799-AUDIENCIA GENERAL Papa Francisco 26-02-2014″La unción de enfermos”

https://i2.wp.com/papafranciscus.es/Fe2/Uncion.de.los.enfermos.jpg

 SACRAMENTO DE LA COMPASIÓN DE DIOS

POR EL SUFRIMIENTO DEL SER HUMANO

La Unción de los enfermos nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extremaunción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la Misericordia de Dios..“.

El Papa Francisco ha proseguido la catequesis sobre los sacramentos en la Audiencia general del miércoles 26 de febrero de 2014 y el tema ha sido “Unción de los enfermos” “que nos hace sentir de cerca la compasión de Dios por el hombre” y que en el pasado se llamaba extremaunción porque se entendía como consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. “Hablar en cambio de “unción de los enfermos ” –ha dicho el Papa- nos ayuda a ampliar nuestra visión a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento en el horizonte de la Misericordia de Dios”.

La parábola del Buen Samaritano expresa muy bien el misterio que se celebra con este sacramento. El samaritano consuela al que sufre al borde del camino y cura sus heridas con aceite y vino para después llevarlo a una posada. Si el aceite nos recuerda al que se bendice cada año en la Misa crismal del Jueves Santo para ungir a lo largo del año a los enfermos, el vino “es un signo del amor y de la gracia de Cristo, que dio su vida por nosotros”. La posada , ha explicado el Papa es “la Iglesia , la comunidad cristiana, somos nosotros a quien cada día el Señor Jesús confía a los que están afligidos en el cuerpo y el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida , toda su misericordia y su salvación”.

Ese mandato se reafirma explícitamente en la carta de Santiago , donde se recomienda : “Si está enfermo alguno de vosotros llame a los presbíteros de la iglesia, que recen por el y lo unjan con aceite en el nombre del Señor”. “Se trata, por lo tanto -ha dicho Francisco- de una práctica que ya existía en la época de los Apóstoles. De hecho, Jesús enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y los que sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dando en su nombre… consuelo y paz a través de la gracia especial de este sacramento. Sin embargo, esto no debe hacernos caer en la búsqueda obsesiva del milagro o en la presunción de que podemos obtener siempre la curación, pero sí darnos la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo, también al anciano -porque todos los mayores de 65 años pueden recibir este sacramento- por el que Jesús mismo se acerca”.

“Pero cuando uno está enfermo -ha comentado el Papa- y se dice llamamos al sacerdote para que venga, se empieza a pensar: No porque da mala suerte o porque el enfermo se va a asustar. Hay un poco la idea de que cuando uno está enfermo y llega el sacerdote acto seguido vienen las pompas fúnebres ¡pero no es verdad! El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano por eso es tan importante esa visita. Hace falta llamar al sacerdote y decirle: “Venga, déle la unción y bendígalo”. Es Jesús mismo el que llega para consolar al enfermo, para darle fuerza y esperanza, para ayudarlo; también para perdonarle los pecados. Y es muy bonito. Y no hay que pensar que esto sea un tabú porque siempre es bueno saber que en los momentos de dolor y enfermedad no estamos solos : el sacerdote y los que están presentes durante la unción de los enfermos , de hecho, representan a toda la comunidad cristiana que, como un solo cuerpo, se estrecha alrededor de los que sufren y de sus familiares alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraternal . Pero el consuelo más grande viene del hecho de que es el mismo Señor Jesús, el que se hace presente en el Sacramento y nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada – ni siquiera el mal y la muerte – puede separarnos de Él”.

“¿Tenemos la costumbre de llamar al sacerdote para que dé nuestros enfermos -no digo de gripe, de algo que dura tres o cuatro días, sino de una enfermedad seria- y a nuestros ancianos este sacramento, esta fuerza de Jesús para salir adelante? ¡Hagámoslo!”, ha concluido el Santo Padre

https://i1.wp.com/vaticanresources.s3.amazonaws.com/banners/Audiencia-plaza-12-ESP.jpg

“…El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo y decir: «vaya, déle la unción, bendígalo». Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados…“.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

Hoy quisiera hablaros del sacramento de la Unción de los enfermos, que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la Misericordia de Dios.

Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.

