* AUDIENCIA GENERAL “El mensaje de la Declaración Nostra ætate es siempre actual, Catequesis del Papa”

https://i2.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/10/28/ANSA894773_LancioGrande.jpg

RV).- La audiencia general del último miércoles de octubre que el Papa Francisco  celebró en una lluviosa Plaza de San Pedro ante miles de fieles y peregrinos de numerosos países,  tuvo un carácter interreligioso para recordar juntos – tal como el mismo Pontífice explicó – el 50° aniversario de la Declaración del Concilio Vaticano II “Nostra ætate” sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas.

Por esta razón, al dirigirse – hablando en italiano – a los numerosos fieles presentes el Santo Padre explicó que a estas audiencias semanales suelen asistir personas o grupos pertenecientes a otras religiones; mientras en esta ocasión su presencia era especial, en virtud del recuerdo de los cincuenta años transcurridos desde la promulgación de la Declaración Conciliar sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas.

Y añadió que este tema fue de gran interés para el beato Papa Pablo VI, quien ya en la fiesta de Pentecostés del año anterior a la conclusión del Concilio, había instituido el Secretariado para los no cristianos, actual Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

Francisco expresó su gratitud y calurosa bienvenida a las personas y a los grupos de diversas religiones, de modo especial – dijo – a los que vinieron desde lejos. Tras afirmar que el Concilio Vaticano II fue un tiempo extraordinario de reflexión, diálogo y oración para renovar la mirada de la Iglesia Católica sobre sí misma y sobre el mundo, el Papa Bergoglio destacó brevemente algunos puntos del mensaje siempre actual de la declaración “Nostra ætate”.

Entre ellos: la creciente interdependencia de los pueblos; la búsqueda del sentido de la vida, del sufrimiento y de la muerte; el origen y destino común de la humanidad; la unicidad de la familia humana; o las religiones como búsqueda de Dios o de lo absoluto en las diversas etnias y culturas.

Entre los tantos eventos e iniciativas que se llevaron a cabo en estos últimos cincuenta años, el Santo Padre destacó el Encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986 querido por San Juan Pablo II, quien, además, hace treinta años se dirigía a los jóvenes musulmanes en Casablanca deseando que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos. Por esta razón afirmó que “la llama encendida en Asís, se ha extendido a todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza”.

El Obispo de Roma se refirió, con especial gratitud a Dios, a la trasformación que tuvo en estos cincuenta años la relación entre cristianos y judíos, en que la indiferencia y oposición, dejaron paso a la colaboración y a la benevolencia. “De enemigos y extraños – dijo – nos hemos vuelto amigos y hermanos”.

Francisco afirmó asimismo que el mundo exhorta a los creyentes a colaborar entre nosotros y con los hombres y mujeres de buena voluntad que no profesan religión alguna, pidiendo respuestas efectivas sobre temas tan diversos como la paz, el hambre, la miseria que aflige a millones de personas, la crisis ambiental, la violencia, especialmente la cometida en nombre de la religión, la corrupción, la degradación moral, las crisis de la familia, de la economía, de la finanza, y, sobre todo, de la esperanza.

Hacia el final de su catequesis el Papa dijo que el inminente Jubileo Extraordinario de la Misericordia, es una ocasión propicia para trabajar juntos en el ámbito de las obras de caridad, en el que cuenta especialmente la compasión y al que pueden unirse tantas personas que no se sienten creyentes o que están en busca de Dios y de la verdad.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto y audio de la catequesis del Papa traducida del italiano:

Queridos hermanos y hermanas buenos días,

En las Audiencias generales hay a menudo personas o grupos pertenecientes a otras religiones; pero hoy esta presencia es del todo particular, para recordar juntos el 50º aniversario de la Declaración del Concilio Vaticano II Nostra aetate sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas. Este tema estaba fuertemente en el corazón del beato Papa Pablo VI, que en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final del Concilio había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. Expreso por eso mi gratitud y mi calurosa bienvenida a personas y grupos de diferentes religiones, que hoy han querido estar presentes, especialmente a quienes vienen de lejos.

El Concilio Vaticano II ha sido un tiempo extraordinario de reflexión, diálogo y oración para renovar la mirada de la Iglesia Católica sobre sí misma y sobre el mundo. Una lectura de los signos de los tiempos en miras a una actualización orientada a una doble fidelidad: fidelidad a la tradición eclesial y fidelidad a la historia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. De hecho Dios, que se ha revelado en la creación y en la historia, que ha hablado por medio de los profetas y completamente en su Hijo hecho hombre (cfr Heb 1,1), se dirige al corazón y al espíritu de cada ser humano que busca la verdad y los caminos para practicarla.

El mensaje de la Declaración Nostra aetate es siempre actual. Recuerdo brevemente algunos puntos:

  • La creciente interdependencia de los pueblos ( cfr n. 1);
  • La búsqueda humana de un sentido de la vida, del sufrimiento, de la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro camino (cfr n.1);
  • El origen común y el destino común de la humanidad (cfr n. 1);
  • La unicidad de la familia humana (cfr n. 1);
  • Las religiones como búsqueda de Dios o del Absoluto, en el interior de las varias etnias y culturas (cfr n. 1);
  • La mirada benévola y atenta de la Iglesia sobre las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de bello y verdadero (cfr n. 2);
  • La Iglesia mira con estima los creyentes de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cfr n. 3);
  • La Iglesia abierta al diálogo con todos, y al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, por comenzar en aquella que la salvación ofrecida a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que el Espíritu Santo está a la obra, fuente de paz y amor.

Son tantos los eventos, las iniciativas, las relaciones institucionales o personales con las religiones no cristianas de estos últimos cincuenta años, y es difícil recordar todos. Un hecho particularmente significativo ha sido el Encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Este fue querido y promovido por san Juan Pablo II, quien un año antes, es decir hace treinta años, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca deseaba que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama, encendida en Asís, se ha extendido en todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.

