874-Papa Francisco en acto penitencial “24 horas por el Señor”: «Convertirse no es cuestión de un momento, es un empeño que dura toda la vida»

“Del corazón del hombre renovado según Dios provienen los comportamientos buenos: hablar siempre con la verdad y evitar toda mentira; no robar”

(RV).- (Con audio. Actualizado con video) En sus palabras antes del rezo del Ángelus refiriéndose al Evangelio del día, el Santo Padre Francisco recordó ante miles de fieles y peregrinos que mientras el ciego curado se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en la ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús. “Nuestra vida, a veces, es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, a Dios y a su gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor!” “Hoy, estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos, subrayó el Obispo de Roma, para caminar decididamente sobre el camino de la santidad”, que tiene su inicio en el Bautismo. “De hecho también nosotros hemos sido ‘iluminados’ por Cristo en el Bautismo, para que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como ‘hijos de la luz’ con humildad, paciencia, misericordia.” (RC-RV)

Palabras del Papa antes del rezo del Ángelus
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato- ¡es largo!- inicia con un ciego que comienza a ver y concluye -esto es curioso- con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma. El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina. También sobre las habladurías, ¿no? Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad. El evangelista Juan quiere atraer la atención sobre esto que también ocurre en nuestros días, cuando se cumple una acción buena. El ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida- han visto el milagro y lo interrogan; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres. Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocer a Él, ver a Él, como «la luz del mundo» (Jn 9,5).
Mientras el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús. Ellos hacen todo lo posible por negar la evidencia. Ponen en duda la identidad del hombre curado; después niegan la acción de Dios en la curación, tomando como pretexto que Dios no obra el sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo.
El camino del ciego en cambio es un camino por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: « Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos» (v. 11). Como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, primero lo considera un profeta (v. 17) y después un hombre cercano a Dios (v. 31). Luego que ha sido alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo vuelve a encontrar y le “abre los ojos” por segunda vez, revelándole la propia identidad: «Yo soy el Mesías», le dice. A este punto aquel que había sido ciego exclama: «¡Creo, Señor!» (v. 38), y se inclina ante Jesús . Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra gente ¿eh?, porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior.
Nuestra vida, a veces, es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor! Hoy estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, pero todos nosotros, todos ¿eh?, tenemos algunas veces comportamientos no cristianos; comportamientos que son pecados ¿no? Y debemos arrepentirnos de esto y eliminar este comportamiento para caminar decididamente sobre el camino de la santidad, que tiene su inicio en el Bautismo, y en el Bautismo hemos sido iluminados, para que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como «hijos de la luz» (Ef 5,8), con humildad, paciencia, misericordia. Estos doctores de la ley no tenían ni humildad ni paciencia ni misericordia. Hoy les sugiero, cuando regresen a casa, que tomen el Evangelio de Juan y lean aquel pasaje del capítulo 9: y esto les hará bien, porque así verán este camino de la ceguera a la luz y aquel otro camino malo hacia una ceguera más profunda. Y preguntémonos: ¿cómo es nuestro corazón? ¿cómo es mi corazón?, ¿cómo es tu corazón? ¿Cómo es nuestro corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado hacia el prójimo? Tenemos siempre en nosotros alguna cerrazón nacida del pecado, nacida de los errores: no tengamos miedo, ¡no tengamos miedo! Abrámonos a la luz del Señor: Él nos espera siempre. Él nos espera siempre. Para hacernos ver mejor. Para darnos más luz, para perdonarnos. No se olviden de esto: Él nos espera siempre.
Confiemos a la Virgen María el camino cuaresmal, para que también nosotros, como el ciego curado, podamos con la gracia de Cristo “venir a la luz”, ir más adelante en la luz y renacer a la vida nueva.
(Traducción del italiano: Raúl Cabrera- Radio Vaticano)

