* SANTO DEL DÍA “San Andrés, apóstol ” 30 de noviembre

https://i1.wp.com/www.eltestigofiel.org/sys_imagenes/lectura/santoral/Andres_Lleida.jpg

Fiesta de san Andrés, apóstol, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás. La Iglesia de Constantinopla lo venera como muy insigne patrono.
patronazgo: patrono de Rusia, Escocia, España, Grecia, Sicilia, Austria, Borgoña, Grecia, y en multitud de ciudades, patrono de pescadores y comerciantes de pescado, mineros, protector del noviazgo, la felicidad conyugal y los niños, protector contra la gota, dolores de garganta, calambres, y erisipela (enfermedad de Andrés).

oración:

Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Ver más información en:
Los Doce
San Andrés, apóstol
fecha: 30 de noviembre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa

Decía Aristóteles que la naturaleza aborrece el vacío, y nosotros podríamos agregar que el ser humano también: cuando, por ejemplo, sabemos que deberíamos tener recuerdos de algo, pero se da la circunstancia de que no los tenemos, ya se encarga nuestra mente de proveerse de «recuerdos» sustitutos, en forma de leyendas y de cosas que «se dicen por ahí» pero nadie sabe exactamente cómo surgieron. Muchos cristianos están convencidos de que en eso consiste la «tradición», en aceptar llenar los huecos de nuestras incertezas con datos cuyo único valor es ser muy muy viejos, como si lo viejo y lo antiguo fueran lo mismo, o como si lo viejo, por el mero hecho de serlo, fuera garantía de verdad.

Cuando nació nuestra fe, era todo muy pequeño, no había ni el interés, ni la necesidad, ni la motivación, ni siquiera el mandato explícito de Jesús de organizar una «nueva religión»; el cristianismo funcionó por casi cerca de 50 años como una parte del judaísmo; apenas si san Pablo hacía planteos que podían suponer en algún momento la noción de algo enteramente nuevo, de una ruptura total con el judaísmo, pero ni siquiera él llevó esa posible ruptura a su extremo lógico. Así que el cristianismo naciente conservó intactas las tradiciones profundas en torno a Jesús y a la iglesia inicial (todo eso sí que es auténtica Tradición), pero no conservó casi datos cotidianos de los primeros miembros de la nueva fe, como hubieran hecho si hubieran sentido que eran «los fundadores» de algo. No sabemos la edad de Jesús cuando murió y resucitó, no sabemos cuándo ni dónde nacieron los apóstoles, no sabemos exactamente qué hizo cada uno después de la ascensión del Maestro, etc. Pasa con ello como vemos cotidianamente con los mártires antiguos del santoral: cuando se vuelven importantes, que es cuando dan su testimonio, ya no hay datos ni a quién preguntarle, entonces surgen las leyendas y tradiciones pías rellenando las lagunas de nuestro saber, porque también la memoria aborrece el vacío.

Estos párrafos debería ponerlos al iniciar cualquier escrito sobre cualquiera de los doce apóstoles, pero toca hoy hablar de san Andrés, y vengo embebido de leer una larguísima «Biografía de san Andres», con detalles de diálogos y todo, de cabo a rabo inventada, puesto que, a decir verdad, a pesar de ser Andrés el «Protocletos» -es decir, el primer llamado por el Señor-, sabemos sobre él apenas poquito más que eso.

 

Era hermano de Simón Pedro, y su padre se llamaba Jonás, eso lo sabemos porque a Pedro se lo llama «hijo de Jonás» (Mt 16,17), pero el pobre Andrés quedó tan eclipsado por la figura de su hermano, que sabemos su filiación sólo a través de Pedro. Es nombrado doce veces en todo el Nuevo Testamento:

-Ocho entre Marcos, Mateo, Lucas y Hechos, donde invariablemente aparece como «hermano de Simón» y nombrado siempre en lugar secundario (Mt 4,18; 10,2; Mc 1,16; 1,29; 3,17-18; 13,3; Lc 6,14 y Hech 1,13). De todas estas citas quizás la más interesante sea la de Mc 13,3; Jesús habla de la futura ruina del templo de Jerusalén, y como introducción al pequeño «discurso escatológico» (mucho más amplio en Mateo y Lucas) dirá: «Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés…» ¿Qué tiene de interesante esta cita en relación a Andrés? que estamos más bien acostumbrados a la terna Pedro, Santiago y Juan, llamados «Columnas de Jerusalén», pero este pasaje de Marcos probablemente represente un recuerdo histórico mucho más antiguo que el de las «Columnas de Jerusalén», y nos muestra una reunión de Jesús con los suyos sin que el narrador le superponga una teología de cómo instruía Jesús a su Iglesia; en los pasajes paralelos, en cambio, toda la escena aparece ya más elaborada y cada detalle más «teologizado»: en Mt 24,3 esta «enseñanza privada» es «a los discípulos» (teológicamente: a toda la Iglesia), mientras que en Lc 21,5 no hace distingo entre enseñada privada y pública, por lo que da por supuesto que es «a todos los que escuchaban». Y así, con ocasión de Andrés en ese fragmentito «preteológico» de Marcos hemos podido tomar una instantánea sin poses de Jesús con algunos de los suyos.