Una especial gratitud a Dios merece la verdadera y propia transformación que ha tenido en estos 50 años la relación entre cristianos y judíos. Indiferencia y oposición se transformaron en colaboración y benevolencia. De enemigos y extraños nos hemos transformado en amigos y hermanos. El Concilio, con la Declaración Nostra aetate, ha trazado el camino: “si” al redescubrimiento de las raíces judías del cristianismo; “no” a cualquier forma de antisemitismo y condena de todo insulto, discriminación y persecución que se derivan. El conocimiento, el respeto y la estima mutua constituyen el camino que, si vale en modo peculiar para la relación con los judíos, vale análogamente también para la relación con las otras religiones. Pienso en particular en los musulmanes, que -como recuerda el Concilio- «adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres» (Nostra aetate, 5). Ellos se refieren a la paternidad de Abraham, veneran a Jesús como profeta, honran a su Madre virgen, María, esperan el día del juicio, y practican la oración, la limosna y el ayuno (cfr ibid).

El diálogo que necesitamos no puede ser sino abierto y respetuoso, y entonces se revela fructífero. El respeto recíproco es condición y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de otros a la vida, a la integridad física, a las libertades fundamentales, es decir a la libertad de conciencia, de pensamiento, de expresión y de religión.

El mundo nos mira a nosotros los creyentes, nos exhorta a colaborar entre nosotros y con los hombres y las mujeres de buena voluntad que no profesan alguna religión, nos pide respuestas efectivas sobre numerosos temas: la paz, el hambre, la miseria que aflige a millones de personas, la crisis ambiental, la violencia, en particular aquella cometida en nombre de la religión, la corrupción, el degrado moral, la crisis de la familia, de la economía, de las finanzas y sobre todo de la esperanza. Nosotros creyentes no tenemos recetas para estos problemas, pero tenemos un gran recurso: la oración. Y nosotros creyentes rezamos, debemos rezar. La oración es nuestro tesoro, a la que nos acercamos según nuestras respectivas tradiciones, para pedir los dones que anhela la humanidad.

A causa de la violencia y del terrorismo se ha difundido una actitud de sospecha o incluso de condena de las religiones. En realidad, aunque ninguna religión es inmune del riesgo de desviaciones fundamentalistas o extremistas en individuos o grupos (cfr Discurso al Congreso EEUU, 24 de septiembre de 2015), es necesario mirar los valores positivos que viven y proponen y que son fuentes de esperanza. Se trata de alzar la mirada para ir más allá. El diálogo basado sobre el confiado respeto puede llevar semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y de colaboración en tantos campos, y sobre todo en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de los migrantes, en la atención a quien es excluido. Podemos caminar juntos cuidando los unos de los otros y de lo creado. Todos los creyentes de cada religión. Juntos podemos alabar al Creador por habernos dado el jardín del mundo para cultivar y cuidar como bien común, y podemos realizar proyectos compartidos para combatir la pobreza y asegurar a cada hombre y mujer condiciones de vida dignas.

El Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que está delante de nosotros, es una ocasión propicia para trabajar juntos en el campo de las obras de caridad. Y en este campo, donde cuenta sobretodo la compasión, pueden unirse a nosotros tantas personas que no se sienten creyentes o que están en búsqueda de Dios y de la verdad, personas que ponen al centro el rostro del otro, en particular el rostro del hermano y de la hermana necesitados. Pero la misericordia a la cual somos llamados abraza a todo el creado, que Dios nos ha confiado para ser cuidadores y no explotadores, o peor todavía, destructores. Debemos siempre proponernos dejar el mundo mejor de como lo hemos encontrado (cfr Enc. Laudato si’, 194), a partir del ambiente en el cual vivimos, de nuestros pequeños gestos de nuestra vida cotidiana.

Queridos hermanos y hermanas, en cuanto al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros, somos hermanos. Sin el Señor, nada es posible; con Él, ¡todo se convierte! Que nuestra oración pueda, cada uno según la propia tradición, pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad. Gracias. (Traducido por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

* SANTO DEL DÍAS “Santos Simón y Judas, apóstoles” 8de octubre

https://i0.wp.com/www.eltestigofiel.org/sys_imagenes/lectura/santoral/SimonZelote.jpg       https://i1.wp.com/www.eltestigofiel.org/sys_imagenes/lectura/santoral/JudasTadeo.jpg
Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero llamado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él».
Santos Simón y Judas, apóstoles
fecha: 28 de octubre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
patronazgo: Simón es patrono de los madereros, los trabajadores forestales, albañiles, curtidores, talabarteros, tejedores y tintoreros; y Judas protector en graves dificultades y preocupaciones, en situaciones desesperadas y «causas perdidas».
refieren a este santo: San Gregorio el Iluminador
oración:

Señor Dios nuestro, que nos llevaste al conocimiento de tu nombre por la predicación de los Apóstoles, te rogamos que, por intercesión de San Simón y San Judas, tu Iglesia siga siempre creciendo con la conversión incesante de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

Ver más información en:
Los Doce

Al igual que nos pasa con los demás Apóstoles, no tenemos sobre Simón y Judas Tadeo más que noticias imprecisas. Es natural: la Iglesia de los primeros años aguardaba la llegada del Reino con tanta inminencia, que no se ocupó de guardar memoria de los más cotidiano e insignificante -el día a día- de quienes la hacían; así que, paradójicamente, conservó con extremada fidelidad doctrina, espiritualidad, predicación, fe, todo lo más difícil de conservar… porque todo ello debía perdurar hasta el Reino; pero esos detalles mínimos que nos hacen «palpable» a cualquier personaje, no se conservaron: ¿tenían esposa? ¿hijos? ¿cuántos? ¿dónde nacieron? ¿dónde y cómo vivían? ¿dónde predicaron? ¿cómo murieron?