Palabras del Papa tras el rezo mariano del Ángelus
Después de rezo del Ángelus, el Papa saludó cordialmente a las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones y a todos los fieles provenientes de Italia y de otros países del mundo. En particular Francisco saludó a los fieles españoles llegados de Ponferrada y de Valladolid; a los estudiantes y profesores de los colegios de Murcia, Castelfranco de Córdoba y Laganés; y a los alumnos de los colegios de París y a los emigrantes portugueses de Londres.
El Santo Padre saludó asimismo al Movimiento Juvenil de los Hermanos de la LaSalle; al grupo “Jóvenes, arte y fe de Santa Paula Frassinetti; y a los universitarios de Venecia. Un saludo particular lo mandó el Papa a los soldados italianos que han peregrinado a pie desde Loreto a Roma, orando por una resolución pacífica y justa de todos los conflictos en el mundo. “¡Y esto es muy hermoso! Jesús en las bienaventuranzas dice “bienaventurados los que trabajan por la paz!”.
Luego el Pontífice repartió saludos y pensamientos concretos a diversos grupos de fieles de parroquias italianas, a algunos muchachos que se preparan para la confirmación y a estudiantes. Por último, Francisco saludó a la Coral de Brembo, la Asociación deportiva Laurentino de Roma, a los motociclistas de Terni-Narni, y a los representantes del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF), animándoles en su compromiso por la defensa del medio ambiente.
“Y no olviden ¿eh?, en casa tomen el evangelio de Juan capítulo 9 y lean esta historia del ciego vidente y de los presuntos videntes que se hundieron aún más en su ceguera. ¡Capítulo 9 del evangelio de Juan!
“Les deseo a todos -dijo el Papa- un buen domingo y una buena comida. Hasta la próxima”
ER – RV

872- LOS FIELES LAICOS DEBEN AYUDAR A SUS PASTORES A NO SER MEDIOCRES

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Cuando no se alimenta el ministerio con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios, con la celebración cotidiana de la Eucaristía o incluso frecuentando el sacramento de la Penitencia, se termina por olvidar, inevitablemente, el verdadero sentido del propio servicio y la alegría que nace de la profunda comunión con Jesús… El sacerdote que no hace estas cosas, a la larga pierde la unión con Jesús y adquiere una mediocridad que no es buena para la Iglesia. Por esto tenemos que ayudar a los obispos y sacerdotes a orar, a escuchar la Palabra de Dios que es el alimento diario, a celebrar la Eucaristía todos los días y a confesarse con regularidad. ..“.

Los sacramentos del Orden y del Matrimonio, dos vocaciones específicas y un mismo camino para dirigirse al Señor”, ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre del miércoles 26 de marzo en la Plaza de San Pedro ante los fieles reunidos bajo un cielo lluvioso. “Los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio –ha dicho refiriéndose al primer sacramento- prolongan en el tiempo la presencia de Jesús si lo hacen con el poder del Espíritu Santo en el nombre de Dios y con amor”.

“Aquellos que son ordenados se colocan a la cabeza de la comunidad -ha continuado-. Están “a la cabeza” sí, pero para Jesús esto significa poner la propia autoridad al servicio de los otros… “El que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo”… Un obispo que no está al servicio de la comunidad no actúa bien; un cura o un sacerdote que no está al servicio de la comunidad, se equivoca”.

Francisco ha destacado “el amor apasionado por la Iglesia” como una característica que deriva siempre de esta unión sacramental con Cristo. “El obispo, el sacerdote, aman a la Iglesia en su propia comunidad; la aman mucho, como Cristo ama a la Iglesia… El marido ama a su mujer, como Cristo ama a su Iglesia. El ministerio sacerdotal y el del matrimonio son dos sacramentos que representan el camino por el que las personas se dirigen habitualmente al Señor”.