-Las otras cuatro veces son en Juan, donde asume una importancia un poquito mayor. No mucho más que lo visto, pero en medio de la sequía de información que tenemos, las dos o tres gotas que nos aporta Juan saben a diluvio. Veámoslas en detalle:
Juan 1,40: Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
Nos muestra a un Andrés con inquietudes religiosas: no sólo Jesús lo llamó, él mismo estaba a la búsqueda de algo -por eso andaba tras Juan el Bautista-, y ese «algo» que buscaba coincidió, o se encontró, con el llamado de Jesús.
Juan 1,44: Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
No nos aporta mucho más, pero es la única cita donde, mencionando a los dos, pone a Andrés primero. Además nos enteramos de que es de Betsaida, pero lamentablemente la localización de esa aldea no es del todo segura, aunque siempre dentro de Galilea.
Y en ésta, ¡por fin habla!
Juan 6,8: Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Aquí vemos la Iglesia en pleno funcionamiento,
Juan 12,20ss: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús responde con algo incomprensible en el momento, y que incluso nosotros podemos quedarnos perplejos preguntándonos qué tiene que ver en el contexto, les dice a Andrés y Felipe:
«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto…» (12,23-24)
¿qué tenía que ver la llegada de unos griegos que tenían deseos de ver a Jesús con la llegada de la Hora de Jesús? Ahora no se entiende, pero más tarde, cuando la Iglesia reflexione, entenderá que esa llegada de «los griegos» (es decir, de judíos griegos, puesto que vienen «a adorar») marca el instante en que Jesús ha quedado de manifiesto a todos los judíos, ha quedado exhibido ante el judaísmo entero, el de Jerusalén y el de la Diáspora, y ahora debe realizar aquello para lo que vino.

Quizás por relacionar este episodio de Andrés y los griegos con la evangelización de los paganos que comienza unas décadas después, una tradición posterior hace de san Andrés Apóstol entre los griegos, martirizado en la muy griega ciudad de Patras, en Acaya. En realidad no sabemos qué fue de cada uno de los apóstoles. Hay muchas tradiciones de los siglos II y III que nos cuentan dónde y cuándo evangelizó y murió cada uno de ellos, y muchos de los Padres de la Iglesia (no todos, porque no hay unanimidad en la transmisión de estos datos) se hacen eco de esas tradiciones a falta de datos documentales. Está bien, nada impide que San Andrés haya muerto en Acaya crucificado en una cruz de aspas, predicando desde la cruz durante tres días hasta morir, o que Santiago haya llegado hasta Hispania, o santo Tomás hasta la India, pero hay que tener en cuenta dos aspectos:

-Que en el siglo II se planteó un problema muy grave con el surgimiento de las diversas sectas gnósticas, para quienes todo el mensaje de Jesús era tan pero tan espiritual, que negaban toda realidad histórica concreta a los evangelios, por lo que muchas veces esas tradiciones no documentadas sobre los Apóstoles no representaban verdaderamente recuerdos históricos sino argumentos apologéticos populares, para uso «en la trinchera». Habrá seguramente mucho fondo histórico en ellas, pero sin que podamos, a la distancia, reconocer con claridad qué cosas son sucedidos y cuáles son rellenos legendarios para hacer más vivo el relato de los orígenes cristianos.

-Que no tiene nada de malo tomarse en serio esas tradiciones, siempre que no pretendamos sacar de ellas conclusiones que dependan de la veracidad de unos datos históricos que de ninguna manera podemos comprobar.

Sobre san Andrés tenemos una tradición mucho menos conocida que la evangelización entre los griegos: un escrito de finales del siglo II lo pone como la autoridad apostólica que garantiza la veracidad del Evangelio de Juan; por lo que podría conjeturarse que es él el innominado «Discípulo amado» que menciona el evangelio. El texto al que me refiero se encuentra en un canon, un listado de libros auténticos del NT, que resulta ser la lista más antigua de escritos del NT que tenemos; se denomina «Canon de Muratori», fue escrito hacia el año 170 o poco más, luego se perdió, y fue descubierto por el profesor Luis Muratori en 1740; este texto, de gran importancia en los estudios de historia del canon bíblico, dice así respecto del Evangelios de Juan:

El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos. Cuando sus co-discípulos y obispos le animaron, dijo Juan, «Ayunad junto conmigo durante tres días a partir de hoy, y, lo que nos fuera revelado, contémoslo el uno al otro». Esta misma noche le fue revelado a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan debería escribir todo en nombre propio, y que ellos deberían revisárselo. Por lo tanto, aunque se enseñan comienzos distintos para los varios libros del evangelio, no hace diferencia para la fe de los creyentes, ya que en cada uno de ellos todo ha sido declarado por un solo Espíritu…

Como se ve, aquí distingue claramente «discípulos» de «apóstoles» (identificados con los Doce), el Juan autor del evangelio no resultaría ser el Apóstol Juan sino un Juan del grupo de los discípulos (posiblemente el «Juan el presbítero» que firma las cartas de Juan), que pertenecería a la comunidad de Andrés, y por lo tanto sería este Apóstol, Andrés, el garante de la apostolicidad del cuarto evangelio. Por supuesto, ésta también es una tradición del siglo II, que cae por tanto bajo las mismas prevenciones que lo ya dicho, pero de todos modos, ante lo poco que sabemos de cada apóstol, y en especial de los que no fueron las «Columnas de Jerusalén», puede ser interesante verlo aparecer en su propia figura, y no siempre en el coro de los Doce.

 

Bibliografía: Para las tradiciones de los siglos II y III, cualquier hagiografía clásica las reproduce, en especial están detalladas en la de Mercabá para esta fecha; el Canon de Muratori puede ser interesante conocerlo, no sólo la parte referida a Andrés sino todo el texto, verdadera perla de la antigüedad cristiana. Para lo que «sabemos y no sabemos» de cada uno de los Doce, aunque no ya del todo nuevo, pero sigue siendo útil «Aspectos del pensamiento neotestamentario» de David Stanley y Raymond Brown, en el tomo V del Comentario Bíblico «San Jerónimo», en el apartado dedicado a «Los Doce», como conjunto y cada uno en particular. Un tratamiento más actualizado lo ofrece John P. Meier, «Un judío marginal», tomo III, pág. 219, y tdo el contexto para una lectura más amplia que avbbarque a los Doce, Ed. Verbo Divino, 2003.