Este mandato se recalca de manera explícita y precisa en la Carta de Santiago, donde se dice: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado» (5, 14-15). Se trata, por lo tanto, de una praxis ya en uso en el tiempo de los Apóstoles. Jesús, en efecto, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y por quienes sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dispensando en su nombre y según su corazón alivio y paz, a través de la gracia especial de ese sacramento. Esto, sin embargo, no nos debe hacer caer en la búsqueda obsesiva del milagro o en la presunción de poder obtener siempre y de todos modos la curación. Sino que es la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo y también al anciano, porque cada anciano, cada persona de más de 65 años, puede recibir este sacramento, mediante el cual es Jesús mismo quien se acerca a nosotros.

Pero cuando hay un enfermo muchas veces se piensa: «llamemos al sacerdote para que venga». «No, después trae mala suerte, no le llamemos», o bien «luego se asusta el enfermo». ¿Por qué se piensa esto? Porque existe un poco la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo y decir: «vaya, déle la unción, bendígalo». Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados.

Y esto es hermoso. No hay que pensar que esto es un tabú, porque es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno. Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él. ¿Tenemos esta costumbre de llamar al sacerdote para que venga a nuestros enfermos —no digo enfermos de gripe, de tres-cuatro días, sino cuando es una enfermedad seria— y también a nuestros ancianos, y les dé este sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir adelante? ¡Hagámoslo!

Fuente:http://www.PapaFranciscus.es/Fe2/26.02.2014.htm

798-¿Comunión a los divorciados? La “propuesta” del cardenal Kasper

 

http://www.aleteia.org/image/es/article/comunion-a-los-divorciados-la-propuesta-del-cardenal-kasper-5861568898138112/the-practical-problems-of-the-pastoral-approach_es/topic
Julio de la Vega-Hazas
“El asunto en cuestión es el siguiente: Estos días ha sido publicada la siguiente noticia que ya conocerás y de la que te mando enlace, http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=34083.
Me gustaría la comentarais en profundidad ya que otros lo están haciendo no sin suscitar cierto asombro. Por ejemplo, http://yorezoxelpapa.wordpress.com/2014/02/24/divorciados-el-papa-francisco-y-su-discurso-de-misericordia-infinita/

La propuesta del cardenal Kasper.

Como la cuestión –vamos a llamarla así- de la situación de los divorciados vueltos a casar vuelve a ser objeto de estudio, es de esperar que se digan al respecto todo tipo de cosas. Evidentemente, lo que proponga un cardenal tiene una relevancia especial, y por eso han surgido comentarios por todas partes. Tratándose de un asunto candente, no debe extrañar a nadie.

Lo primero que conviene tener en cuenta es que no estamos simplemente ante un tema pastoral. Es un tema moral, y por tanto doctrinal. Lo cual requiere, en primer lugar, tratarlo con serenidad, con la cabeza fría, sin dejarse llevar por argumentos sentimentales, que pueden llevar a cualquier parte (esto no lo digo por Kasper, sino por la mayoría de comentarios que se hacen sobre lo que ha dicho). Un asunto doctrinal requiere examinar las fuentes de la fe –del depósito revelado-, destacando lo que Jesucristo mismo enseñó, y cómo la ha entendido la Iglesia en sus veinte siglos de existencia. Requiere asimismo ver el bien del hombre, que puede o no coincidor con su apreciación o su satisfacción momentánea. Y requiere conectar el tema tratado con las demás verdades de fe.

Pero, antes que todo ello, lo que hay que ver es qué ha dicho el cardenal Walter Kasper. Y qué no ha dicho. Porque, en realidad, no hay propiamente una propuesta de Kasper. El Papa le pidió que planteara preguntas, no que formulara propuestas. Así lo hizo. No hay tal propuesta: lo que Kaspers dijo a los periodistas (su documento es solo un documento de trabajo, y no se ha hecho público) es que podía intentarse buscar una solución dentro de un marco que respetara las creencias de la Iglesia. De ahí que dijera que “la indisolubilidad de un matrimonio sacramental y la imposibilidad de un nuevo matrimonio, mientras la pareja anterior sigue con vida, no puede abandonarse o romperse con base en un llamamiento a la misericordia. Sobre todo porque la fe y la misericordia van de la mano”. Interpretar esto como que hay una posibilidad de admisión a los sacramentos cuando el segundo matrimonio es civil y no canónico es, con perdón, una majadería, en primer lugar porque no hay admisión posible a un segundo matrimonio canónico. Lo que dijo Kasper en realidad es que solo se plantea para quienes forman una familia y no se unen mediante una simple unión de hecho.

