del perdón y de la alegría.

Quisiera detenerme sobre todo en la alegría. La verdadera alegría que se experimenta en la familia no es algo casual y fortuito. Es una alegría que es fruto de la armonía profunda entre las personas, que hace saborear la belleza de estar juntos, de sostenernos mutuamente en el camino de la vida. Pero como cimiento de todo está la presencia de Dios, su amor acogedor, misericordioso y paciente hacia todos. Si no se abre la puerta de la familia a la presencia de Dios y a su amor, la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos y se apaga la alegría. Sin embargo, la familia que vive la alegría de la fe, la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para toda la sociedad.

Que Jesús, María y José bendigan y protejan a todas las familias del mundo, para que en ellas reinen la serenidad y la alegría, la justicia y la paz, que Cristo naciendo ha traído como don para la humanidad».

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

 

* FIESTA DE LOS SANTOS INOCENTES 28 de diciembre

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Murieron por Cristo los niños inocentes, su gloria será eterna.
Las madres padecieron por un tiempo, ahora comparten el triunfo.

Ver también: Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo  -De los sermones de san Quodvultdeus, obispo

Los Santos Inocentes: De acuerdo a un relato del Evangelio de san Mateo (2, 13-13), el Rey Herodes mandó matar a los niños de Belén menores de dos años al verse burlado por los magos de Oriente que habían venido para saludar a un recién nacido de estirpe regia.
A partir del siglo IV, se estableció una fiesta para venerar a estos niños, muertos como “mártires” en sustitución de Jesús. La devoción hizo el resto. En la iconografía se les presenta como niños pequeños y de pecho, con coronas y palmas (alusión a su martirio). La tradición oriental los recuerda el 29 de diciembre; la latina, el 28 de diciembre. La tradición concibe su muerte como “bautismo de sangre” (Rm 6, 3) y preámbulo al “éxodo cristiano”, semejante a la masacre de otros niños hebreos que hubo en Egipto antes de su salida de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios (Ex 3,10; Mt 2,13-14).

En nuestro tiempo continúa la masacre de inocentes. Millones son masacrados por el aborto, millones más mueren abandonados al hambre… ¿Qué haces?. 

Una voz se escucha en Ramá: gemidos y llanto amrgo: Raquel está llorando a sus hijos, y no se consuela, porque ya no existen” -Jr 31,15.

Te rogamos, Señor…

  • Te pedimos padre por todas las personas aquí presentes que de una u otra forma colaboran en esta lucha por la defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Dales la gracia, el valor y la fortaleza necesaria para vivir y trabajar diariamente según tu Santa Voluntad.
  •   Oremos por el Papa, defensor incansable de la vida y la dignidad de la persona humana. Oremos por los obispos, los sacerdotes y diáconos y por todos aquellos que tienen una responsabilidad en la comunidad cristiana.
  •   Te rogamos Señor que ayudes y protejas a todas aquellas familias que sufren conflictos graves que ponen en peligro su estabilidad y el bienestar de sus miembros, en especial de los más pequeñitos. Que Tu sabiduría los ilumine para que puedan encontrar en el AMOR la solución a sus problemas y logren obtener la paz y la tranquilidad necesarias para vivir según tu voluntad.
  •   Te pedimos Señor porque el actual desarrollo científico-biológico no atente contra la dignidad de la persona humana, sino que por el contrario lleve a la humanidad a tu encuentro, para que asombrados por la maravilla de la creación, sepamos amarla y respetarla.
  •   Te pedimos Padre, por todos los bebés que ahora corren peligro de ser abortados. Para que sus madres, iluminadas por la luz de tu Santo Espíritu, reconozcan en ellos la maravilla de Tu creación y cobijadas bajo el manto amoroso y maternal de María, encuentren el mejor camino para salir adelante de sus dificultades.
  •   Muy especialmente, te pedimos hoy Señor por todas aquellas personas que se dedican a practicar y promover el aborto. Que a través de Ti, logren conocer la verdad y comprendan que en cada pequeño ser que eliminan, está presente la maravilla de Tu creación y de Tu presencia. Ilumínalos para que comprendan el valor infinito de cada vida humana y, conscientes de su grandeza, aprendan a amarla y respetarla.
  •   Inspíranos Padre, para que recordemos que sin Ti nada podemos y que todo nuestro esfuerzo, vaya siempre encaminado a ser testimonio vivo del gran Amor de Dios hacia los hombres. Danos la fuerza y el valor que necesitaremos para continuar siempre fieles a tu palabra.
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Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

*FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA 27 de diciembre 2015

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En medio de una fuerte crisis en torno a la integridad de la familia, Dios Amor nos brinda nuevamente el modelo pleno de amor familiar al presentarnos a Jesús, María y José.