Imágenes:
San Andrés en un famoso ícono oriental
Martirio de San Andrés, de Claude Vignon, s XVII, cuadro que se encuentra enla sacristía de la «Iglesia Nueva» de Lleida, España
Uno de los San Andrés pintados por el Greco para uno de sus “Apostolarios”, esta versión es de 1610-14, y se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Budapest.

Abel Della Costa

accedida 2566 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=4780

*EL PAPA EN Kenia 27 de noviembre

https://i2.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/11/27/AFP4760828_Articolo.jpg

(RV).- Esta mañana y tras visitar a la población del barrio marginal de Kangemi, uno de los más pobres de la capital; el Papa Francisco participó en un encuentro con miles de jóvenes procedentes de distintas regiones y tribus de Kenia, que se dieron cita en el Estadio de Kasarani en Nairobi para compartir con el Santo Padre, sus preocupaciones, dificultades, experiencias de vida y desafíos a los que diariamente deben enfrentarse.

En medio de una atmósfera de alegría y cantos amenizados por la banda musical de jóvenes de Korogocho, uno de los numerosos barrios marginales de la capital; se fue desarrollando el programa de este evento en el que hubo espacio para escuchar la Palabra de Dios ( 2 Tim1:3-10), leída por una joven que padece ceguera, y también para conocer los testimonios de vida de dos jóvenes que presentamos a continuación.

El primer testimonio fue el de Lynnet, quien comenzó su discurso pidiendo: “Seamos  fuertes y defendamos nuestra fe”

«Su Santidad, Papa Francisco, nosotros los jóvenes le damos la bienvenida con alegría a Kenia y a toda África. Esta es la primera vez que Usted pisa  nuestro suelo, y su visita es una bendición especial para todos nosotros, sobre todo para los jóvenes. Usted es nuestro Padre, nuestro modelo a seguir y en muchas ocasiones es nuestra esperanza. Santo Padre, la población del pueblo keniata es de aproximadamente 42 millones de personas de las cuales entre el 60 y el  70% son jóvenes. Esto nos convierte en el grupo poblacional mayoitario en Kenia y quizás en toda África. Por lo tanto, nuestra contribución positiva a la sociedad es  crucial e incluye:

El Apostolado Juvenil: Los jóvenes estamos muy comprometidos con el trabajo de la evangelización de las pequeñas comunidades cristianas a nivel nacional, incluyendo las instituciones de enseñanza. Como jóvenes, también estamos comprometidos en diversas obras de caridad como miembros de la sociedad en general. Antes de su visita, los jóvenes han estado rezando el rosario por sus intenciones. Y por esto hoy le presentamos como regalo una “enjambre” de rosarios colgados todos juntos, sólo para usted, como regalo simbólico. Oremos para que estemos siempre comprometidos en ser testigos de la fe en palabras y hechos por el bien de una sociedad mejor.

Vida Civil y Política: A menudo, en nuestra tierra se dice que los jóvenes de hoy serán los líderes del mañana y que los líderes de hoy, eran los jóvenes del ayer. Nosotros, como jóvenes de hoy, tenemos el compromiso de aprender del éxito, así como también aprender de los errores de nuestros líderes para conseguir un mejor liderazgo en el futuro. Somos conscientes, como país  en desarrollo, de que nuestro continente tiene muchos desafíos, pero estamos decididos a convertirlos en oportunidades. Algunos de los desafíos que enfrentamos son:

~El tribalismo: Su Santidad, Kenia ha sido descrita como un centro de la diversidad cultural con al menos cuarenta y dos comunidades étnicas diferentes que coexisten armoniosamente desde hace años. Celebramos nuestra diversidad cultural, es nuestro patrimonio y nos sentimos más fuertes gracias al “espíritu de unidad de África “. Hay un proverbio africano que dice: “Nosotros somos, por lo tanto  yo soy, y porque yo soy, nosotros somos”. Pero por desgracia, muchas veces nuestra diversidad, se usa egoístamente para dividirnos: En la búsqueda de empleo los candidatos más prometedores son a menudo rechazados sólo por lo que son y de dónde vienen. ¿Tiene Dios favoritos? ¿Cuál es el destino de aquellos que no tienen a nadie quien les sostenga las manos? ¿Por qué debería, la tribu  de nuestro origen, definirnos? Como jóvenes, queremos superar el tribalismo y cualquier forma de ideología que nos divide para abrazar el espíritu de unidad en la diversidad.

~ La Corrupción: Nuestro país ha sido bendecido con muchos recursos naturales que van desde el petróleo hasta el carbón. Sin embargo, el mayor obstáculo para el acceso y el aprovechamiento de estos recursos es la corrupción. A veces, para obtener el servicio en este país hay que pagar un cargo extra en efectivo o en especies. La brecha entre los ricos y los pobres sigue aumentando y en este proceso  los jóvenes sufren especialmente cuando nuestros líderes no se ponen de acuerdo. En la escuela, a menudo nos enfrentamos a decisiones morales difíciles de tomar, entre nuestros estudios y  la aceptación de los demás, de nuestro entorno. ¿Es  justificable pecar, sólo porque todo el mundo está pecando? ¿Cómo podemos luchar como cristianos auténticos contra el mal de la corrupción?