El cardenal se planteó la posible analogía con la práctica penitencial de los primeros siglos acerca de la apostasía. Había una práctica muy dura, por pensarse que haría falta un imposible segundo bautismo para volver al seno de la Iglesia, ya que se había renegado del primero. Y en este ambiente se desarrolló la idea de un análogo a un segundo bautismo no con el agua de la pila bautismal, sino con el de las lágrimas de penitencia, que reviviría la eficacia del bautismo ya recibido una vez.

En este contexto hay que situar las palabras de Kasper. Transcribo el útimo párrafo de la noticia como figura en Vatican Insider (la fuente más fiable de las que he leído): “¿Se podría recorrer esta vía en el futuro? Es la pegunta que se planteó el cardenal Kasper ante los cardenales del Consistorio. No se trataría de «gracia a buen precio», de misericordia «low cost». Pero, si existen casos de divorciados que se han vuelto a casar arrepentidos por el fracaso del primer matrimonio, si éstos han aclarado las obligaciones del primer matrimonio (que seguirá siendo, para la Iglesia, único e indisoluble), si queda completamente excluida la posibilidad de que puedan volver atrás, si no pueden abandonar sin nuevas culpas los compromisos asumidos con una nuevo matrimonio civil, si se esfuerzan por vivir de la mejor manera sus segundas nupcias a partir de la fe, si se comprometen a educar a los hijos en la fe, si tienen el deseo de los Sacramentos como fuente de fuerza en sus situaciones, ¿es posible negarles el sacramento de la penitencia y después el de la comunión sacramental?”.

797-Papa Francisco: “la Iglesia necesita obispos, no managers” “…que sea un testigo de Cristo”

 

http://www.aleteia.org/image/es/article/papa-francisco-la-iglesia-necesita-obispos-no-managers-5780595342835712/pope-francis-c-speaks-during-the-audience-of-the-curia_es/topic

AFP PHOTO POOL / CLAUDIO PERI

“La Iglesia tiene necesidad de Pastores auténticos” que cuiden a su propio rebaño. Lo subrayó el Papa Francisco en un amplio y apasionado discurso a la Congregación para los Obispos. El Pontífice indicó de modo detallado los criterios que deberían animar la elección de los prelados. “No nos sirve un mánager”, dijo y explicó que el Obispo debe ser un testigo del Resucitado humilde y valeroso. A la vez que la Iglesia, añadió, no tienen necesidad de apologetas o cruzados, sino de “sembradores humildes y confiados en la verdad”.

“Al firmar el nombramiento de cada Obispo querría poder tocare la autoridad de su discernimiento”. El Papa Francisco utilizó esta imagen para subrayar cuán fundamental es el trabajo de la Congregación para los Obispos, dicasterio que, observó el Pontífice, “existe para asegurarse que el nombre de quien es elegido haya sido ante todo pronunciado por el Señor”.

Y a continuación trazó el modelo ideal de un Obispo:

“… tenemos necesidad de uno que nos vigile desde lo alto; tenemos necesidad de uno que nos mire con la amplitud del corazón de Dios; no nos sirve un mánager, un administrador delegado de una empresa, y ni siquiera uno que esté en el nivel de nuestras poquedades o pequeñas pretensiones. Nos sirve uno que sepa elevarse a la altura de la mirada de Dios sobre nosotros para guiarnos hacia Él. Sólo en la mirada de Dios está el futuro para nosotros”.

Al mismo tiempo, el Papa Francisco prosiguió diciendo que hay que reconocer que “non existe un Pastor estándar para todas las Iglesias. Y añadió que Cristo “conoce la característica del Pastor que cada Iglesia requiere”. De ahí que afirmara que el desafío es, entonces, “entrar en la perspectiva de Cristo”, “teniendo en cuenta esta singularidad de las Iglesias particulares”. Y para elegir semejantes ministros, el Obispo de Roma explicó que deben elevarse por encima de las preferencias, simpatías, pertenencias o tendencias y entrar en la amplitud del horizonte de Dios”.