La Sagrada Familia nos habla de todo aquello que cada familia anhela auténtica y profundamente, puesto que desde la intensa comunión hay una total entrega amorosa por parte de cada miembro de la familia santa elevando cada acto generoso hacia Dios, como el aroma del incienso, para darle gloria.

Por ello, a la luz de la Sagrada Escritura, veamos algunos rasgos importantes de San José, Santa María y el Niño Jesús.

San José

Es el jefe de la familia y actúa siempre como Dios le manda, muchas veces sin comprender el por qué de lo que Dios le pide, pero teniendo fe y confianza en Él.

“Al despertarse, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”. (Mt 1, 24-25) Cuando se entera que María estaba embarazada piensa en abandonarla porque la quería mucho y no deseaba denunciarla públicamente (como era la costumbre de la época), pero el Ángel de Dios se le apareció en sueños y le dijo que lo que había sido engendrado en el vientre de María era obra del Espíritu Santo y que no temiera en recibirla.

“Ella dió a luz un hijo,y él le puso el nombre de Jesús” (Mt 1, 25) Cuando nace el niño, él le pone el nombre de Jesús, como el Ángel le había dicho.

Luego, cuando Herodes tenía intenciones de matar al Niño Jesús y ante otro aviso del Ángel del Señor, José toma a su familia y marcha hacia Egipto.

Por último, con la muerte de Herodes y ante un nuevo aviso del Ángel de Dios, lleva a su familia a instalarse en Nazaret.

San José, Casto Esposo de Santa María, acoge a Jesús en su corazón paternal, educándolo, cuidándolo, amándolo como si fuere hijo suyo. El Niño Jesús aprende de su “santo padre adoptivo” muchas cosas, entre estas, el oficio de carpintero.

La Santísima Virgen María

Desde el momento de la Anunciación, María es el modelo de entrega a Dios.

“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38) En la Anunciación, María responde con un Sí rotundo desde una libertad poseída, poniéndose en las manos de Dios.

En Santa María vemos una continua vivencia de la dinámica de la alegría-dolor: criando, educando, siguiendo de cerca a su Hijo Jesús mostrándole en todo momento un auténtico amor maternal.

“Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lc 2, 52) Ella fue vislumbrando lentamente el misterio trascendente de la vida de Jesús, manteniéndose fielmente unida a Él.

El niño Jesús

Desde chico, Jesús demuestra que es el Hijo de Dios y que cumple fielmente lo que su Padre le manda.

“Vivía sujeto a ellos” (Lc 2, 51) Como niño, Él obedecía a su madre y a su padre adoptivo, y permanecía siempre junto a ellos. María y José fueron sus primeros educadores.

“El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la Gracia de Dios estaba con Él” (Lc 2, 40) Jesús aprende el oficio de carpintero de su padre adoptivo José.

“¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc 2, 49) Cuando Jesús se queda en el Templo, a los doce años, se puede pensar que desobedece a sus padres y que eso está mal. No es así, Jesús demuestra en este hecho su plena independencia con respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio el Plan de su Padre y la Misión que Él le ha encomendado.

Oración por la Familia

Dios, de quien proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra: Padre, que eres amor y vida, haz que cada familia humana que habita en nuestro suelo, sea, por medio de tu Hijo Jesucristo,”nacido de mujer” y mediante el Espíritu Santo, fuente de Caridad Divina, un verdadero santuario de vida y amor para las nuevas generaciones.

Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los cónyuges, para bien propio y de todas las familias del mundo.

Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte sostén humano, para que crezcan en la verdad y el amor.

Haz que el amor, reforzado por la gracia del Sacramento del Matrimonio, se manifieste más fuerte que cualquier debilidad o crisis que puedan padecer nuestras familias.

Te pedimos por intermedio de la Familia de Nazaret, que la Iglesia pueda cumplir una misión fecunda en nuestra familia, en medio de todas las naciones de la tierra.

Por Cristo, nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida, por los siglos de los siglos. Amén.