 ~ Redes Sociales: Una investigación reciente ha demostrado que Kenia tiene más de 4 millones de usuarios de  Facebook y desde luego nosotros, los jóvenes usamos mucho las redes sociales. Estamos constantemente charlando entre nosotros y haciendo nuevos amigos a través de estos medios de comunicación social. Si  tan sólo nosotros pudiéramos pasar más tiempo charlando con Jesucristo y compartir la Buena Nueva del Evangelio con nuestros amigos en todo el mundo. Estamos profundamente agradecidos por sus tweets en su cuenta @pontifex y lo seguimos fielmente. Sus palabras,  nos hacen tomar una pausa y reflexionar en medio de nuestro desconcierto. Siendo Usted una personalidad de enorme influencia, no sólo para  los católicos, sino también para las personas de todo el mundo, ¿cómo podemos usar los medios sociales para difundir el mensaje de esperanza de Cristo, la promoción de las causas justas y marcar una diferencia, mediante cualquier pequeño gesto con el que podamos contribuir a hacer de este mundo, un lugar mejor?

La mayoría de nosotros, aprende y adquiere muchos de nuestros valores, precisamente de los medios de comunicación social y de la cultura imperante, ya sea  positiva o negativa. Como  jóvenes, algunas veces, ignoramos el consejo de nuestros padres o tutores por considerar que son anticuados, arcaicos o que pertenecen a otros tiempos. A veces nos sentimos atraídos a ciertas personas influyentes en nuestra sociedad, incluso a pesar de que tengan un carácter o comportamiento cuestionable. Santo Padre, como jóvenes buscamos constantemente mentores y modelos sociales que sean reales, para  no dejarnos llevar por los placeres mundanos. Por tanto, ¿cómo podemos practicar  nuestra fe cristiana de un modo auténtico, si  el comportamiento de quienes se espera que sean nuestros “modelos sociales a seguir”, es a veces reprochable y cuestionable?
Le damos las gracias por haber venido, porque a través de Usted,  hemos recibido las bendiciones de Dios y una gran esperanza para seguir adelante».

Kuribu Sana, Papa Francisco. 

El segundo testimonio fue de Manuel

«Su Santidad nos sentimos muy privilegiados y bendecidos con su presencia  entre nosotros, los jóvenes, y no hay palabras para expresar la alegría que sentimos hoy. Usted ha llegado en el momento justo cuando nos estamos preparando para la Jornada Mundial de la Juventud 2016 en Polonia y  reflexionando sobre su tema: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”
Ha llegado en el momento en  el que más necesitamos sus oraciones. Nuestra fe ha sido sacudida por el miedo a los ataques terroristas a veces dirigidos especialmente a los jóvenes. Su presencia aquí, nos da esperanza, el coraje y la fuerza que necesitamos para llevar adelante la obra de Dios. No tenemos miedo porque sabemos que Dios está de nuestro lado y vamos a seguir testimoniando, incluso aún más. Vamos a permanecer fieles a la Palabra de Dios. Otros desafíos  a los que tenemos que enfrentarnos son:

La radicalización de la Juventud y el crecimiento del odio

Somos vulnerables en nuestro estado de dependencia. Somos capaces de los actos más heroicos aunque a veces fallamos. Todos nosotros, conocemos hermanos, hermanas, primos, amigos y  personas cercanas a nuestro entorno, que han caído presos de falsas promesas de los grupos radicales, sólo para descubrir finalmente el vacío que esconden estas organizaciones. Se les enseña a odiar a sus vecinos, hacer daño a sus compañeros y mutilan a los extraños, que son todos inocentes. ¿Qué podemos hacer para detener a nuestros seres queridos y evitar que sean reclutados? ¿Cómo podemos traerlos de regreso al “rebaño”? Todos tenemos el deber de orar y perdonar a los que nos hacen daño, pero…¿qué pasa con esas cicatrices que no pueden ser olvidadas?

Santo Padre, también sabemos que lo peor de la  radicalización es la separación de Dios, una radicalización que cierra la mente y el corazón, y nos impide experimentar el amor de Cristo. Cuando estamos separados de Dios, sembramos semillas de odio y de violencia. A muchos de nosotros nos gustaría llevar a Cristo en nuestros corazones a nuestros amigos, pero no podemos hacer esto cuando estamos lejos de Él.

~ Comportamiento destructivo

Muchos son los momentos en los que no sabemos cómo hacer frente a nuestros pensamientos destructivos a causa de los duros desafíos que debemos enfrentar. Su Santidad; el dolor de perder a nuestros seres queridos es real y presente en nuestras vidas. Esto duele y ese dolor nos lleva a cuestionar la sabiduría de Dios. Cuando las respuestas que esperábamos no llegan, damos la espalda a Dios, cayendo en la soledad, la tristeza y la desesperanza. Esto finalmente nos lleva a culpar a los demás y a nosotros mismos, por algo que poco entendemos. Nosotros a veces buscamos consuelo en el sexo, en la práctica de otros cultos, el alcohol y las drogas como una forma de hacer frente. Sin embargo, esto sólo es escapismo. ¿Cómo podemos entender que Dios es nuestro Padre y que Él nunca haría nada que no sea bueno para nosotros? ¿Cómo podemos ver la mano de Dios en las tragedias de la vida? ¿Cómo podemos encontrar la verdadera paz en nuestro Dios amoroso?