Pasadas una o dos generaciones la Iglesia tuvo que comprender que la promesa de Jesús de una vuelta inmediata no se medía en la escala del tiempo humano, y naturalmente se volvió más cuidadosa al detalle de la memoria cotidiana; pero los datos concretos de los principales «héroes humanos» de su propia historia, los Apóstoles y la Virgen, se habían perdido ya. Sin embargo la memoria popular no soporta vacíos: la memoria cotidiana de esos primeros años se comenzó a rellenar con datos recopilados aquí y allá. Muchos de esos datos seguramente se basan en un boca a boca cierto, sin embargo todos tienen algo en común: no pueden ser verificados ni falsificados, porque carecemos de fuentes externas para contrastarlos. No son pues -según el criterio que aplicamos a todo lo demás, y corresponde también aplicar al conocimiento histórico de la Iglesia- datos «históricos». Algunos autores tienen por costumbre confundir al pueblo cristiano enseñándole que todos esos datos son «tradición» de la Iglesia, y que por ello deben ser aceptados. No es verdad: la Tradición que debe ser admitida como revelación es la Tradición de la fe, es decir «aquello que los apóstoles creyeron y nos transmitieron en la vida de la Iglesia como parte del depósito de la fe, aunque no esté escrito en la Biblia». Es Tradición de la fe la Inmaculada Concepción, la Asunción de la Virgen, el culto de los santos, la economía sacramental de la salvación… es Tradición de la fe todo aquello que, siendo esencial a la identidad de la fe católica, no está explícito en la Biblia pero podemos saber, por testimonios indirectos, que formaba parte de las creencias de la generación apostólica. No es Tradición de la fe un montón de detalles simpáticos, anecdóticos y cotidianos sobre la primera Iglesia, que carecen de relevancia para la fe y cuya fuente histórica nos es desconocida.

Dicho esto, y aunque sea una auténtica lástima no poder cubrir la curiosidad mínima de cualquier persona, lo que sabemos con certeza sobre los Doce en conjunto no llega a ocupar lo mínimo que sabemos sobre uno sólo de los cristianos de la siguiente generación.

Simón el «zelote»

De lo poco que conocemos de los apóstoles, casi nada más que su nombre es lo que sabemos de Simón, llamado por Mateo y Marcos «el cananeo», mientras que por Lucas/Hechos, «el zelote». Puede ser que con ese apodo se refiera a los «zelotes» (que podría traducirse como «llenos de celo»), un grupo radical dentro de los tantos que conformaban el polifacético judaísmo de la época; estos zelotes se oponían a la dominación romana, y al sincretismo cultural que ello traía aparejado. Se comprende que Jesús -que hablaba de una inminente instauración del Reino de Dios- atrajera la atención de estas corrientes. Aunque algunos autores afirman que los zelotes, como grupo de resistencia, nacieron algunas décadas después, así que este adjetivo indicaría más bien el hecho de que era un celoso cumplidor de la Ley, que más que un problema con la dominación romana, lo tenía con los judíos de mentalidad más relajada. No parece claro qué podía atraer de Jesús, que comía con publicanos y pecadores, a alguien que mereciera el apodo de «legalista celoso»; sin embargo, el mismo Jesús que comía con publicanos y pecadores dijo que no caería ni una «iod» de la Ley. Sin duda que Jesús se supo atraer a todas las sensibilidades, a un recaudador de impuestos como Leví y a un celoso cumplidor como Simón, y a cada uno le enseñó, y le exigió -y le exige- renunciar a sus criterios exclusivistas para abrazar los criterios de inclusividad del Reino.

El apelativo «cananeo» podría corresponder al gentilicio de «nacido en Caná» (aldea que conocemos por las bodas narradas por Juan), sin embargo podría ser también -y en general la crítica actual toma este partido- la forma aramea original (qan’ana) del nombre «zelote», que es griego y que, por tanto, no es la forma original del apelativo.

Por lo demás a Simón a no se le atribuye ninguna anécdota dentro de los evangelios; es uno de los Doce, y sólo lo podemos imaginar actuando como coro, ya que cuanto se habla de Simón en el NT se refiere a Simón Pedro. No sabemos, por tanto, tampoco cómo continuó el curso de su vida ni cómo murió, más allá de la suposición general de que los Doce sufrieron la misma suerte martirial que el Maestro.

A partir de esta falta de datos, la imaginación ha hecho el resto, y lo ha hecho así:
-Puesto que se dice de él que es «de Santiago», algunos lo identifican como «hermano de Santiago» y no -como es más natural- como «hijo de [algún] Santiago», por lo tanto deducen que tiene que ser el Simón que es pariente de Jesús, según Mt 13,55 (y paralelos). Como al Santiago pariente del Señor la tradición posterior lo ha identificado (también sin demasiada base) con uno de los Santiago Apóstol (el llamado menor), entonces Simón resultaría ser, según cuenta Hegésipo en el siglo II, el sucesor de Santiago el Menor como obispo de Jerusalén, hasta el 107, cuando sufrió el martirio en Pella.
-También se lo ha identificado con Natanael de Caná y ¡con el maestresala de las Bodas de Caná!, apoyadas estas identificaciones en la solidísima base del supuesto gentilicio «cananeo».
-en Armenia se lo identifica como apóstol de los armenios, y habría sufrido allí el martirio.
-San Fortunato de Poitiers transmite que evangelizó Persia con Judas Tadeo, y sufrió allí el martirio y fue enterrado, aunque otras tradiciones sitúan la tumba en el Cáucaso…

Los atributos del apóstol en la iconografía son variables: hasta el siglo XIII, pero retomado en el XVI, suele estar representado con un rollo o libro, sin símbolos de martirio, mientras que en los siglos intermedios a los mencionados aparece con distintos atributos martiriales, acorde con las mil leyendas sobre su muerte (serrado en dos, decapitado, etc).

Judas Tadeo

En cuanto a Judas Tadeo, poco más de lo mismo: le cupo la escasa suerte de llamarse con un nombre precioso en la tradición bíblica («el judío», que es lo que significa Judas), pero lamentablemente infamante para los cristianos, por el otro Judas, el traidor; con una mano en el corazón, por mucha devoción que se le tenga a Judas Tadeo, ¿quién le pondría a su hijo de nombre Judas?