S.S. Juan Pablo II

La Sagrada familia, modelo de fe y de fidelidad

Queridos hermanos y hermanas:

En este primer domingo después de la Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia.

Como en el belén, la mirada de fe nos permite abrazar al mismo tiempo al Niño divino y a las personas que están con él: su Madre santísima, y José, su padre putativo. ¡Qué luz irradia este icono de grupo de la santa Navidad! Luz de misericordia y salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre para la familia humana y para cada familia. ¡Cuán hermoso es para los esposos reflejarse en la Virgen María y en su esposo José! ¡Cómo consuela a los padres especialmente si tienen un hijo pequeño! ¡Cómo ilumina a los novios que piensan en sus proyectos de vida!

El hecho de reunirnos ante la cueva de Belén para contemplar en ella a la Sagrada Familia, nos permite gustar de modo especial el don de la intimidad familiar y nos impulsa a brindar calor humano y solidaridad concreta en las situaciones por desgracia numerosas en las que por varios motivos falta la paz, falta la armonía, en una palabra, falta la “familia”.

El mensaje que viene de la Sagrada Familia es ante todo un mensaje de fe: la casa de Nazaret es una casa en la que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. Para María y José esta opción de fe se concreta en el servicio al Hijo de Dios que se le confió, pero se expresa también en su amor recíproco, rico en ternura espiritual y fidelidad.

María y José enseñan con su vida que el matrimonio es una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia. La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia.

Es necesario alimentar esa atmósfera de fe. En esta perspectiva se va preparando el segundo Encuentro mundial con las familias, que tendrá lugar en Río de Janeiro los días 4 y 5 de octubre de 1997. Se tratará de una gran fiesta de las familias de América Latina y de todo el mundo que renovará el mensaje del primer Encuentro, celebrado aquí, en Roma, con ocasión del Año internacional de la familia.

Encomiendo a María, “Reina de la familia”, a todas las familias del mundo especialmente a las que atraviesan grandes dificultades, e invoco sobre ellas su protección materna.

La Sagrada familia, modelo de fe y de fidelidad Meditación dominical de S.S. Juan Pablo II diciembre de 1997

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Lecturas de la Misa

La Iglesia Católica Romana, de acuerdo con el Calendario General Romano, celebra en Domingo, 2015-12-27 lo siguiente:

  • SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA, Fiesta 2015:

    PRIMERA LECTURA DE LA MISA

    Os anunciamos lo que hemos visto y oído

    Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan 1, 1-4

    Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

    SALMO RESPONSORIAL

    Salmo responsorial Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12 (R.: 12a)

    R. Alegraos, justos, con el Señor.
    El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo
    rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R.
    Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra;los cielos
    pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
    Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos,
    justos, con el Señor, celebrad su santo nombre. R.

    Aclamación del Evangelio

    Aleluya

    A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el glorioso
    coro de los apóstoles.

    EVANGELIO DE LA MISA

    El otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro

    Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 2-8

    El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: -«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían! juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro;se adelantó y llegó primero al sepulcro;y, asomándose, vio las vendas en el suelo;pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro;vio y creyó.

  • LA SAGRADA FAMILIA 2015:

    Tiempo de Navidad.

    PRIMERA LECTURA DE LA MISA

    El que teme al Señor honra a sus padres

    Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

    Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre
    sobre su prole.
    El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula
    tesoros;
    el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado;
    el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo
    escucha.
    Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas;
    aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas.
    La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

    SALMO RESPONSORIAL

    Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1)

    R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
    Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo,
    serás dichoso, te irá bien. R.
    Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;tus hijos, como renuevos de
    olivo, alrededor de tu mesa. R.
    Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde
    Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R.

    SEGUNDA LECTURA DE LA MISA

    La vida de familia vivida en el Señor

    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

    Hermanos:
    Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable,
    bondad, humildad, dulzura, comprensión.
    Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
    El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
    Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
    Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón;a ella habéis sido
    convocados, en un solo cuerpo.
    Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza;
    enseñaos unos a otros con toda sabiduría;corregíos mutuamente.
    Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
    Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús,
    dando gracias a Dios Padre por medio de él.
    Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene
    en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos,
    obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.
    Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

    Aclamación del Evangelio

    Aleluya Col 3, 15a. 16a

    Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón;la palabra de Cristo habite
    entre vosotros en toda su riqueza.