También constató que “las personas ya conocen con sufrimiento la experiencia de tantas rupturas, y tienen necesidad de encontrar en la Iglesia ese permanecer indeleble de la gracia del principio”. De ahí que el Papa afirmara que el primer criterio para “esbozar el rostro de los Obispos” es que sea un testigo de Cristo:

“¿Quién es un testigo del Resucitado? Es quien ha seguido a Jesús desde el inicio y es constituido con los Apóstoles testigo de su Resurrección. También para nosotros éste es el criterio unificador: el Obispo es aquel que sabe hacer actual todo lo que ha sucedido a Jesús y, sobre todo, sabe, junto a la Iglesia, hacerse testigo de su Resurrección”.

El Santo Padre también dijo que el Obispo “es ante todo un mártir del Resucitado. No un testigo aislado sino junto a la Iglesia”. De modo que su vida, así como su ministerio, “deben hacer creíble la Resurrección”:

“El coraje de morir, la generosidad de ofrecer la propia vida y de consumarse por el rebaño están inscritos en el ‘ADN’ del episcopado. La renuncia y el sacrificio son connaturales a la misión episcopal. Y esto quiere subrayarlo: la renuncia y el sacrificio son connaturales a la misión episcopal. El episcopado no es para sí, sino para la Iglesia, para el rebaño, para los demás, sobre todo para aquellos que, según el mundo, hay que descartar”.

Francisco también afirmó que la Iglesia tiene necesidad “de Pastores auténticos”, “no de dueños de la Palabra, sino entregados a ella, siervos de la Palabra”.

“Por eso es importante reafirmar que la misión del Obispo exige asiduidad y cotidianidad. El rebaño necesita encontrar espacio en el corazón del Pastor… Si éste no está firmemente anclado en sí mismo, en Cristo y en su Iglesia, será sacudido continuamente por las olas en busca de efímeras compensaciones y no ofrecerá al rebaño ningún reparo”.

De este modo el Papa destacó la actualidad del “decreto de residencia” del Concilio de Trento sobre el cual invitó a la Congregación para los Obispos a escribir un texto. Quizá, concluyó Francisco, no buscamos suficientemente a los pastores pero “estoy seguro de que ellos existen, porque el Señor no abandona a su Iglesia”.

796-VIDAS DE SANTOS Sta. Brígida de Suecia.

https://i0.wp.com/www.corazones.org/santos/brigida.jpg

Sta. Brígida de Suecia
(1302-1373)
Madre, viuda, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador
Mística, Patrona de Suecia
Proclamada por Juan Pablo II: 
Patrona de Europa
Fiesta: 23 de Julio


Elevación de la mente a Cristo salvador 

Jesús le dice:
“Brígida, te hablo no solamente a ti sino también a todos los cristianos. Tú serás mi esposa… y por medio de ti hablaré al mundo. Mi espíritu permanecerá en ti hasta tu muerte”

Sta. Brígida:
“La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo . . . son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones”

AMOR MEUS
CRUCIFIXUS EST
Lema oficial de la Orden del Santísimo Salvador. Encierra lo que Dios quiere de nosotros: Crucificados con el amado, amándolo. Inspirado por Santa Brígida, quien conformó a sus hijos espirituales como hijos de la pasión del Señor.


SANTA BRIGIDA era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción.

La Pasión: centro de su vida
A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: “Mira en qué estado estoy, hija mía.” “¿Quién os ha hecho eso, Señor?”, preguntó la niña. Y Cristo respondió: “Los que me desprecian y se burlan de mi amor.” Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.

Matrimonio
Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.

En la Corte
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, aunque Santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio.


Santa Brígida
Cortesía de
Miniature Stories of the Saints

Las Visiones
La santa empezó tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. “Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía– no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia.” Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con ironía: “¿Qué soñó Doña Brígida anoche?”

Problemas familiares y peregrinaciones
Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba “el Bandolero” y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arras y recibió los últimos sacramentos ya que la muerte parecía inminente. Pero Santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa.

Viuda, vida religiosa, aumentan las visiones
Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años apartada del mundo y dedicada a la penitencia. Desde entonces, abandonó los vestidos lujosos, solo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linkoping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios. Desde entonces hasta su muerte, Santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión.

En Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX con la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada.

En la fundación de Santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros.

El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión; Santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de Santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. Pero en realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello perdió el favor de la corte, pero no le faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia.