Tadeo (Thaddaios) es un apelativo, cuyo significado quedó incierto para nosotros; algunos lo hacen significar «de pecho amplio», es decir, «magnánimo». A este Judas se le atribuye una única intervención individual en el Evangelio, en Juan 14,22:
«Le dice Judas -no el Iscariote-: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’»
Lo que mereció de Jesús esa hermosa respuesta:
«Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.»

A Judas Tadeo se le atribuye una epístola muy breve -apenas 25 versículos- del NT, la llamada, precisamente, Epístola de San Judas, última del grupo de las siete «católicas» (es decir, sin destinatario conocido, y por tanto universales). La epístola depende estrechamente del libro apócrifo de Henoc, y a su vez es citada casi literalmente por 2Pedro 2; es sin duda una epístola-puente en un problema que acució a la primera iglesia: ¿por qué Jesús, que dijo que volvía enseguida, se retrasa? El hecho de que subyaga precisamente esta pregunta, junto a otros datos de crítica interna del texto hacen casi seguro afirmar hoy que la epístola es escasísimamente probable que provenga de mano directa de uno de los apóstoles.

Las tradiciones posteriores hacen de Tadeo el evangelizador de Mesopotamia o de Libia, y sufrido el martirio, su cuerpo estaría, junto con Simón Zelote, en Persia, según la tradición ya mencionada de Fortunato de Poitiers. En la iconografía tradicional se lo representa con una alabarda o lanza, dato que proviene de algunas leyendas sobre su martirio. Debe señalarse que no todos los autores están de acuerdo con que Judas «no el Iscariote» y Judas «Tadeo» sean la misma persona, en cuyo caso lo poco que afirmábamos antes, se reduce a mucho menos. Es el patrono de las «causas perdidas», dentro de las cuales se encuentran los intentos por conocerlo históricamente un poco mejor…

Para los datos críticos sobre las listas neotestamentarias de los Apóstoles, así como la epigrafía de la Carta de Judas puede verse cualquier introducción actual al NT; por ejemplo, en Comentario Bíblico «San Jerónimo», tomo V, nº 78, Aspectos del pensamiento neotestamentario, hay un interesante capítulo dedicado a Los Doce, que puede servir como punto de partida; allí mismo, en el Tomo IV, está el comentario a la Carta de Judas. En el libro de Meier «Un judío marginal», en el tomo III, capítulo 27, se encontrará una muy sólida aproximación estrictamente histórica a los Doce, aunque conviene leer previamente los capítulos metodológicos introductorios, que están en el volumen I. Los datos «tradicionales» sobre los apóstoles pueden leerse en buena síntesis en Santi e Beati (en italiano), que consagra un artículo para cada uno de los dos apóstoles, además de la noticia de conjunto.
Los cuadros que ilustran a uno y otro son -como es fácil deducir- del Greco, de su serie de Apóstoles de 1610/14.

Abel Della Costa

accedida 2518 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=3929

* FAMILIA -Sinodo de los obispos-Discurso completo del Santo Padre en el cierre del Sínodo

https://i0.wp.com/vaticaninsider.lastampa.it/typo3temp/pics/78006d3046.jpg
https://i1.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/10/24/AP3139935_Articolo.jpg
26 de oct de 2015

«El primer deber de la Iglesia no es el de distribuir condenas o anatemas, sino el de proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor»

AUDIO de Radio Vaticana: http://media02.radiovaticana.va/audio/audio2/mp3/00500166.mp3

AUDIO hablando del Sinodo, Obispo Munilla:

http://www.ivoox.com/sexto-continente-2015-10-26-audios-mp3_rf_9161451_1.html?autoplay=true

Texto completo del discurso del Papa:

Queridas Beatitudes, eminencias, excelencias, Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera ante todo agradecer al Señor que ha guiado nuestro camino sinodal en estos años con el Espíritu Santo, que nunca deja a la Iglesia sin su apoyo.

Agradezco de corazón al Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, a Monseñor Fabio Fabene, Subsecretario, y también al Relator, el Cardenal Peter Erdö, y al Secretario especial, Monseñor Bruno Forte, a los Presidentes delegados, a los escritores, consultores, traductores y a todos los que han trabajado incansablemente y con total dedicación a la Iglesia: gracias de corazón.

Agradezco a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, delegados fraternos, auditores y auditoras, asesores, párrocos y familias por su participación activa y fructuosa.

Doy las gracias igualmente a los que han trabajado de manera anónima y en silencio, contribuyendo generosamente a los trabajos de este Sínodo.

Les aseguro mi plegaria para que el Señor los recompense con la abundancia de sus dones de gracia.

Mientras seguía los trabajos del Sínodo, me he preguntado: ¿Qué significará para la Iglesia concluir este Sínodo dedicado a la familia?

Ciertamente no significa haber concluido con todos los temas inherentes a la familia, sino que ha tratado de iluminarlos con la luz del Evangelio, de la Tradición y de la historia milenaria de la Iglesia, infundiendo en ellos el gozo de la esperanza sin caer en la cómoda repetición de lo que es indiscutible o ya se ha dicho.

Seguramente no significa que se hayan encontrado soluciones exhaustivas a todas las dificultades y dudas que desafían y amenazan a la familia, sino que se han puesto dichas dificultades y dudas a la luz de la fe, se han examinado atentamente, se han afrontado sin miedo y sin esconder la cabeza bajo tierra.

Significa haber instado a todos a comprender la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana.

Significa haber escuchado y hecho escuchar las voces de las familias y de los pastores de la Iglesia que han venido a Roma de todas partes del mundo trayendo sobre sus hombros las cargas y las esperanzas, la riqueza y los desafíos de las familias.

Significa haber dado prueba de la vivacidad de la Iglesia católica, que no tiene miedo de sacudir las conciencias anestesiadas o de ensuciarse las manos discutiendo animadamente y con franqueza sobre la familia.

