*ANGELUS “La señal de la Cruz nos recuerda que el Misterio de la Trinidad abraza nuestro ser y nuestra vida, dijo el Papa y Francisco recuerda el testimonio de amor del nuevo beato Louis Edouard Cestac”

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“Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano -dijo el Papa en la reflexiómn previa a la oración del Ángelus-. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos – y con voz fuerte – la señal de la cruz ¡todos juntos! En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Audio y texto completo traducido del Italiano de la reflexión del domingo de la Solemnidad de la Trinidad

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! Y ¡Buen domingo!

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha enseñado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de Sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio.  Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a todos los pueblos  les dijo que los bautizaran «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)

Este mandato, Cristo lo encomienda en todo tiempo a la Iglesia, que ha heredado de los Apóstoles el mandato misionero. Lo dirige también a cada uno de nosotros, que, gracias al Bautismo, formamos parte de su Comunidad.

Por lo tanto, la solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo – del cual provenimos y hacia el cual vamos – nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros, sobre el modelo de esa comunión de Dios. No estamos llamados a vivir ‘los unos sin los otros, encima o contra los otros’, sino ‘los unos con los otros, por los otros y en los otros’. Ello significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas, bajo la guía de los Pastores. En una palabra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y de evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios, que habita en nosotros.

La Trinidad, como había empezado a decir, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente ‘trinitario’: el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado. Su Evangelio; y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos pues, mantener siempre elevado el ‘tono’ de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria nosotros existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.

Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos – y con voz fuerte – la señal de la cruz ¡todos juntos! En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En este último día del mes de mayo, el mes mariano, nos encomendamos a la Virgen María. Que Ella – que más que cualquier otra criatura, ha conocido, adorado, amado el misterio de la Santísima Trinidad – nos guíe de la mano; nos ayude a percibir, en los eventos del mundo, los signos de la presencia de Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo; nos obtenga amar al Señor Jesús con todo el corazón, para caminar hacia la visión de la Trinidad, meta maravillosa a la cual tiende nuestra vida. Le pedimos también que ayude a la Iglesia a ser, misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada».

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

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(RV).- Después de rezar a la Madre de Dios, el Papa Francisco recordó que el último domingo de mayo en Bayonne, Francia, fue proclamado beato el sacerdote Louis-Edouard Cestac, fundador de las Religiosas Siervas de María, de cuya figura dijo: “Su testimonio de amor a Dios y al prójimo es para la Iglesia un nuevo aliciente para vivir con alegría el Evangelio de la caridad”.

El Obispo de Roma también saludó a los queridos romanos y peregrinos, que viajaron con sus familias, grupos parroquiales, asociaciones y escuelas. De modo especial el Santo Padre saludó a los fieles de La Valletta, Malta; Cáceres, España y Michoacán, México; así como a los procedentes de diversas localidades italianas; sin olvidar a los chicos que han recibido o se preparan a recibir el Sacramento de la Confirmación, a quienes animó a ser gozosos testigos de Jesús.

“Al término del mes de mayo – dijo el Papa – me uno espiritualmente a las tantas expresiones de devoción a María Santísima; de modo particular menciono a la gran peregrinación de los hombres al Santuario de Piekary, en Polonia, que tiene por tema: “La familia: casa acogedora”. De ahí que Francisco haya manifestado su deseo de “que la Virgen ayuda a toda familia a ser “casa acogedora”.

El Papa Bergoglio recordó asimismo que el próximo jueves se llevará a cabo en Roma la tradicional procesión del Corpus Domini. A las 19.00 en la Plaza de San Juan de Letrán – dijo – celebraré la Santa Misa y, por tanto, adoraremos al Santísimo Sacramento, caminando hasta la Plaza de Santa María la Mayor. De ahí la invitación del Santo Padre, a participar desde ahora en este solemne acto público de fe y de amor a Jesús Eucaristía, presente en medio de su pueblo.

Antes de concluir sus palabras el Papa invitó a los fieles presentes a hacerse el Signo de la Cruz en voz alta recordando el misterio de la Santísima Trinidad.

Y concluyó deseando a todos feliz domingo, pidiendo por favor, que no se olviden de rezar por él. “Buen almuerzo y hasta la vista”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Fuente. Radio vaticano

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