    EVANGELIO DE LA MISA

    Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

    Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-52

    Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
    Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando
    terminó, se volvieron;pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran
    sus padres.
    Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a
    buscarlo entre los parientes y conocidos;al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén
    en su busca.
    A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros,
    escuchándolos y haciéndoles preguntas;todos los que le oían quedaban
    asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
    Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
    —«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos
    angustiados.»
    Él les contestó:
    —«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa
    de mi Padre?»
    Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
    Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
    Su madre conservaba todo esto en su corazón.
    Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Año Litúrgico 2015-2016

La siguiente es una imagen animada del año litúrgico 2015-2016 según el rito católico romano. Se llama “año litúrgico” o “año cristiano” al tiempo que oscila entre el primer domingo de Adviento y la última semana de tiempo ordinario durante el cual la Iglesia celebra todo el Misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su segunda venida. Se puede decir que el año litúrgico se compone de tiempos: tiempos fuertes y tiempo ordinario. Los tiempos fuertes son, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, en los cuales se celebra un misterio concreto de la historia de la salvación. El Tiempo Ordinario en el cual no se celebra ningún aspecto concreto, sino más bien el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente en los domingos. El Tiempo Ordinario, a su vez, se divide en dos partes y en total dura 33 ó 34 semanas. Nótese que en la imagen abajo se ha resaltado la fecha correspondiente a 2015-12-27.

* SANTO DEL DÍA “San Juan, apóstol y evangelista ” “Fiesta de la Sagrada Familia”27 de diciembre

https://i0.wp.com/www.eltestigofiel.org/sys_imagenes/lectura/santoral/JuanApostol1.jpgNo se celebra hoy, porque hay una celebración de mayor rango

Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo, que junto con su hermano Santiago y con Pedro fue testigo de la transfiguración y de la pasión del Señor, y al pie de la cruz recibió de Él a María como madre. En su evangelio y en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando lo que vio.
patronazgo: patrono de los escultores, pintores, impresores, fabricantes de papel, encuadernadores, libreros, escritores, secretarios, funcionarios públicos, notarios, teólogos, viticultores, carniceros, talabarteros, vidrieros, fabricantes de espejos, grabadores, fabricantes de velas y canasteros; protector de la amistad, protector contra las quemaduras, por el bien de la cosecha, contra el granizo, el envenenamiento, las enfermedades del pie, y la epilepsia.
oración:

Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol san Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y a amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

Ver más información en:
Los Doce

 

San Juan, apóstol y evangelista
fecha: 27 de diciembre
†: s. I
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
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Aunque un santoral no es el lugar propio de una discusión crítica sobre las cuestiones de la autoría de los libros bíblicos, el santo que rememoramos hoy está en el centro de un problema en los estudios bíblicos llamado precisamente el «problema joánico»; he buscado mucho en santorales para hallar una hagiografía reproducible antes de decidirme a escribir esto, y veo que más o menos se opta por saltar alegremente por sobre el asunto y dar por hecho que conocemos -y casi que somos íntimos- del personaje, como para ponernos a hablar de sus siete virtudes y catorce actos heroicos, cuando a lo mejor un santoral es una ocasión mucho más cercana que un manual especializado para que el «gran público» tome conciencia de los problemas, de las herramientas y de los métodos, así como de los límites, de un estudio bíblico, de lo que sabemos y de lo que no sabemos. La misma redacción actual del Martirologio, aunque conserva su sabor antiguo, ha incorporado decenas de «decisiones críticas», que obviamente no estaban -ni podían estar, por ser más recientes- en la edición anterior. Veamos cómo nos presenta una y otra edición del Martirologio a san Juan:
En Éfeso, nacimiento [en el cielo] de san Juan, Apóstol y Evangelista, quien, después de escribir el Evangelio, después de estar relegado en exilio y de recibir la Revelación (Apocalipsis) divina, perviviendo hasta el tiempo del Príncipe Trajano [98-117], fundó y dirigió iglesias por toda Asia, y por fin, agotado por la edad, en el año sexagésimo octavo después de la Pasión del Señor [hacia el 101], murió, y en la misma ciudad fue sepultado. (Vetus Martyrologium Romanum, ed. 1956)1.

El mismo apóstol en el martirologio actual:
Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo, que, junto con su hermano Santiago y con Pedro, fue testigo de la transfiguración y de la pasión del Señor, y al pie de la cruz recibió de Él a María como madre. En su evangelio y en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando lo que vio (s. I).