Significa haber tratado de ver y leer la realidad o, mejor dicho, las realidades de hoy con los ojos de Dios, para encender e iluminar con la llama de la fe los corazones de los hombres, en un momento histórico de desaliento y de crisis social, económica, moral y de predominio de la negatividad.

Significa haber dado testimonio a todos de que el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, contra quien quiere «adoctrinarlo» en piedras muertas para lanzarlas contra los demás.

Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.

Significa haber afirmado que la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos, o mejor dicho, de los justos y de los santos cuando se sienten pobres y pecadores.

Significa haber intentado abrir los horizontes para superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible.

En el curso de este Sínodo, las distintas opiniones que se han expresado libremente –y por desgracia a veces con métodos no del todo benévolos– han enriquecido y animado sin duda el diálogo, ofreciendo una imagen viva de una Iglesia que no utiliza «módulos impresos», sino que toma de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones resecos.

Y –más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia– hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado. El Sínodo de 1985, que celebraba el vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, habló de la inculturación como «una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas».

La inculturación no debilita los valores verdaderos, sino que muestra su verdadera fuerza y su autenticidad, porque se adaptan sin mutarse, es más, trasforman pacíficamente y gradualmente las diversas culturas.

Hemos visto, también a través de la riqueza de nuestra diversidad, que el desafío que tenemos ante nosotros es siempre el mismo: anunciar el Evangelio al hombre de hoy, defendiendo a la familia de todos los ataques ideológicos e individualistas.

Y, sin caer nunca en el peligro del relativismo o de demonizar a los otros, hemos tratado de abrazar plena y valientemente la bondad y la misericordia de Dios, que sobrepasa nuestros cálculos humanos y que no quiere más que «todos los hombres se salven» (1 Tm 2,4), para introducir y vivir este Sínodo en el contexto del Año Extraordinario de la Misericordia que la Iglesia está llamada a vivir.

También san Juan Pablo II dijo que «la Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia […] y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora».

Y el Papa Benedicto XVI decía: «La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios […] Todo lo que la Iglesia dice y realiza, manifiesta la misericordia que Dios tiene para con el hombre. Cuando la Iglesia debe recordar una verdad olvidada, o un bien traicionado, lo hace siempre impulsada por el amor misericordioso, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia (cf. Jn 10,10)».

En este sentido, y mediante este tiempo de gracia que la Iglesia ha vivido, hablado y discutido sobre la familia, nos sentimos enriquecidos mutuamente; y muchos de nosotros hemos experimentado la acción del Espíritu Santo, que es el verdadero protagonista y artífice del Sínodo. Para todos nosotros, la palabra «familia» no suena lo mismo que antes, hasta el punto que en ella encontramos la síntesis de su vocación y el significado de todo el camino sinodal.

Para la Iglesia, en realidad, concluir el Sínodo significa volver verdaderamente a «caminar juntos» para llevar a todas las partes del mundo, a cada Diócesis, a cada comunidad y a cada situación la luz del Evangelio, el abrazo de la Iglesia y el amparo de la misericordia de Dios.

Queridos Hermanos:

La experiencia del Sínodo también nos ha hecho comprender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón. Esto no significa en modo alguno disminuir la importancia de las fórmulas, de las leyes y de los mandamientos divinos, sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, ni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de su misericordia (cf. Rm 3,21-30; Sal 129; Lc 11,37-54). Significa superar las tentaciones constantes del hermano mayor (cf. Lc 15,25-32) y de los obreros celosos (cf. Mt 20,1-16). Más aún, significa valorar más las leyes y los mandamientos, creados para el hombre y no al contrario (cf. Mc 2,27).

En este sentido, el arrepentimiento debido, las obras y los esfuerzos humanos adquieren un sentido más profundo, no como precio de la invendible salvación, realizada por Cristo en la cruz gratuitamente, sino como respuesta a Aquel que nos amó primero y nos salvó con el precio de su sangre inocente, cuando aún estábamos sin fuerzas (cf. Rm 5,6).

El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor (cf. Jn 12,44-50).

El beato Pablo VI decía con espléndidas palabras: «Podemos pensar que nuestro pecado o alejamiento de Dios enciende en él una llama de amor más intenso, un deseo de devolvernos y reinsertarnos en su plan de salvación […]. En Cristo, Dios se revela infinitamente bueno […]. Dios es bueno. Y no sólo en sí mismo; Dios es –digámoslo llorando- bueno con nosotros. él nos ama, busca, piensa, conoce, inspira y espera. él será feliz –si puede decirse así–el día en que nosotros queramos regresar y decir: “Señor, en tu bondad, perdóname. He aquí, pues, que nuestro arrepentimiento se convierte en la alegría de Dios».

Iluminar las conciencias, a menudo asediadas por dinámicas nocivas y sutiles, que pretenden incluso ocupar el lugar de Dios creador. Estas dinámicas deben de ser desenmascaradas y combatidas en el pleno respeto de la dignidad de toda persona humana.

Ganar y reconstruir con humildad la confianza en la Iglesia, seriamente disminuida a causa de las conductas y los pecados de sus propios hijos. Por desgracia, el antitestimonio y los escándalos en la Iglesia cometidos por algunos clérigos han afectado a su credibilidad y han oscurecido el fulgor de su mensaje de salvación.

Trabajar para apoyar y animar a las familias sanas, las familias fieles, las familias numerosas que, no obstante las dificultades de cada día, dan cotidianamente un gran testimonio de fidelidad a los mandamientos del Señor y a las enseñanzas de la Iglesia.

Idear una pastoral familiar renovada que se base en el Evangelio y respete las diferencias culturales. Una pastoral capaz de transmitir la Buena Noticia con un lenguaje atractivo y alegre, y que quite el miedo del corazón de los jóvenes para que asuman compromisos definitivos. Una pastoral que preste particular atención a los hijos, que son las verdaderas víctimas de las laceraciones familiares. Una pastoral innovadora que consiga una preparación adecuada para el sacramento del matrimonio y abandone la práctica actual que a menudo se preocupa más por las apariencias y las formalidades que por educar a un compromiso que dure toda la vida.