Muchos de nosotros somos afortunados de tener parientes cariñosos que nos rodean y nos protegen. Sin embargo, hay jóvenes aquí  presentes, cuyos  más dolorosos y más tristes recuerdos provienen de sus círculos familiares. La confusión que esto causa puede conducir a la depresión y los sentimientos de no ser amado terminan en tendencias suicidas. ¿Qué palabras le daría Usted a los jóvenes que no experimentan el amor de sus familias? ¿Es posible superar esas experiencias dolorosas?

~Presiones del Mundo

Santo Padre, hay muchas presiones que nosotros, los jóvenes, experimentamos. La presión para tener éxito en la escuela de acuerdo a las expectativas de nuestros padres, tutores y profesores, nos obliga a dedicar todos nuestros esfuerzos al estudio y a apreciar el trabajo duro. Sin embargo, hemos visto que la presión académica reduce el espacio de oportunidades para aquellos jóvenes que han sido  dotados de habilidades diferentes, presionados por el pensamiento negativo de: “si fallas, pierdes y seguirás perdiendo y si apruebas, los obstáculos crecerán igualmente  en tamaño y complejidad”. Esto nos causa un gran dilema. ¿Cómo puede la educación y todo lo que conlleva (estudio, análisis, largas horas de sacrificio en la madrugada, formación, etc.) ser divertido? ¿Cómo podemos apreciar la educación como parte del plan de Dios para nosotros?

También experimentamos presión negativa de nuestros compañeros más rezagados que nos incitan a comportarnos como ellos. ¿Cómo podemos superar esta presión negativa cuando nosotros, como jóvenes, también queremos integrarnos y sentirnos apreciados por nuestros compañeros?

 ~ Gestión ambiental

Por último, Papa Francisco, como jóvenes, recibimos con gran alegría y júbilo su carta encíclica sobre el cambio climático: Laudato SI’. El cambio climático y los efectos del calentamiento global son una amenaza real para nuestra generación, que no puede quedarse sentada viendo como continúa la destrucción de nuestra “Casa Común”. Como jóvenes, nos hemos comprometido a marcar una diferencia, con la cual incluso las generaciones posteriores a nosotros se beneficiarán del bienestar de la tierra. Siguiendo las huellas de San Francisco de Asís y  el Espíritu de la Laudato SI’, nos comprometemos a crear un mundo en el que la integridad de la creación, será mantenida, respetada y protegida.

Con este propósito, los jóvenes presentes en este estadio, venidos de todas las partes de Kenia, han traído semillas de árboles para que Usted las bendiga. Las llevaremos de vuelta a nuestros hogares, parroquias, instituciones educativas y diócesis. Nos comprometemos a plantar estos árboles y a velar por el cuidado de nuestra Casa Común, cada 27 de Noviembre para conmemorar esta memorable visita suya a Kenia».

 Asante Sana, Papa Francisco. Karibu Tena Kenia.

Tras los testimonios de estos jóvenes, el Papa pronunció un discurso espontáneo respondiendo a sus preguntas e inquietudes. Tras finalizar este momento y para concluir el encuentro, el Papa pidió a todos los presentes que se pusieran de pie y se dieran las manos, unos a otros, en señal de unión fraternal entre todos y de rechazo al tribalismo, que tanto daño ha causado a África.

(SL-RV) Síguenos también en Twitter y en Facebook.

https://i2.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/11/27/AFP4760828_Articolo.jpg

*FIESTA “de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa” 27 de noviembre

https://i0.wp.com/mariamediadora.com/Oracion/MedallaMilagrosa.frente.gifhttps://i1.wp.com/mariamediadora.com/Oracion/MedallaMilagrosa.anverso.gif

http://www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter950.htm

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.


EL CAMINO DE MARÍA

..

MES CONSAGRADO A  MARÍA SANTÍSIMA

EN LOS PAÍSES DEL HEMISFERIO SUR

NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

 

Edición 950 – 27 de Noviembre de 2015


 

El 27 de noviembre celebraremos la fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Entre las medallas marianas destaca, por su extraordinaria difusión, la denominada “Medalla Milagrosa”.

Tuvo su origen en las apariciones de la Virgen María, en 1830, a una humilde novicia de las Hijas de la Caridad, la futura Santa Catalina Labouré. La Medalla, acuñada conforme a las indicaciones de la Santísima Virgen a la Santa, ha sido llamada “microcosmos mariano” a causa de su rico simbolismo: recuerda el misterio de la Redención, el amor del Corazón de Cristo y del Corazón doloroso de María, la función Mediadora de la Virgen, el misterio de la Iglesia, la relación entre el Cielo y la tierra, entre la vida eterna y la vida temporal.

El mensaje principal de estas apariciones ocurridas el 18 de julio y el 27 de noviembre de dicho año fue presentar al mundo una medalla en que la Virgen aparece como Inmaculada, Reina, Corredentora y Mediadora de las Gracias. La Santísima Virgen en persona presentó a Sor Catalina el modelo de esta medalla:

 

 

“Haz, haz acuñar una medalla según este modelo; todas las personas que la llevarán consigo, recibirán grandes gracias,
especialmente llevándola en el cuello; las gracias serán abundantes
para las personas que la lleven consigo con confianza”.

Mirando atentamente y con devoción la Medalla descubriremos en sus dos caras (que se complementan)  el mensaje esencial del misterio de la salvación y el signo de la protección maternal de María.

ANVERSO DE LA MEDALLA:

María Inmaculada, Madre de los hombres. María, mensajera de la ternura de Dios, se muestra en pie. Viene hacia nosotros con las manos abiertas y en actitud de acogida. María es la sin pecado. Por eso aplasta la cabeza de la serpiente.

Se lee una oración “Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Nos da a conocer que es la Inmaculada Concepción.