Por último, el Papa ha citado las palabras de San Pablo a Timoteo cuando le recomienda “no descuidar, es más, reavivar siempre el don que hay en él”. “Cuando no se alimenta el ministerio con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios, con la celebración cotidiana de la Eucaristía o incluso frecuentando el sacramento de la Penitencia, se termina por olvidar, inevitablemente, el verdadero sentido del propio servicio y la alegría que nace de la profunda comunión con Jesús… El sacerdote que no hace estas cosas, a la larga pierde la unión con Jesús y adquiere una mediocridad que no es buena para la Iglesia. Por esto tenemos que ayudar a los obispos y sacerdotes a orar, a escuchar la Palabra de Dios que es el alimento diario, a celebrar la Eucaristía todos los días y a confesarse con regularidad”.

“No se venden accesorios para convertirse en sacerdote -ha mencionado antes de finalizar-. Esta es una iniciativa que toma el Señor, que es quien llama”. Con estas palabras ha animado a los jóvenes que sienten esta llamada a cuidar esta invitación y a rezar “para que crezca y dé frutos en toda la Iglesia”.

Miércoles 26 de marzo de 2014

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

Ya hemos tenido ocasión de señalar que los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía forman juntos el misterio de la “iniciación cristiana”, un único gran evento de gracia que nos regenera en Cristo. Esta es la vocación fundamental que nos aúna a todos en la Iglesia, como discípulos del Señor Jesús. Hay dos Sacramentos que corresponden a dos vocaciones específicas: el Orden y el Matrimonio. Constituyen dos grandes vías a través de las cuales, el cristiano puede hacer de su vida un don de amor, siguiendo el ejemplo y en nombre de Cristo. Y así colaborar en la edificación de la Iglesia.


El Orden, de tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado, es el Sacramento que permite el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los Apóstoles, para apacentar su rebaño con el poder de su Espíritu, de acuerdo a su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús con la potencia no de la fuerza humana o la propia potencia, sino del Espíritu y según su corazón; el Corazón de Jesús, que es un Corazón de Amor. El sacerdote, el obispo y el diácono deben apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hacen con amor, no sirve. Y, en este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en el Nombre de Dios y con amor.

1. Un primer aspecto. Los ordenados son colocados a la cabeza de la comunidad. ¡Ahi están “a la cabeza”.


¡Sí! Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo lo ha demostrado y enseñado a sus discípulos con estas palabras: “Saben que los gobernantes de las naciones dominan sobre ellas, y sus líderes los oprimen. No será así entre ustedes. El que quiera hacerse grande entre ustedes que se haga servidor de todos. Y el que quiera ser el primero entre ustedes que se haga esclavo de todos. Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos ” (Mt 20:25-28 / / Mc 10,42-45). Un obispo que no está al servicio de la comunidad, no hace bien, un sacerdote, un cura, que no está al servicio de la comunidad, no hace bien. Está equivocado.

2. Otra característica que deriva siempre de esta unión sacramental con Cristo es el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en el pasaje de la Carta a los Efesios, en la que San Pablo dice que Cristo “amó a la Iglesia y se entregó por ella para hacerla santa, purificándola con el lavado del agua mediante la Palabra y para presentársela a sí mismo a la Iglesia toda gloriosa, sin mancha ni arruga.” (5:25-27). En virtud del Orden, el ministro dedica todo su ser a su comunidad y la ama con todo su corazón: es su familia. El obispo, el sacerdote aman a la Iglesia en su comunidad, y la aman fuertemente, ¿cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dirá San Pablo del Matrimonio: el esposo ama a su esposa como Cristo ama a la Iglesia. Es un misterio grande de amor este del Ministerio ordenado y aquel del Matrimonio. Los dos Sacramentos, que son el camino por el cual las personas habitualmente van al Señor.

3. Un último aspecto. El apóstol Pablo le aconseja a su discípulo Timoteo que no abandone, es más, que reavive el don que hay siempre en él, el don que le ha sido conferido a través de la imposición de las manos. (cf. 1 Tim 4:14, 2 Tim 1 6 ). Cuando no se alimenta el ministerio -el ministerio del obispo, el ministerio del sacerdote-, con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios y con la celebración diaria de la Eucaristía y también con un interés cuidadoso y constante del Sacramento de la Penitencia, se pierde inevitablemente de vista el verdadero significado del propio servicio y la alegría que nace de una profunda comunión con el Señor Jesús.