Amar incondicionalmente a todas las familias y, en particular, a las pasan dificultades. Ninguna familia debe sentirse sola o excluida del amor o del amparo de la Iglesia. El verdadero escándalo es el miedo a amar y manifestar concretamente este amor.

¡Gracias!

* RELIGION “«Hay elementos de verdad en el islam» “

https://i0.wp.com/www.loquesomos.org/wp-content/uploads/2015/08/Nostra-Aetate-loquesomos.jpg

Entrevista a José Luis Sánchez Nogales en el 50 aniversario de la declaración Nostra aetate.

La Iglesia había vivido en una especie de pretensión de absolutez con rasgos excluyentes. Con el Concilio, asume una visión del mundo cristocéntrica, pero precisamente porque Cristo está en el centro tiene que ver con todo lo que hay en el mundo. La declaración Nostra aetate empezó a fraguarse a raíz de un documento que el rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma entregó al cardenal Agustin Bea, porque en ambientes europeos se entendía que había que decir algo sobre el pueblo judío y el antisemitismo.

¿Como reacción frente al Holocausto?

Bea era alemán. Eso influyó mucho. Pero hubo padres conciliares, sobre todo los procedentes de países de mayoría islámica, que pidieron que se dijera también algo sobre los musulmanes, ya que, si no, ellos iban a tener dificultades. Y así se abre el espectro. Nostra aetate empieza a llamar a las otras religiones por su nombre, en lugar de hablar de mahometanos, sarracenos, paganos… Ya Juan XXIII había suprimido la expresión pérfidos -referida a los judíos- de la oración del Viernes Santo, y del rito de bautismo de adultos se quitaron expresiones denigrantes hacia los musulmanes y los judíos. Nostra aetate no va a reconocer a estas religiones como vías de salvación, porque hay un único camino, que es Jesucristo, y la Iglesia, que es su sacramento. Pero sí reconoce que en ellas hay elementos de bondad y de verdad, semillas del verbo. Deben ser sanados, purificados y elevados, pero están ahí.

Si ese aprecio hacia las demás religiones se fundamenta en razones teológicas, la reciprocidad -el trato dispensado a los cristianos en países de otras religiones- no influye.

Exactamente. La Iglesia considera que no es malo que los musulmanes crean en Dios o que se remitan a Abraham. No reconocen a Jesús como Dios, pero eso no significa que todo en el islam sea rechazable.

Muchos se preguntan por qué si los musulmanes, donde son mayoría, no respetan la libertad religiosa de los cristianos, nosotros debemos defender que se les deje construir aquí mezquitas.

Esa cuestión, más que a Nostra aetate, remite a la declaración Dignitatis humanae. La libertad de religión y conciencia la tiene el ser humano simplemente por ser hijo de Dios. Hay un fundamento teológico. El tema político es distinto. ¿Por qué los gobiernos occidentales no exigen reciprocidad para sus ciudadanos cuando están en países de mayoría musulmana? Ese es un tema táctico-político, pero nosotros no podemos hacer depender nuestro aprecio hacia determinados elementos valiosos de otras religiones de que haya o no reciprocidad.

Se habla de las tres religiones del libro, pero hay conceptos, como el de la Trinidad, que implican una comprensión muy distinta de Dios.

Ese es el problema. Necesitamos un depósito lingüístico mínimo común. Sin embargo, creo que hay al menos dos elementos importantes para el diálogo: la Virgen, muy apreciada e incluso venerada por ellos, y Abraham. Esta figura sí daría pie a un cierto lenguaje común para dialogar y contribuir a consolidar los bienes morales, la justicia y la paz. Quizá la imagen de Abraham que sienta en su mesa en Mambré a los tres ángeles que vienen a anunciarle el nacimiento de Isaac y el castigo de Sodoma podría ser una metáfora de sentar juntas a las tres grandes religiones monoteístas, que no las religiones del libro. Nosotros no somos una religión del Libro, sino de la Palabra hecha carne.

A los no expertos, este tipo de cuestiones nos pillan un poco lejos, pero sí tenemos un vecino musulmán al que saludamos cada día. ¿Cómo se enfoca aquí el diálogo?

Lo primero es saber que, aunque la Iglesia quiere entrar en diálogo con las religiones no cristianas, eso no la dispensa del anuncio de Jesucristo como único mediador y salvador. La predicación del Evangelio es constitutiva de la misión y de la naturaleza de la Iglesia. Sin esa predicación, la Iglesia dejaría de serlo. Pero hay una acción en la que diálogo y evangelización se interconectan, que es el testimonio. En la vida diaria, con su testimonio de coherencia, el cristiano está haciendo un anuncio, no completo, pero sí un anuncio. El problema es cuando el musulmán ve que él cumple unos preceptos y el cristiano, no.

¿Está diciendo que debemos presentarnos en casa de ese vecino musulmán a anunciarle el Evangelio?

La evangelización comienza con el diálogo desde la propia identidad. Ese diálogo es ya evangelización, pero esta no culmina hasta que no se ha hecho el anuncio explícito. En la práctica, cuando el anuncio no es fácil, queda el testimonio. Muchos misioneros en países islámicos no pueden hacer un anuncio directo y hacen presente a Cristo con su vida. En tu vida diaria, tampoco vas a ponerte de primeras a darle una catequesis a tu vecino musulmán. Lo primero es el testimonio de vida cristiana. Después, a lo mejor, se llega a un segundo nivel, en el que explicas cómo la fe sostiene tu vida.

Conversiones ha habido pocas.