¿Qué es lo que ha cambiado de uno a otro? Sencillamente el Martirologio se ha hecho esta pregunta: ¿qué es lo que, respecto del apóstol Juan, sabemos o podemos razonablemente suponer? Muchas de las respuestas que puede dar el estudio bíblico en la actualidad son hipótesis de trabajo, quizás mañana cambien, ¡pero así es el saber humano, esencialmente mudable! pero el más importante cambio de un martirologio a otro no es que hayan desaparecido unas afirmaciones y aparecido otras, sino que por fin cosas que no eran «de fe» sino de conocimiento histórico, o literario, o biográfico, han sido reconocidos como tales.

Veamos una a una las distintas cosas que «sabemos y no sabemos»:

¿fue san Juan un apóstol del Señor, del grupo que luego se llamará de «los Doce», es decir, del grupo inicial, jerárquicamente distinto a los demás discípulos -que los hubo en cantidad- de Jesús? Sí, eso lo podemos afirmar más alla de toda duda: por los evangelios sabemos que Juan era hermano de otro de los apóstoles -uno de los Santiagos, el llamado «mayor»-, hijos de Zebedeo, a quienes Jesús, según Mc 3,17, les puso el sobrenombre «Boanerges», «hijos de trueno», tal vez por su carácter fogoso (Lc 9,54), aunque el sobrenombre no cumple ninguna función en la narración.

¿Eran los hijos de Zebedeo parientes de Jesús? La cuestión es harto complicada y ramificada. No proviene de una cuestión estríctamente biográfica o histórica, sino que está mezclada (innecesariamente, a mi entender) con una cuestión dogmática: Los Evangelios mencionan unos «hermanos de Jesús», sin mayores explicaciones, y luego un personaje mencionado en los Hechos de los Apóstoles llamado Santiago -al parecer importantísimo en los primeros años de la Iglesia-, deriva su autoridad de ser «hermano del Señor», al que la tradición posterior, siguiendo a san Jerónimo, identifica con «Santiago de Alfeo», uno de los Doce (pero no hay suficiente base histórica para afirmarlo). Que Jesús tuvo un grupo de «hermanos» está fuera de toda duda, porque lo afirman taxativamente los evangelios, el problema es de dónde salen estos hermanos: sabemos que no pueden ser hijos de la Virgen, así que queda como solución que sean:
a) hijos de un primer matrimonio de José (viudo y casado en segundas nupcias con la Virgen) como afirma alguna parte de la tradición,
b) «hermanos» en un sentido amplio y muy oriental («primos», «parientes», «convivientes»), que es la versión más aceptada por la tradición, o
c) quizás prohijados («adoptivos») en casa de María y José, de algún pariente fallecido.
Cualquiera de las tres soluciones es posible e históricamente aceptable, y -como se ve- no es necesario tocar el dogma de la virginidad de María para solucionar de manera del todo correcta y plausible el problema. La cuestión es que la tradición posterior, sobre todo en los siglos II y III, no contenta con tener una solución perfectamente razonable a la cuestión de los «hermanos del Señor», se lanzó a la caza de los primos, y dio por ciertas unas identificaciones que de ninguna manera el material del que disponemos permite hacer. Y así, Juan resulta ser «primo de Jesús» sobre la base de que la «Salomé» nombrada en Mc 15,40 sea la misma que la «Madre de los hijos de Zebedeo» nombrada en Mt 27,56; si además suponemos, conforme a Jn 19,25 que dice que junto a la cruz estaban «su madre y la hermana de su madre», entonces resultaría esta Salomé (¡si es la hermana de la Virgen!) ser tía de Jesús, y por tanto sus hijos, los de Zebedeo, primos… la base es completamente débil, supone un malabarismo genealógico no sólo incomprobable sino auténticamente gratuito, ya que no necesitamos para nada saber quiénes eran y cómo se llamaban los «hermanos de Jesús», y en cambio sí necesitamos -para comprender adecuadamente los evangelios- tener bien en claro que Jesús no buscó el seguimiento de sus parientes, y que prefirió el llamado y la elección, por sobre los vínculos de la sangre: su propia Madre llega ser la perfecta Discípula en la cruz, alcanzando así aun una mayor grandeza, si cabe. Así que, ¿eran los hijos de Zebedeo primos de Jesús? A lo que podemos razonablemente afirmar: no.