El obispo que no reza, el obispo que no siente y escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente, y lo mismo el sacerdote que no hace estas cosas, al final pierden esta unión con Jesús y ellos se hacen mediocres y esto no hace bien a la Iglesia.

Por esto debemos ayudar a los obispos, a los sacerdotes a rezar, a escuchar la Palabra de Dios que es el alimento cotidiano, a celebrar cada día la Eucaristía y a ir a confesarse habitualmente. Y esto es tan importante para la santificación de los obispos y de los sacerdotes. 

Yo quisiera terminar también con una cosa que me viene a la mente: ¿cómo se debe hacer para transformarse en sacerdote, dónde se venden las entradas? No, no se venden, ¿eh?

Ésta es una iniciativa que toma el Señor. El Señor llama, llama a cada uno que Él quiere que se haga sacerdote. Y, a lo mejor hay algunos jóvenes aquí que han sentido esta llamada. Las ganas de hacerse sacerdotes, las ganas de servir a los otros en las cosas de Dios, las ganas de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, sanar a los enfermos, toda la vida así.

Si alguno de ustedes ha escuchado esto en el corazón, es Jesús que lo ha puesto allí, ¿eh? Cuiden esta invitación y recen para que esto crezca y dé frutos en toda la Iglesia. Gracias.

Fuente: http://www.PapaFranciscus.es/Fe2/26.03.2014.htm

871-Decálogo Cuaresmal, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

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Para que en la gran Solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo nuestra pascua, ofrezco este decálogo cuaresmal.

1. Cuaresma cristocéntrica. Cristo es el centro de toda Cuaresma; Cristo en su estado de sufrimiento y muerte a causa del mal y al servicio de nuestra conversión y de nuestro perdón. El centro es Cristo. El camino es Cristo. Otros caminos serán buenos si conducen a Cristo. Otras doctrinas, carismas, devociones valdrán algo si desembocan límpidamente en Cristo. No anteponer nada al Amor de Cristo.

2. Cuaresma contemplativa: Contemplar para escuchar la voz de Dios. Para estar pendientes y atentos a la construcción de su Reino. La vida contemplativa se acerca tanto al misterio de Dios que el mundo no la entiende. La vida contemplativa es fecunda, Dios se comunica en la medida en que el sarmiento está unido a la vid. Cuanto más unidos, más eficacia en el apostolado.

3. Cuaresma pascual: Vivir la cuaresma es caminar hacia la pascua; pasar por la muerte de Cristo hecha en nosotros mortificación o muerte al pecado, conversión penitencial y confesión hasta purificar y aumentar el amor que nos hace vivir según la resurrección de Cristo a una vida nueva.

4. Cuaresma eclesial: Cuaresma vivida en “Iglesia” para sentirnos más “Iglesia”, más comunidad de Cristo. La comunidad es la común unidad de cada uno y de todos con Cristo. La vida comunitaria no consiste en estar juntos o en cooperar para una determinada tarea de carácter social o apostólico, sino en estar afectiva y realmente unidos con Cristo y entre sí compartiendo todo desde los niveles más profundos.

5. Cuaresma sacramental: Redescubrir el bautismo con que fuimos injertados en la muerte y resurrección de Cristo y llenados de su Espíritu por la confirmación. Revisar el sacramento de la confesión para vivirlo desde una actitud penitencial que nos lleve a la reconciliación con Dios, y con los hermanos. Vivencia de la Eucaristía, celebrada conscientemente, desde la fe y el amor.