Pero las hay. Lo que sucede es que, mientras los musulmanes aventan las conversiones al islam a bombo y platillo, cuando ocurre a la inversa se actúa con mucha prudencia, porque la ley islámica condena al apóstata. Pero sí es cierto que el diálogo con los musulmanes requiere «una paciencia geológica», como decía el padre George Anawati, dominico egipcio que fue director del Instituto de Estudios Orientales de El Cairo. Tenemos estructuras mentales y psicológicas muy distintas. Además, cuando nos enfrentamos a radicalismos violentos ese diálogo ya no es posible. Lo dijo Benedicto XVI en Ratisbona: no actuar conforme a la razón es contrario a la naturaleza de Dios. Donde no hay racionalidad, no hay diálogo posible.

Ricardo Benjumea

——————————————————————————–

José Luis Sánchez Nogales es profesor de Teología de las Religiones en la Facultad de Teología de Granada. Tendrá a su cargo la ponencia introductoria en el acto organizado el próximo miércoles por la CEE por el 50º aniversario de la declaración Nostra aetate, en el que intervendrán el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, y el presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España, Riay Tatary. Del 26 al 28 de octubre Sánchez Nogales participa en las XXV Jornadas de Delegados de Secretariados de Relaciones Interconfesionales, dedicadas al tema Cristianismo e Islam: 1.400 años de difícil convivencia.

fuente: Alfa & Omega

* DEFENSA DE LA VIDA “Histórico apelo a líderes mundiales para luchar contra el cambio climático”

https://aleteiaspanish.files.wordpress.com/2013/09/gxrf8-c-nkjyir_wnjvlcucr2cuejmqfynlmx9col0t3xap2oj0q_5h8pdcnktzdbfploehhgllky-3npmkdegln7p8.jpg?w=512

En el Vaticano se presentó este lunes 26 de octubre un documento-apelo dirigido a la Conferencia de las Partes sobre el cambio climático de París (COP 21), firmado por los cardenales, patriarcas y obispos, representantes de las Conferencias Episcopales de los cinco continentes.

El cardenal Rubén Salazar Gómez, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y Arzobispo de Bogotá (Colombia) contó a Aleteia más detalles del apelo de la Iglesia a los líderes del mundo para firmar un acuerdo vinculante a favor del Cuidado de la Casa Común.

El presidente del CELAM subrayó en nombre de 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe que el cambio climático está tocando la vida de los más pobres. “Los campesinos saben lo que ocurre”, dijo.

“Es un apelo que estamos haciendo los representantes de las conferencias episcopales de los cinco continentes a la reunión que se va a realizar en París en noviembre”, añadió.

Se trata de un apelo “que nace de la conciencia clara de la necesidad de que se adopten políticas mundiales efectivas, que lleven verdaderamente a un cambio de mentalidad. Por lo tanto, a un cambio de políticas en campos concretos que nosotros sabemos están causando el cambio climático”.

El prelado colombiano destacó el mensaje del Papa en la Laudato Sí y el imperativo de actuar ahora para evitar una mayor catástrofe ecológica.

“Es la primera vez que la Iglesia hace un apelo de este tipo, pero pienso que era hora de que lo hiciéramos. Nos ha movido a ello, no sólo la conciencia que nos ha despertado el Papa Francisco con la Laudato Sí, sino también en la constatación que hacemos todos los días de cómo avanzan los daños del cambio climático y, especialmente esto se siente en las poblaciones más pobres, y menos protegidas que tenemos nosotros”.

Por eso, “sentimos como Iglesia la necesidad de hacer este apelo que esperamos sea escuchado”.

El cardenal expresó que el ambiente es de todos y existe una responsabilidad compartida en todos los niveles. La Cop 21 “tomará decisiones. Pero también nosotros debemos actuar y no dejar que ellos tomen todas las iniciativas”.

El cardenal recordó el peso del cambio climático en el Amazonía para “mantener el equilibrio del ambiente” a nivel mundial. Además destacó los problemas de la deforestación, la minería, la contaminación de los recursos. “Necesitamos una agricultura sana y un crecimiento sostenible”.

Durante la conferencia de presentación de la iniciativa en el Vaticano, también se escuchó la voz de la Iglesia en Asia. “En París los jefes de estado tomarán decisiones vinculantes sobre el cambio climático. Ya estamos viviendo los cambios. En Oceanía y en Asía. Hemos tenido inundaciones en Bangkok y tifones en Filipinas”, dijo el cardenal Oswald Gracias, presidente de la federación de las Conferencias Episcopales asiáticas (FABC).

“Lo que pedimos es un acuerdo firmado por todos, vinculante y que no sea sólo una recomendación. Algo que haga la diferencia y transforme los comportamientos de las personas. El Papa Francisco nos ha recordado que el destino del hombre depende del desafío de respetar la creación”, añadió el también Arzobispo de Bombay, India.

Se trata de “un llamado para que los gobiernos tomen decisiones políticas a favor del ambiente y más a largo plazo bajo principios éticos que impactarán en los próximo 100 años”, expresó el cardenal Gracias.

El apelo consta de las siguientes partes: Cambio climático: retos y oportunidades, El desarrollo sostenible debe incluir a los pobres, Líderes valientes dispuestos a adoptar acuerdos aplicables, y por ultimo cierra con diez propuestas de la Iglesia católica.

El Cop 21 se llevará a cabo en París (Francia), del 30 de noviembre al 11 de diciembre. La iniciativa del documento-apelo está promovida por el Consejo Pontificio Justicia y Paz y se inspira en la Encíclica Laudato si’, firmada por el papa Francisco.

* MENSAJE DE NUESTRA SEÑORA DE LA PA medjugorje 25 de ontubre 2015

Marija during an apparition ^ Queridos hijos! Mi oración también hoy es para todos ustedes, especialmente para aquellos que se han vuelto duros de corazón a mi llamado. Ustedes viven días de gracia y no son conscientes de los dones que Dios les da a través de mi presencia. Hijitos, decídanse también hoy por la santidad y tomen el ejemplo de los santos de estos tiempos y verán que la santidad es una realidad para todos ustedes. Regocíjense en el amor, hijitos, porque ustedes son únicos e insustituibles ante los ojos de Dios, porque son la alegría de Dios en este mundo. Testimonien la paz, la oración y el amor. Gracias por haber respondido a mi llamado.