¿Fue san Juan el autor del Cuarto Evangelio, las Cartas y el Apocalipsis? Poco podemos saber a ciencia cierta, más allá de toda duda, de la autoría efectiva, con nombre, de ningún libro bíblico, excepto un puñado de cartas de Pablo, y poco más. En la antigüedad era harto normal (no sólo en la Biblia sino en cualquier género de escrito) la «pseudoepigrafía», es decir, poner como nombre «de autor» a quien «da su autoridad» a la tradición de la que habla el libro, personaje que a veces incluso había fallecido. Así, algunas cartas «de Pablo» son pseudoepigráficas, y sólo son «de Pablo» en el sentido en que desarrollan su tradición y pensamiento, por parte de discípulos de su círculo; el libro «de Isaías» es hoy completamente reconocido que es de al menos dos o tres momentos históricos distintos, uno de los cuales, el inicial, es de Isaías profeta; a los otros dos, por comodidad, se los llama «Segundo» y «Tercer» Isaías, pero en realidad son autores anónimos emparentados a una distancia de décadas y aun de más de un siglo con el Isaías histórico. Estos son sólo ejemplos. Pero es para que se vea que no adelantamos nada con forzar a la Biblia a que sea lo que nos gustaría, tenemos que adaptar nuestra mentalidad a lo que ella es, si queremos entender lo que dice; y la Biblia es un libro antiguo, que sigue, por lo tanto, los usos habituales en los libros antiguos, que no son los nuestros. Con este proemio nos volvemos a hacer la pregunta: ¿fue el apóstol san Juan autor de los cinco escritos atribuidos a su nombre? con toda seguridad no lo es de los cinco. Comencemos por lo más fácil: las Cartas 2 y 3 están firmadas por «El presbítero», que podría coincidir con un tal «Juan el presbítero» que conocemos por algunos documentos antiguos. Así, en al lista de libros bíblicos del papa san Dámaso I (366-384), se dice «una Epístola de Juan Apóstol, dos Epístolas de otro Juan, presbítero», más tarde que esta fecha la tradición identificó estos dos juanes en uno solo y así, unos años más tarde, el papa san Inocencio I (401-417) dirá «tres cartas de Juan», identificando la vacilante tradición con un mismo personaje. Debe quedar claro al lector que las autorías no son objeto de fe, son constataciones histórico-biográficas, que pueden servir para profundizar en el estilo de un escrito, o para saber si podemos o no leer un escrito en relación a otro, pero nada más. Así que de las cartas queda vacilante, en general en la actualidad se suelen relacionar las tres cartas con el evangelio de Juan, pero no de la mano del mismo autor, sino que serían desarrollos de la «escuela joánica». Queda el problema del Evangelio y el Apocalipsis. Nadie lo ha resuelto satisfactoriamente hasta ahora, pero hay un aspecto que se puede decir que está razonablemente probado: no pueden ser del mismo autor, así que quien diga que el Apocalipsis es del apóstol Juan, no puede decir que el Evangelio es del apóstol Juan, y viceversa, quien diga que el Evangelio es del apóstol, tiene que renunciar a asignar esa misma autoría el Apocalipsis. Explicar por qué es excesivamente largo y fuera de contexto, pero se puede tomar como un dato seguro de la crítica literaria aplicada a la Biblia. Como vemos, el propio Martirologio ha optado por aceptar la autoría del apóstol Juan aplicada al Evangelio, y por tanto ya no menciona (como el Martirologio antiguo) al Apocalipsis como obra suya. Hay una tradición bastante firme, proveniente de san Ireneo, quien en «Adversus haereses» afirma que sabe por san Policarpo de Esmirna que el apóstol Juan «publicó» (exédoke) el Evangelio; otras tradiciones paralelas, que se basan en el testimonio de Papías afirman que el Apóstol Juan lo escribió. Aunque ninguna de esas tradiciones son obligatorias -tratándose de un problema histórico- de hecho son suficientemente cercanas al origen de los evangelios como para ser del todo atendibles. Como yo soy de los (no demasiados) partidarios de que el apóstol Juan es la autoridad apostólica del Apocalipsis, entonces no acepto la autoría joánica del Evangelio, pero nada obsta a afirmar lo contrario, de hecho las dos hipótesis son defendibles, mientras no se pretenda afirmar cada cosa según sople el viento. A quien hoy celebramos es al apóstol Juan, del círculo más íntimo de Jesús, sus «Doce», miembro de las «columnas de la Iglesia» al decir de san Pablo, y autor de un cierto número de escritos apostólicos, sean estos el Evangelio y alguna carta, o el Apocalipsis.