REVERSO DE LA MEDALLA:

El proyecto de amor de Dios hacia los hombres. La M coronada por la Cruz: María esta íntimamente unida al misterio de la Pasión y de la Cruz de su Hijo, desde el Pesebre hasta el Calvario.

Dos corazones: el de Jesús y el de María, representan la fuerza del amor que llega hasta la entrega total. María entró plenamente en ese Misterio de Amor de nuestra redención.

Doce estrellas: Jesús estableció su Iglesia sobre el fundamento de Pedro y sus Apóstoles.

Un nuevo impulso para la difusión de la “Medalla Milagrosa” vino de San Maximiliano María Kolbe (+1941) y de los movimientos que inició o que se inspiraron en él. En 1917 adoptó la “Medalla Milagrosa” como distintivo de la Pía Unión de la Milicia de la Inmaculada, fundada por él en Roma, cuando era un joven religioso de los Hermanos Menores Conventuales.

“…La “Medalla Milagrosa”, como el resto de las medallas de la Virgen y otros objetos de culto, no es un talismán ni debe conducir a una vana credulidad. La promesa de la Virgen, según la cual “los que la lleven recibirán grandes gracias”, exige de los fieles una adhesión humilde y tenaz al mensaje cristiano, una oración perseverante y confiada, una conducta coherente.” (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 206)

“…La Iglesia bendice estos objetos de piedad mariana, recordando que sirven para rememorar el Amor de Dios y para aumentar la confianza en la Virgen María, pero advierte que los creyentes no deben olvidar que la devoción a la Madre de Jesús exige sobre todo “un testimonio coherente de vida”. (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 206)

  

SÚPLICA A LA VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA

Se reza a las 5 de la tarde del 27 de noviembre, Fiesta de la Medalla Milagrosa, y en las necesidades urgentes, cualquier día, a esa hora.
Oh Virgen Inmaculada, sabemos que siempre y en todas partes estás dispuesta a escuchar las oraciones de tus hijos desterrados en este valle de lágrimas, pero sabemos también, que tienes días y horas en los que te complaces en esparcir más abundantemente los tesoros de tus gracias. Y bien, oh María, henos aquí postrados delante de Ti, justamente en este día y hora bendita, por Ti elegida para la manifestación de tu Medalla.
Venimos a Ti, llenos de inmensa gratitud y de ilimitada confianza en esta hora por Ti tan querida, para agradecerte el gran don que nos has hecho dándonos tu imagen, a fin que sea para nosotros testimonio de afecto y prenda de protección. Te prometemos, que según tu deseo, la Santa Medalla será el signo de tu presencia junto a nosotros, será nuestro libro en el cual aprenderemos a conocer, según tu consejo, cuánto nos has amado, y lo que debemos hacer para que no sean inútiles tantos sacrificios Tuyos y de Tu Divino Hijo. Sí, Tu Corazón traspasado, representado en la Medalla, se apoyará siempre sobre el nuestro y lo hará palpitar al unísono con el Tuyo. Lo encenderá de amor a Jesús y lo fortificará para llevar cada día la cruz detrás de Él.
Ésta es tu Hora, oh María, la Hora de tu bondad inagotable, de tu misericordia triunfante, la Hora en la cual hiciste brotar, por medio de tu Medalla, aquel torrente de gracias y de prodigios que inundó la tierra.
Haz, oh Madre, que esta Hora que te recuerda la dulce conmoción de Tu Corazón, que te movió a venirnos a visitar y a traernos el remedio de tantos males, haz que esta Hora sea también nuestra hora, la hora de nuestra sincera conversión, y la hora en que sean escuchados plenamente nuestros votos.
Tú, que has prometido justamente en esta Hora afortunada, que grandes serían las gracias para quienes las pidiesen con confianza: vuelve benigna tu mirada a nuestras  súplicas.
Nosotros te confesamos no merecer tus gracias, pero, a quién recurriremos oh María, sino a Ti, que eres nuestra Madre, en cuyas manos Dios ha puesto todas sus gracias? Ten entonces misericordia de nosotros. Te lo pedimos por tu Inmaculada Concepción, y por el Amor que te movió a darnos tu preciosa Medalla. Oh Consoladora de los afligidos, que ya te enterneciste por nuestras miserias, mira los males que nos oprimen.
Haz que tu Medalla derrame sobre nosotros y sobre todos nuestros seres queridos tus benéficos rayos: cure a nuestros enfermos, de la paz a nuestras familias, nos libre de todo peligro.
Lleve tu Medalla alivio al que sufre, consuelo al que llora, luz y fuerza a todos. Especialmente te pedimos por la conversión de los pecadores, particularmente de aquellos que nos son más queridos. Recuerda que por ellos has sufrido, has rogado y has llorado.
Sálvanos, oh Refugio de los pecadores, a fin de que después de haberte amado, invocado y servido en la tierra, podamos ir a agradecerte y alabarte eternamente en el Cielo. Amén.

Oh María sin pecado concebida,

ruega por nosotros que recurrimos a Vos.

 

Esta es la oración que Tú inspiraste, oh María, a Santa Catalina Labouré, y esta invocación, grabada en la Medalla la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero.

¡Bendita Tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada Tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en Ti! ¡La maravilla de tu Maternidad divina! Y con vistas a ésta, ¡la maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la Cruz de nuestro Salvador!

Tu Corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas sobre la Iglesia de la que eres Madre. Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevamos a pedírtelas, de que nos acerquemos a Ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño. Y precisamente así nos encaminas sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo la fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad, y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


SAN JUAN PABLO II

ORACIÓN PRONUNCIADA EL 31 DE MAYO DE 1980

© 2002-2015 – MariaMediadora.com  . All Rights Reserved

EL CAMINO DE MARÍA . Edición 950 para faruga13@yahoo.es

Enviada por marisayeduardo@santorosario.info

faruga13@yahoo.es : Invite a sus amigos y conocidos a suscribirse a la

“EL CAMINO DE MARÍA” .