En Roma e Italia
Había todavía en el país muchos paganos, y Sarta Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes. En 1349, a pesar de que la “muerte negra” hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana, se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana (según era permitido en aquella época). El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma, su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de muchos.  Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso.

Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, “un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas”. Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma de otro convento de Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su lado y, fue su fiel colaboradora hasta el fin de su vida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció San Francisco y le dijo: “Ven a beber conmigo en mi celda”. La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y de allí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.

Profecías y revelaciones
Las profecías y revelaciones Santa Brígida se referían a las cuestiones mas candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma. Al poco tiempo así lo hicieron (El Papa Beato Urbano V y Carlos IV, en 1368).  La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Brígida fue arrojada de su casa y tuvo que ir con su hija a pedir limosna al convento de las Clarisas.Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus severas admoniciones proféticas.

El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón.

Al regresar de una peregrinación, a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de Santa Brígida, que completó con la regla de San Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladase a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.

En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España; ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Santa Brígida prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio Sin embargo durante, la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor.

A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de  Santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo.

La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig.

Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es la patrona de Suecia.

Visiones y escritos

Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El Papa Bcnedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: “Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en ellas.”

Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el juicio de la Iglesia.

El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.

Las brigidinas tienen unas lecciones de maitines tomadas de sus revelaciones sobre las glorias de María, conocidas con el nombre de “Sermo Angelicus”, en recuerdo de las palabras del Señor a la santa: “Mi ángel te comunicará las lecciones que las religiosas de tus monasterios deben leer en maitines, y tú las escribirás tal como él te las dicte”.

ORACIONES
Aprobadas por El Papa Pío IX

En la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma todavía se puede contemplar, en la capilla del Santísimo Sacramento, el Crucifijo Milagroso ante el cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones de Nuestro Señor. Allí hay una inscripción conmemorando este evento, en latín: “Pendentis. Pendente Dei verba a accepit aure accipit et verbum corde Brigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL”

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)

Primera Oración

Padrenuestro – Ave Maria.

¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.

Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.

Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”

Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.

Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.

En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.

Segunda Oración.

Padrenuestro – Ave Maria

¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.

Tercera Oración.

Padrenuestro – Ave Maria.

¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.

¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.

Cuarta Oración.

Padrenuestro – Ave María.

O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.

Quinta Oración.

Padrenuestro – Ave María.

¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.

Sexta Oración.

Padrenuestro – Ave Maria.

¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre!

Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.

Séptima Oración.

Padrenuestro – Ave Maria

¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.

Octava Oración.

Padrenuestro – Ave María.

¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.

Novena Oración

Padrenuestro – Ave María.

¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.

Décima Oración

Padrenuestro -Ave Maria.

¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.

Undécima Oración

Padrenuestro – Ave Maria.

¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.

Duodécima Oración

Padrenuestro – Ave Maria.

¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.

Décima-Tercera Oración

Padrenuestro – Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.

Décima-Cuarta Oración.

Padrenuestro – Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.

Décima-Quinta Oración.

Padrenuestro-Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.

De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.

Conclusión.

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.

siervas_logo_color.jpg (14049 bytes)


Regreso a la página principal
www.corazones.org

Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

795-VIDAS DE SANTOS “El Beato Papa pio IX”

https://i0.wp.com/www.corazones.org/santos/pio9.jpg
El Beato Papa Pio IX
Fuente: Zenit
Pío IX, en el siglo Giovanni Maria Mastai Ferretti, nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia. Fué elegido pontífice el 16 de junio de 1846, suscitando esperanzas en los ambientes patrióticos liberales y católicos: uno de los primeros actos fue la promulgación de una amnistía para los prisioneros políticos y consintió algunas reformas en el Estado Pontificio. En los primeros dos años del pontificado, se ganó el título de papa liberal, patriótico y reformador.

En abril de 1848, cuando era evidente que la masonería internacional fomentaba atentados, revoluciones y desórdenes contra el Papado y las naciones tradicionalmente católicas, Pío IX tomó distancia de las facciones más radicales de los patriotas italianos. A raiz del desencadenamiento de motines insurreccionales en Roma, se trasladó a Gaeta, mientras que en la ciudad eterna se proclamaba poco después, en 1849, la República Romana por parte de Giuseppe Mazzini, Carlo Armellini e Aurelio Saffi. Las iglesias fueron saqueadas mientras Mazzini se incautaba de obras de arte, propiedad de la Iglesia, para pagar a la masonería británica que había anticipado el dinero necesario para tomar Roma.

