* IGLESIA PERSEGUIDA “Mons. Aguer: “Del genocidio armenio al genocidio del siglo XXI”

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12 de may de 2015

Dentro de la misma cuestión, monseñor Aguer comentó el drama de los miles de personas que huyendo del hambre y de las guerras en Africa y el Medio Oriente intentan refugiarse en Europa.

Es un gran gusto para mí, queridos amigos, estar con ustedes todos los sábados mediante estas cámaras de “Claves para un Mundo Mejor”. Quiero hablarles de un tema muy serio, de especial gravedad, me refiero al genocidio armenio, porque hace pocos días se ha cumplido el centenario de esta tragedia.

La palabra genocidio asusta un poco. Todos hablamos de la Shoá como el genocidio de los judíos eliminados por el régimen de Hitler, pero ha habido otros genocidios. El Papa Francisco ha usado esa palabra precisamente refiriéndose a ese caso y ha celebrado en la Basílica de San Pedro junto con los obispos armenios.

¿Qué es un genocidio? Si ustedes buscan en el Diccionario de la Real Academia Española se encuentran con que genocidio está definido como la eliminación de un gran número de personas por razones étnicas, políticas o religiosas. Este es un caso de persecución religiosa, porque el pueblo armenio es masivamente cristiano, católico u ortodoxo; es una nación cristiana. A propósito, cuando Jesús se despedía de los Apóstoles les dice “hagan que todos los pueblos sean discípulos míos”: el pueblo armenio es originalmente cristiano.

¿En que ha consistido este genocidio? El Imperio Otomano, durante la Primera Guerra Mundial, arrasó con el pueblo armenio. Hubo un millón quinientos mil muertos. Fueron eliminados por su fe cristiana y por el propósito del Imperio de ampliar su territorio. El Imperio Otomano era oficialmente musulmán; todos sabemos que ha pasado a lo largo de la Historia, antes y después.

Además, también en estos días, se cumplía el aniversario del Genocidio Sirio, contemporáneamente ya que fue en 1915. De éste, lamentablemente, se habla mucho menos. Yo he participado de la Pascua en la Iglesia Sirio Ortodoxa de Antioquia aquí en La Plata y hemos hecho un homenaje, junto con el Obispo Ortodoxo, a los mártires de Siria, que también fueron cerca de un millón.

El Santo Padre Francisco ha dicho que el armenio ha sido el primer genocidio del Siglo XX. Hoy día, en el Siglo XXI está ocurriendo otro genocidio en Medio Oriente. En Siria otra vez, en Irak, en el norte de Libia, y otros lugares donde el extremismo islámico está eliminando a los cristianos, poniéndolos en esta disyuntiva: o abdican de su fe o reniegan de su fe cristiana o mueren, o son desterrados, etc.

Ustedes, amigos televidentes, se habrán enterado de lo que pasa en las costas de Libia donde hay una guerra civil en curso y bandas que trafican personas; les hacen pagar miles de dólares para embarcarlos en un “gomón”, algunos son más seguros y otros pequeños e inestables, con miles de personas que han terminado ahogadas en el Mar Mediterráneo. Recientemente he leído que en uno de esos “gomones” un grupo de musulmanes tiró a doce cristianos al mar.

En el sur de Italia están recibiendo generosamente a toda esa gente, pero son miles y miles. La Unión Europea calla, las Naciones Unidas calla. ¿Quién habla? Nosotros, habla la Iglesia, como siempre, y está muy bien porque estas cosas hay que denunciarlas. ¡Ocurre cuando se habla tanto de los derechos humanos!

Nosotros no podemos hacer nada desde acá, pero sí podemos rezar, rezar por estos nuevos mártires y por las poblaciones que están sometidas al terror. La Iglesia está teniendo mártires, como a lo largo de toda su historia, y nosotros no los podemos abandonar. Si bien materialmente no podemos hacer nada, podemos rezar por ellos y además en cierto modo alegrarnos, aunque parezca mentira, de que existan los mártires, hermanos que confiesan la fe hasta dar la propia sangre.

Pienso en ellos, y veo que nosotros somos a veces tan “ligeritos” en la fe que nos da vergüenza, nos da miedo decir que somos católicos y decirlo en esta sociedad donde reina la indiferencia y el egoísmo. No tenemos que achicarnos, no podemos encerrarnos en un ghetto, debemos decir que somos cristianos, que creemos en Jesús y que esta es la fe verdadera. Que todos se enteren de lo que les está pasando a tantos cristianos como nosotros. Tengámoslo en cuenta.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

fuente: Aica

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