Deben llenar un simple formulario en la siguiente dirección de nuestro sitio:

http://www.mariamediadora.com/formulario.html

EUCARISTíA”Profanación en Pamplona: Homilía del arzobispo, Francisco Pérez González, en la misa de reparación PAMPLONA”

Profanación en Pamplona: Homilía del arzobispo, Francisco Pérez González, en la misa de reparación por el sacrilegio, Catedral de Pamplona 25 de noviembre de 2015

Queridos hermanos:

El ser humano es un ser necesitado de muchas cosas, pero lo que le distingue de otros seres vivos, la diferencia genética más honda que lleva dentro, es que es necesitado de amor: de amar y de ser amado. Lo que nos une es rezar y reparar, ante el Señor, lo que más nos duele: que se le ofenda. Él nos enseña a mirar con sus mismos ojos de la Verdad, de la Justicia, del Amor y de la Misericordia.

Agradezco de corazón el testimonio que estáis dando aquí y en tantos lugares de Navarra y agradezco también los casi cien mil testimonios de todos los cinco Continentes que se adhieren a esta celebración y ruegan que se respete aquello que es lo más sagrado para los cristianos-católicos que es la Eucaristía.

Lo expresa muy bien San Juan Pablo II cuando dice: «El hombre no puede vivir sin amor. No puede comprenderse a sí mismo, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente». Hasta tal punto es así que el ser amado, el sentirse amado, es lo que da sentido a su existencia, lo que le hace vivir la experiencia de sentirse redimido, de sentirse salvado.

El amor no sólo redime a la persona, sino que rehace la vida social. Descubriéndose amado por Dios, el ser humano comprende su propia dignidad trascendente, aprende a salir al encuentro del otro creando una red fraterna y solidaria de relaciones humanas.

Ese amor que redime a la persona y a la sociedad tiene su máxima expresión en la Eucaristía, el gran sacramento del amor. Como dice Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica ‘Sacramentum caritatis’: “Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha dado voluntariamente en la Cruz, por nosotros y por el mundo entero”. Como Arzobispo de la sede episcopal de Pamplona, como sucesor de los Apóstoles en esta Diócesis, recogiendo el sentir del pueblo cristiano no sólo de aquí sino de todo el mundo, me veo en la obligación de decir que la verdadera libertad de expresión no comprende un supuesto derecho a la ofensa o un desprecio a lo más sagrado. La cultura es belleza y armonía. Es patrimonio de fe y vida que nuestra tierra de Navarra goza desde siglos.

La Eucaristía es el signo sacramental de la más excelsa hermosura que existe en toda la historia de la humanidad.

La Eucaristía es el sacramento de la entrega, el gesto de amor más sublime que nos dejó Jesús en la tierra. Es un encuentro transformador con el Señor en su palabra y en su sacrificio de amor, que nos lleva a brindar esperanza, perdón, sanación y amor a cuantos lo necesitan, en particular a los pobres, a los desheredados y oprimidos, compartiendo sus vidas y anhelos y caminando con ellos en busca de una vida humana auténtica en Cristo Jesús.
Como nos recuerda el Papa Francisco: “Hoy hay una gran falta de esperanza en el mundo, por ello la humanidad necesita escuchar el mensaje de nuestra esperanza en Jesucristo. La Iglesia lleva este mensaje a todos y, en especial, a los que, aun habiendo sido bautizados, se han alejado de la Iglesia y viven sin referencia a la vida cristiana”. En realidad, quien celebra la Eucaristía no lo hace porque se considera o quiere parecer mejor que los demás, sino precisamente porque se reconoce siempre necesitado de ser acogido y regenerado por la misericordia de Dios.

La Eucaristía es el signo más tangible del amor de Dios por el hombre, ya que renueva permanentemente su sacrificio por amor a nosotros; es el misterio de nuestra unión profunda con Cristo. A través de Ella, Cristo quiere entrar en nuestra existencia y permearla de su gracia. ¡El amor es entrega y donación! Y en la Eucaristía, Dios se entrega y se dona completamente a nosotros. Nutrirnos del ‘Pan de vida’ significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, significa entrar en un dinamismo de amor y convertirnos en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario.

La Eucaristía constituye la cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Hago un llamamiento a la conciencia humana y cristiana de todos para que seamos sensibles ante los problemas que están presentes en nuestra sociedad.

Por favor defendamos el derecho a la vida, al matrimonio y a la familia, la educación de los niños y jóvenes, el servicio al bien común, a los más débiles y necesitados, la verdadera cultura del trabajo, la paz entre las naciones… La Iglesia quiere ser mensajera de la civilización de la verdad y la justicia, la paz y el amor, esa civilización que sólo Dios nos puede ofrecer.

Hoy Jesús también se dona a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, se hace alimento, el verdadero alimento que sustenta nuestra vida, incluso en los momentos difíciles que nos tocan vivir. Cada vez que celebramos la Eucaristía, derrotamos el gran pecado del individualismo, del rencor y lo mejor de nosotros mismos se convierte en ofrenda al Padre. Nuestras zonas oscuras son iluminadas. La Eucaristía nos devuelve cada día el gozo de pertenecer a “aquellos que buscan al Señor con corazón sincero”, nos convierte en parábola del mundo que Dios quiere, mostrando que, en medio de nuestras debilidades, es posible vivir como hermanos y amarnos como Cristo nos ama.