Gracias a la intervención de las tropas francesas, la República romana cayó y el Papa pudo volver a la capital en 1850. Desde entonces, el Pontífice puso en marcha una política de intransigencia («Non possumus») hacia las exigencias del poder laico, convirtiéndose en el adversario más acérrimo del ala anticlerical de la masonería.

En 1854, proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y, en el primer Concilio Vaticano (1869_70), el dogma de la infalibilidad papal. En 1864, promulgó la encíclica «Quanta cura», con el anexo del «Sillabus», una lista de enseñanzas prohibidas, con la que la iglesia condenaba los errores del momento y conceptos liberales e iluministas. Con la llegada de la unidad de Italia, el último papa_rey se vió desposeido de las regiones de la Romaña (1859), Umbría, las Marcas (1860) y, en 1870, la misma Roma, con la conocida toma de Porta Pia, el 20 de septiembre, que marcó el fin del poder temporal de los papas.

Desde entonces, la masonería italiana celebra su propia fiesta anual, justamente el 20 de septiembre, en recuerdo de la victoria contra la Iglesia. Los documentos antimasónicos del Pontificado de Pío IX son unos 124 y se subdividen en 11 encíclicas, 61 cartas breves, 33 discursos y alocuciones y documentos de varios dicasterios eclesiásticos. Según Pío IX, todos los males que se abatieron en aquél tiempo sobre la Iglesia y sobre la sociedad provenían del ateismo y del cientismo del siglo XVII, postulado por la masonería y exaltado por la Revolución Francesa. En la encíclica «Qui pluribus» (9/10/1849), Pio IX habla de «hombres ligados por una unión nefanda» que corrompen las costumbres y combaten la fe en Dios y en Cristo postulando el naturalismo y el racionalismo y, sobre todo, poniendo en marcha el conflicto entre ciencia y fe. Otro error atribuido a este círculo de pensadores es el hablar de progreso como un mito y contraponerlo a la fe.

Ante estas acusaciones precisas, la Masonería reaccionó con un desdén violento. En primer lugar, convocó un «Anticoncilio masónico, Asamblea de librepensadores» con la idea de liderar un movimiento internacional dedicado a combatir sin tregua al Vaticano. Entre los escritos que se difundieron para esta convocatoria masónica, había uno que decía «El Anticoncilio quiere luz y verdad, quiere ciencia y razón, no fe ciega, no fanatismo, no dogmas, no hogueras. La infalibilidad papal es una herejía. La religión católica romana es una mentira; su reino es un delito».

En esta situación de beligerancia contínua, Pío IX no perdió el ánimo y siguió su trabajo para compactar la Iglesia en torno a un principio de unidad. Atribuyó gran importancia a la espiritualidad popular, a la relación con los santos, especialmente a María a través del reconocimiento de las apariciones de La Salette y de Lourdes. Dió impulso a procesiones, peregrinaciones y todas las formas de piedad popular. En 1870, inauguró un nuevo modo de elección de obispos y prelados, elegidos no ya preferentemente entre los notables sino entre los sacerdotes comunes, allí donde se manifestasen los méritos pastorales. Su popularidad creció enormemente. Fue obstinado en no aceptar ningún arreglo con el Estado italiano. Murió el 7 de febrero de 1878, pero la masonería trató de perseguirlo encarnizadamente incluso tras la muerte. En la noche del 12 al 13 de julio de 1881, su féretro fue trasladado del Vaticano al cementerio del Verano. La masonería organizó una manifestación irreverente, con lanzamiento de piedras, imprecaciones, blasfemias, y canciones vulgares y obscenas, contra el cortejo fúnebre, que a su vez respondía con la recitación del rosario, los salmos, el oficio de difuntos y pías jaculatorias.

El culmen de la agresión tuvo lugar cuando el cortejo fúnebre pasó por el puente Sant’Angelo. Al grito de «¡muerte al Papa, muerte a los curas!», un grupo de desalmados trató de arrojar el cadáver de Pío IX al Tíber. Pero los católicos apretaron las filas en torno a los restos mortales del pontífice y rechazaron el ataque. A la luz de estos acontecimientos, el reconocimiento de la virtud heroica del nuevo beato hace justicia a una persona de gran espesor humano y a un gran Papa. 