6. Cuaresma viva y actual: Con el realismo de nuestra propia vida hemos de hacer de los sufrimientos diarios, necesidades, cansancio, soledad, insatisfacción, enfermedad, tristeza, etc. el paso, la andadura y el camino hacia la plenitud gozosa de la vida que debemos ir construyendo ya, y que debemos buscar y esperar más allá de todo.

7. Cuaresma samaritana: Amar de verdad, servir, ayudar, solidarizarse con los demás, especialmente con los que sufren y con los más necesitados. Procurar no agriar más las distancias y divisiones dentro de la Iglesia. Ser fermento de unidad en la fraternidad. Dar sin esperar recompensa y darlo con amor.

8. Cuaresma pobre y rica: No es un juego de palabras dice el Papa, la Palabra de Cristo es la mayor riqueza, siendo rico se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2Cor 8,9). Es la lógica del amor que nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias, es compartir en todo la suerte del amado.

9. Cuaresma evangelizadora: Evangelizar al hombre y al mundo del tercer milenio. Llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y transformarla desde dentro, llegando a las raíces mismas de las culturas y de la cultura humana. Y no será posible la Nueva Evangelización, en ardor, en métodos, en expresiones, si falta la vida contemplativa.

10. Cuaresma llena de alegría: Cuando ayunéis, cuando oréis, cuando deis limosna, siempre con alegría evangélica. La alegría cristiana ha de impregnar toda nuestra vida. Debe ser como un signo de nuestra identidad. La celebración de la Cuaresma —camino de la Pascua— ha de provocar en nosotros una experiencia de profunda alegría. Hemos de ser la comunidad de la alegría, el pueblo de las Bienaventuranzas porque creemos en Jesús y conocemos su presencia en medio de nuestras debilidades.

+ Ángel Rubio Castro

Fuente: Revista Ecclesia

870-AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO «Quienes son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús»

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«Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor»

26 de marzo de 2014.- (13 TV / Radio Vaticano Camino CatólicoEl sacramento del Orden fue el tema de la catequesis del Papa Francisco este miércoles. Ante una Plaza de San Pedro repleta de fieles y peregrinos, el Obispo de Roma recordó que aquellos que son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús.

Refiriéndose al sacramento del Orden, el Santo Padre precisó que ayuda a los ministros ordenados a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y su amor a la comunidad, que no han de considerarla de su propiedad, sino del Señor. Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor. Terminando su catequesis el Papa pidió a todos rezar por los ministros ordenados de su Iglesia, “en particular por aquellos que se encuentran en dificultad o que necesitan recuperar el valor y la frescura de su vocación.” En el vídeo se visualiza y escucha la catequesis del Papa y la síntesis en español.El texto completo de la meditación del Santo Padre es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos destacado ya que los que los tres sacramentos bautismo, confirmación y eucaristía constituyen unidos el misterio de la “iniciación cristiana”, un único y gran evento de gracia que nos regenera en Cristo y nos abre a su salvación. Es esta la vocación fundamental que nos une a todos en la Iglesia, como discípulos del Señor Jesús.

Hay dos sacramentos que corresponden a dos vocaciones específicas: se trata del orden y del matrimonio. Ellos constituyen dos grandes vías a través de las cuales el cristiano puede hacer de su propia vida un don de amor, sobre el ejemplo y en el nombre de Cristo, y así cooperar a la edificación de la Iglesia.

El orden sacerdotal -dividido en los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado- es el sacramento que habilita al ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los apóstoles, de cuidar su rebaño, en la potencia de su Espíritu y según su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús no con la fuerza humana, con el propio poder, sino con el poder del Espíritu y según Su corazón, el corazón de Jesús, que es un corazón de amor. El sacerdote, el obispo, el diácono debe apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hace con amor no sirve.

En este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio, prolongan en el tiempo la presencia de Jesús. Lo consiguen con el poder del Espíritu Santo, en nombre de Dios y con amor.