¿Fue san Juan el “Discípulo Amado” que se menciona en el Cuarto Evangelio? esto sí que es imposible de resolver, y queda -y seguramente quedará- como hipótesis mientras dure el mundo. Si se afirma que es el apóstol con cuya autoridad se compuso el Cuarto Evangelio, hay que afirmar que es el Discípulo Amado, y si no, puede ser o no. Una tradición de hacia el 160, el «Canon de Muratori» afirma que la autoridad apostólica del Cuarto Evangelio es el apóstol Andrés; si se acepta eso, hay que afirmar que el discípulo amado es Andrés, si se acepta el testimonio de Ireneo, hay que admitir que es Juan. Lo cierto es que se trata de un personaje real, no de una figura literaria -como se afirmó durante un tiempo- y sin lugar a dudas es el garante de la autoridad apostólica de las enseñanzas del Cuarto Evangelio. Su identidad depende del ramillete de hipótesis que adoptemos en la cuestión de la autoría.

Sintiendo mucho haber cnvertido esta «hagiografía» (que no resulta serlo) en una exposición de hipótesis, pero deseando haber cumplido algún servicio a la comunidad cristiana distinguiendo lo que otros pretenden que vaya en paquete y sin que la gente se pregunte cosas, quisiera concluir con que estamos seguros de que celebramos a un personaje real, completamente real, un íntimo de Jesús, sea o no el Discípulo Amado, alguien que vio y dio testimonio, uno de los garantes de la apostolicidad de la fe, la haya expresado por medio del Evangelio, por medio del Apocalipsis, o en la transmisión viva de la predicación oral.

Como bibliografía puede tomarse:
a) Una exposición de las hipótesis clásicas (Juan autor de todos los escritos joánicos, hijo de Salomé, Discípulo amado, etc.), un poco demasiado sintética, pero bien expuesto y con mención de fuentes en Enciclopedia Católica, artículo de L. Fonck, de 1910. Es preferible, para quien pueda, leer el original inglés.
b) Exponente de los problemas críticos en torno a la autoría de Juan, ya de 1970, un autor católico abiertamente partidario de la autoría de Juan Apóstol del Cuarto Evangelio (y argumentos de por qué siendo así no puede serlo del Apocalipsis): Bruce Vawter, el artículo sobre El Evangelio de San Juan en Comentario Bíblico «San Jerónimo», tomo IV, pág. 399ss
c) una mirada más compleja y rica en torno a la cuestión del Discípulo Amado, y las posibilidades de identificarlo con uno u otro apóstol, de un exégeta que ha dedicado gran parte de su obra a estudiar el «problema joánico»: Raymond Brown: «La comunidad del Discípulo Amado», en castellano ed. Sígueme, 1990. En la «Introducción al Nuevo Testamento», del mismo autor, con menos amplitud pero idéntica perspectiva, hace un repaso de la cuestión joánica
d) Una aproximación puramente histórica a Juan de Zebedeo -rechazando de antemano la identificación de este Juan con todos los demás (el autor del Evangelio, el del Apocalipsis, etc)- , la muy sólida y minuciosa de Meier en «Un judío marginal», Tomo III, Ed. Verbo Divino, 2003, pág. 231-239, que comienza con estas sugestivas palabras: «Si ha habido confusión en la tradición cristiana e incluso entre los especialistas sobre las personas llamadas Santiago en el NT, la mezcla de las distintas figuras históricas y la confusión entre ellas alcanza un punto culminante tratándose de Juan el hijo de Zebedeo.»

Imágenes:
-Ícono griego del siglo XIV.
-Hendrick Terbrugghen: Juan Evangelista, mediados del siglo XVII.
-Hieronymus Bosch, San Juan en Patmos (1504-05), Museo estatal de Berlín.


Nota1: «Apud Ephesum natalis sancti Joannis, Apostoli et Evangelistae, qui, post Evangelii scriptionem, post exsilii relegationem et Apocalypsim divinam, usque ad Trajani Principis tempora perseverans, totius Asiae fundavit rexitque Ecclesias, ac tandem, confectus senio, sexagesimo octavo post passionem Domini anno mortuus est, et juxta eamdem urbem sepultus.»

Abel Della Costa

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