* ANGELUS PAPA FRANCISCO “Dios es el primero en querer caminar junto a nosotros, en querer hacer “sínodo” con nosotros. El Papa en el Ángelus”

https://i0.wp.com/media02.radiovaticana.va/photo/2015/10/25/RV10455_LancioGrande.jpg

(RV).-  A mediodía del domingo 25 de octubre el Papa Francisco presidió el rezo de la oración mariana con los miles de fieles que se congregaron en la Plaza de San Pedro para orar con él. Refiriéndose al apenas concluido Sínodo, el Santo Padre agradeció nuevamente a Dios “por estas tres semanas de intenso trabajo, animado por la oración y por un espíritu de verdadera comunión”. Precisamente el Obispo de Roma recordó el significado de palabra “sínodo”: “caminar juntos”.

“Aquella que hemos vivido -constató-  ha sido la experiencia de la Iglesia en camino, en camino especialmente con las familias del Pueblo santo de Dios esparcido en todo el mundo”. El Obispo de Roma observó que la experiencia sinodal vivida se refleja en la Palabra de Dios que es el primero “en querer caminar junto a nosotros, en querer hacer ‘sínodo’ con nosotros”.

Recordando especialmente a las familias sufrientes, “desarraigadas de sus tierras”, el Papa dijo que han estado presentes en el Sínodo a través de la voz de algunos de sus Pastores presentes en la Asamblea.  “Estas personas en busca de dignidad, estas familias en busca de paz siguen permaneciendo con nosotros, la Iglesia no las abandona, porque forman parte del pueblo que Dios quiere liberar de la esclavitud y guiar hacia la libertad”.

(RC – RV).

Palabras del Santo Padre antes del rezo del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas , buenos días!

Esta mañana, con la Santa Misa celebrada en la Basílica de San Pedro, concluyó la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia. Invito a todos a dar gracias a Dios por estas tres semanas de intenso trabajo, animado por la oración y por un espíritu de verdadera comunión. Ha sido arduo, pero ha sido un verdadero don de Dios, que seguramente traerá muchos frutos.

La palabra “sínodo” significa “caminar juntos”. Y aquella que hemos vivido ha sido la experiencia de la Iglesia en camino, en camino especialmente con las familias del Pueblo santo de Dios esparcido en todo el mundo. Por esto me ha impresionado la Palabra de Dios que hoy nos sale al encuentro en la profecía de Jeremías. Dice asi: «Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí!». Y el profeta agrega: «Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque yo soy un padre para Israel» (31,8-9).

Esta Palabra de Dios nos dice que el primero en querer caminar junto a nosotros, a querer hacer “sínodo” con nosotros, es precisamente Él, nuestro Padre. Su “sueño”, desde siempre y por siempre, es el de formar un pueblo, de reunirlo, de guiarlo hacia la tierra de la libertad y de la paz. Y este pueblo está hecho de familias: están «la mujer embarazada y la parturienta»; es un pueblo que mientras camina lleva adelante la vida, con la bendición de Dios.

Es un pueblo que no excluye a los pobres y a los desfavorecidos, es más, los incluye. Dice el profeta: «entre ellos están el ciego y el lisiado». Es una familia de familias, en la que quien enfrenta fatigas no se encuentra marginado, dejado atrás, sino que logra seguir el paso de los otros, porque este pueblo camina al paso de los últimos; como se hace en las familias, y como nos enseña el Señor, que se ha hecho pobre con los pobres, pequeño con los pequeños, último con los últimos. No lo ha hecho para excluir a los ricos, a los grandes y a los que están primero, sino porque ésta es la única forma para salvar también a ellos, para salvar a todos. Ir con los pequeños, con los excluídos, con los últimos.

Les confieso que esta profecía del pueblo en camino la he comparado también con las imágenes de los prófugos en marcha por los caminos de Europa, una realidad dramática de nuestros dias. Dios también les dice a ellos: «Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo». También estas familias tan sufrientes, desarraigadas de sus tierras, han estado presentes con nosotros en el Sínodo, en nuestra oración y en nuestros trabajos, a través de la voz de algunos de sus Pastores presentes en la Asamblea. Estas personas en busca de dignidad, estas familias en busca de paz siguen permaneciendo con nosotros, la Iglesia no las abandona, porque forman parte del pueblo que Dios quiere liberar de la esclavitud y guiar hacia la libertad.

Por lo tanto, en esta Palabra de Dios, se refleja ya sea la experiencia sinodal que hemos vivido, ya sea el drama de los prófugos en marcha por los caminos de Europa. Que el Señor, por intercesión de la Virgen María, nos ayude también a realizar las indicaciones surgidas en forma de fraterna comunión.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Radio Vaticano)

Después de rezar el Ángelus el Papa Bergoglio saludó a los queridos hermanos y hermanas romanos y peregrinos de diversos países que se habían dado cita en la Plaza de San Pedro.

El Santo Padre saludó de modo especial a la Hermandad del Señor de los Milagros de Roma, ¡cuántos peruanos hay en la plaza!, que con tanta devoción llevaron en procesión la imagen venerada en Lima, Perú, sin olvidar a los demás emigrantes peruanos a quienes les agradeció su testimonio.

Además el Obispo de Roma saludó a los peregrinos músicos de la “Musikverein Manhartsberg”, procedentes de la diócesis austríaca de Viena y a la Orquesta de Landwehr, Friburgo, Suiza, que el día anterior ofrecieron un concierto de beneficencia.

Por último el Pontífice saludó a la Asociación de los voluntarios hospitalarios de “San Juan” de Lagonegro, y al grupo procedente de la Diócesis italiana de Oppido Mamertina-Palmi.

Francisco concluyó deseando a todos feliz domingo y pidiendo, como suele hacer, que no se olviden de rezar por él, sumando a su deseo de “¡buen almuerzo y hasta la vista!”.

(MFB – RV).