1. Un primer aspecto: Los que son ordenados se colocan a la cabeza de la comunidad.A la cabeza, sí. Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo mostró y enseñó a los discípulos con estas palabras: “Vosotros sabéis que los gobernantes de las naciones los dominan y que los jefes los oprimen. Entre vosotros no será así, el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y quien quiera ser el primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. Como el Hijo del hombre, que no ha venido para hacerse servir, sino para servir y dar la vida en rescate por muchos” (Mt 20,25-28 // Mc 10,42-45). Un obispo que no está al servicio de la comunidad no hace bien, un sacerdote que no está al servicio de su comunidad no hace bien, está equivocado.

2. Otra característica que deriva siempre de esta unión sacramental con Cristo es el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en esa cita de la Carta a los Efesios en la que san Pablo dice que Cristo “amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella, para hacerla santa, purificándola con el agua, mediante la Palabra y para que se presente ante Él toda gloriosa, sin mancha ni arruga, ni nada parecido sino santa e inmaculada” (5,25-27).
Por este Sacramento el ministro dedica todo su ser a la propia comunidad y la ama con todo el corazón: es su familia. El obispo, el sacerdote, ama a la Iglesia en su comunidad, y la ama con fuerza. ¿Cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dice san Pablo del matrimonio. El Esposo ama a su esposa como Cristo ama a su Iglesia. Es un misterio grande amor el del ministerio y el del matrimonio, los dos sacramentos que son el camino por el que las personas habitualmente van, como sacramento, al Señor.

3. Un último aspecto: el apóstol Pablo recomienda al discípulo Timoteo que no descuide, sino todo lo contrario, que reavive siempre el don que está en él y que se le ha concedido mediante la Palabra y la imposición de las manos(cfr 1 Tm 4,14; 2 Tm 1,6). Cuando no se alimenta el ministerio, el ministerio del obispo, del sacerdote, con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración cotidiana de la Eucaristía y una cuidada y constante frecuencia al Sacramento de la Penitencia, se termina inevitablemente por perder de vista el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor Jesús. El obispo que no reza, el obispo que no escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días la Eucaristía, que no se confiesa regularmente, y lo mismo, el sacerdote que no hace estas cosas, a la larga pierden esta unión con Jesús y se convierten en una mediocridad que no hace bien a la Iglesia. Por eso debemos ayudar a los obispos, a los sacerdotes, a rezar, a escuchar la Palabra de Dios que es la comida cotidiana, celebrar cada día la Eucaristía, e ir a confesarse habitualmente. Es muy importante porque va directamente a la santificación de los obispos y de los sacerdotes.

Yo quisiera terminar también con una cosa que me viene a la mente ¿Cómo se hace para ser sacerdote? ¿Dónde se venden las entradas? No, no se venden. La iniciativa la toma el Señor. El Señor llama a los que quiere que se conviertan en sacerdotes. Si hay aquí algún joven que ha sentido en su corazón esta llamada, el deseo de convertirse en sacerdote, el deseo de servir a los demás en las cosas que vienen de Dios, el deseo de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, atender a los enfermos, ¡toda la vida así! Si alguno de vosotros ha sentido esto en el corazón, es Jesús el que lo ha puesto allí; cuidad esta invitación y rezad para que crezca y dé fruto a toda la Iglesia ¡Gracias!

(El Papa ha dicho en español:)  

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está centrada en el sacramento del Orden, que comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado. El que recibe este sacramento ejerce la misión confiada por Jesús a sus Apóstoles y prolonga en el tiempo su presencia y su acción como único y verdadero Maestro y Pastor. ¿Qué significa esto concretamente en las vidas de aquellos que son ordenados?

Quienes son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús. El sacramento les ayuda también a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y su amor a la comunidad, que no han de considerarla de su propiedad, sino del Señor. Por último, han de procurar reavivar el don recibido en el sacramento, concedido por la Oración y la imposición de manos.

Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a rezar al Señor por los ministros ordenados de su Iglesia, en particular por aquellos que se encuentran en dificultad o que necesitan recuperar el valor y la frescura de su vocación. Pidamos también para que no falten nunca en nuestras comunidades pastores auténticos, según el Corazón de Cristo. Muchas gracias.