Pero el sacramento de la Eucaristía no se puede separar del sacramento de la caridad. No se puede recibir el cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, de los enfermos, de los que sufren el drama del paro, de los que están excluidos de la mesa del bienestar, de los que viven una vida vacía, sin sentido… Jesús instituyó la Eucaristía durante la Última Cena. Entonces nos entregó el Mandamiento del Amor: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Ahí radica la estrecha relación entre la Eucaristía y el compromiso de la caridad.

La Eucaristía debe ser fuente de caridad para con nuestros hermanos, y es para nosotros el gran sacramento del amor de Dios, el gran sacramento de la Caridad y la fuente de ese amor de Dios que nosotros queremos encarnar y significar en favor de los últimos, de los pobres y excluidos.

El significado de la Eucaristía es la comprensión del amor. Así lo explicaba la Beata Madre Teresa cuando decía que “Cristo comprendió que teníamos un hambre inmensa de Dios. Comprendió que habíamos sido creados para ser amados, y así Él se convirtió en el Pan de Vida. Él también quiere darnos la oportunidad de trasformar nuestro amor por Él en acción viva. Él se convierte en el hambriento, no sólo de pan sino de amor. Él se convierte en el desnudo, no sólo por un manto que lo abrigue, sino por ese amor, por esa dignidad humana. Él se convierte en el que no tiene hogar, no sólo por ese lugar en un pequeño cuarto, sino por ese sincero y profundo amor hacia el prójimo, que es la Eucaristía. Este es Jesús, el Pan Vivo. El que ha venido a compartir su divinidad con nosotros”.

Cuando uno contempla el crucifijo, entiende lo mucho que Jesús nos amó. Cuando uno contempla la Sagrada Eucaristía, entiende lo mucho que Jesús nos ama ahora. Oremos para que la participación en la Eucaristía nos comprometa a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo aquello que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda.

Esta tarde, una vez más, el Señor se hace don y distribuye para nosotros el pan que es su Cuerpo. Y también ahí, nosotros experimentamos la solidaridad de Dios con el hombre, una solidaridad que no se acaba jamás, una solidaridad que nunca termina de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros en el sacrificio de la Cruz, se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida que vence el mal, el egoísmo, la muerte. Acerquémonos siempre a la Eucaristía con un corazón limpio, lleno de gracia y lleno de misericordia y caridad.

Para acabar quiero dirigirme a los más jóvenes: Sois muchos los que en estos días os habéis sentido conmovidos por la necesidad de reparar esta ofensa y que os habéis preguntado por el sentido de estos acontecimientos. Quizá también os hayáis interrogado por el sentido de vuestra propia vida: ¿Qué ha hecho y hace Cristo por mí? ¿qué debo hacer yo por Cristo y por mis hermanos que tanto lo necesitan? No son tiempos para echarse en el sofá y ver la vida de largo. Cristo os llama, Cristo os necesita para transformar el mundo.

Ruego a María del Sagrario (La Real) que nos ayude a ser testigos vivos de Cristo Eucaristía y nunca odiemos a nadie, hablemos con rencor de nadie, insultemos a ninguno y respetemos desde la oración y desde el amor misericordioso a todos. Así lo hizo la Virgen al pié de la Cruz. Vamos a soñar juntos en una Pamplona y una Navarra que se dejen inundar por el manantial de gracia y salvación que brota del costado abierto de Jesucristo presente en la Eucaristía.

* EL PAPA FRANCISCO EN AFRICA 25-11-2015

https://i1.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/11/25/REUTERS1133357_LancioGrande.JPG

Francisco \ Viajes y Visitas

¡Que Dios bendiga Kenia! saludó Francisco en su primer encuentro

¡Que Dios bendiga Kenia! saludó Francisco en su primer encuentro

Violencia, conflictos y terrorismo nacen de la pobreza y la frustración, dijo el Papa en Nairobi

25/11/2015 13:56En su primer discurso en Kenia el Papa Francisco destacó tres temas principales, a saber: que Kenia es un país de jóvenes; la cuestión ecológica con sus implicaciones en la relación existente entre el ser humano y la naturaleza y la situación social, en la que también se encuentra el terrorismo.           AUDIO

 

*EL PAPA EN AFRICA”Un gesto de particular cercanía y amor es el viaje de Francisco a Kenia, Uganda y República Centroafricana”

https://i2.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/11/25/AFP4756000_LancioGrande.jpg

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

En la oración del Ángelus del domingo 22 de noviembre de 2015 el Papa expresó: “El próximo miércoles inicio el viaje a África, visitando Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Pido a todos ustedes rezar por este viaje, para que sea para todos estos hermanos, y también para mí, un signo de cercanía y de amor. Pidamos juntos a la Virgen bendecir a esta querida tierra, para que se consiga la paz y la prosperidad».

Se trata del XI Viaje Apostólico Internacional del Obispo de Roma, iniciado el miércoles 25, que concluye el lunes 30 de noviembre de 2015.

La realidad del mundo herido que vive su tercera guerra mundial a pedazos, amenazado por el terrorismo y sumido en la pobreza; la misma situación del África, de los países visitados -especialmente de República Centroafricana con su recrudecimiento de la violencia y, por tanto, de todas sus consecuencias-, hacen que el gesto mismo del Papa de ir, de hacerse presente entero, adquiera un valor y una fuerza extraordinaria como acto de cercanía, testimonio de amor y llamada a la paz y a la reconciliación, más allá todavía de los importantísimos encuentros, eventos, visitas y celebraciones en los que participará y que presidirá.