Papa Francisco

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869-Nuevo hallazgo sobre el Big Bang ofrece pruebas de Dios / Por Leslie Wickman

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26 de marzo de 2014.-(Leslie Wickman / CNN Camino Católico)  El sorprendente   descubrimiento, anunciado esta semana, de ondas en el tejido del espacio-tiempo ha sacudido al mundo de la ciencia, y al mundo de la religión. Ha sido presentado como evidencia de la inflación (una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos científicos en el campo de la cosmología, la relatividad general y la física de partículas. El nuevo descubrimiento también tiene implicaciones significativas para la cosmovisión de los judeo-cristianos, y ofrece un fuerte respaldo para las creencias bíblicas. Ésta es la razón:

La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del “Estado sostenido”, la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.

Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.

Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.

Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra”.

Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega un apoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.

https://i2.wp.com/www.caminocatolico.org/home/images/smilies/1_aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaLeslie_Wickman_2.pngEl astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término “Big Bang”, hizo esta famosa declaración: “Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física”.

Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.

También debemos recordar que Dios se revela a sí mismo tanto a través de la escritura, como de la creación. El reto está en ver cómo se acoplan estos dos aspectos. Una mejor comprensión de cada uno puede informar nuestra comprensión del otro.

No solo se trata de abrir la Biblia y leer cualquier cosa que encontremos allí desde la perspectiva estadounidense del siglo XXI. Tenemos que estudiar el contexto, la cultura, el género, al autor y a la audiencia original para entender la intención.

El mensaje de la creación en Génesis nos dice que Dios creó un lugar especial para que los humanos vivieran, prosperaran y estuvieran en comunión con Él, que Dios quiere tener una relación con nosotros, y prepara todo para que estemos en comunión con Él, incluso después de que nos alejamos.

Entonces, sabemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.

https://i2.wp.com/www.caminocatolico.org/home/images/smilies/1_aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaLeslie_Wickman_1.png(Imagina qué tan confusos serían los mensajes acerca de las ondas gravitacionales y la materia oscura para los antiguos lectores hebreos).

Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.

En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios “estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra”.

Estas leyes físicas establecidas por Dios para gobernar las interacciones entre la materia y la energía resultan en un universo afinado con precisión que proporciona las condiciones ideales para que se desarrolle la vida en nuestro planeta.

Cuando observamos la complejidad del cosmos, desde las partículas subatómicas hasta la materia y la energía oscura, rápidamente concluimos que debe haber una explicación más satisfactoria que una simple casualidad. Si se practica adecuadamente, la ciencia puede ser un acto de adoración al ver a Dios revelarse a sí mismo en la naturaleza.

Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.


Leslie Wickman es directora del Centro para la Investigación de la Ciencia en Azusa Pacific University. También se desempeñó como ingeniera en Lockheed Martin Missile & Space, donde trabajó en el telescopio espacial Hubble de la NASA, y en los programas de la Estación Espacial Internacional. Las opiniones expresadas en este comentario le pertenecen exclusivamente a Wickam.

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868-PAPA FRANCISCO” La mediocridad espiritual hace mal a la Iglesia”

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Publicado el 26/03/2014

“El obispo que no reza, que no siente ni escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente”, así como puede suceder al sacerdote, a la larga pierde “la unión con Jesús” y esta “mediocridad” espiritual daña a la misma Iglesia. Lo dijo el Papa en la última audiencia general de marzo. Profundizando en el sacramento del orden, “marcado en los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado”, Francisco aclaró que cuantos son “llamados por el Señor” deben poner su propia “autoridad al servicio” de las personas, de la comunidad, sin considerarla, sin embargo, una “posesión personal”. “Cuando no se alimenta el ministerio, el ministerio del obispo, el ministerio …

Fuente : https://www.youtube.com/watch?v=J0F5B66UEX0