Pio IX fue beatificado el 30 de Septiembre del 2000.
La causa de beatificación de Pío IX fue una de las más largas y difíciles de la historia de la Iglesia. Fue puesta en marcha por Pío X, el 11 de febrero de 1907. Relanzada, por Benedicto XV, sin gran éxito, y también Pío XI animó el proyecto. Tras la segunda guerra mundial, la instructoría canónica fue reiniciada por Pío XII, el 7 de diciembre de 1954. Con Pablo VI la causa experimentó importantes avances: se completó la «positio», es decir, la recogida de las actas del proceso canónico, el análisis de la vida del candidato a la santidad, los interrogatorios de los testigos y las evaluaciones de los historiadores y de los teólogos.

El decreto sobre el ejercicio heroico de las virtudes teologales y cardinales fue promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos, el 6 de julio de 1985, y aprobado por Juan Pablo II. Entre las virtudes del Pontífice, figuran el amor sin reservas por la iglesia, la caridad y la gran estima por el sacerdocio y los misioneros. El milagro atribuido a Pío IX, verificado por la Consulta de médicos el 15 de enero de 1986, es la curación inexplicable de una religiosa francesa. 

Fuente: Zenit, ZS99122305


Pío IX defendió a los judíos

La campaña contra el Papa Pio IX (1792-1878), alcanzó su colmo con la protesta del gobierno israelita que expresó a la Santa Sede su más profundo descontento por la beatificación de Pío IX (“Jerusalem Post”, 3 de septiembre 2000). En relidad como lo recordó Mons. Carlo Liberati, de la Congregación para las Causas de los Santos, en dos entrevistas acordadas a los diarios italianos “Corriere della Sera” y “Avvenire”, Pío IX fue “el promotor de la liberación de los judíos del ghetto. Hizo suprimir las labores indignas y humillantes que estaban asignadas a los judíos. Declaró que no eran ‘extranjeros’ y ordenó colocar patrullas encargadas de protegerlos contra una rebelión popular que explotó efectivamente contra esta emancipación del ghetto”. 

En lo que concierne al caso de Edgardo Mortara, el niño judío que, a la edad de dos años en riesgo de morir fue bautizado por una doméstica católica y fue luego educado por la Iglesia contra el parecer de sus padres, Mons. Liberati declaró que “lo que nadie nunca ha querido recordar, es que cuando Edgardo Mortara llegó a la edad de la adolescencia, se le dejó libre de regresar a su casa. Pasó un mes con sus padres pero en seguida decidió quedarse en Roma y hacerse sacerdote. Una vez sacerdote se reconcilió con sus padres. Edgardo Montara fue uno de los primeros testigos que se pronunciaron a favor de la beatificación de Pío IX, haciendo una declaración en el proceso canónico”.


El Papa Pío IX permanece incorrupto.

El 4 de abril pasado en Roma, en la cripta de la basílica de San Lorenzo al Verano, se desarrolló el reconocimiento del cuerpo del venerable Pío IX que reposa desde el 13 de julio de 1881, tres años después de su muerte acaecida el 7 de febrero de 1878, en el Vaticano. En la ceremonia del acto de reconocimiento de los restos mortales de Pío IX estaban presentes, entre otros, el Postulador de la Causa de Beatificación, Mons. Bruneno Gherardini, S. Emin. el cardenal Jorge Medina Estévez, Pref. de la Congregación para el Culto Divino, el Obispo emérito de Senigallia, Mons. Odo Fusi Pecci, representantes de la Curia Romana, sacerdotes y religiosas venidos inclusive del extranjero. 

“Pío IX – escribió Mons. Carlo Liberati – conservado casi perfectamente desde el último reconocimiento, hecho bajo Pío XII, del 25 de octubre al 24 de noviembre de 1956, apareció en toda la serenidad de su humanidad tal como se recuerda en la documentación fotográfica, en la iconografía tradicional y establecida por la descripción hecha de los textos en las actas de procedimiento. Si es permitido referirnos a los análisis de autores y agiógrafos modernos de gran valor, como el inolvidable Piero Bargellini y el P. Domenico Mondrone s.j., hechas para educar e invitar a la santidad, podremos definirlo como un hombre dotado de una gran humanidad y de una impresionante dignidad, hecha aún más significativa por la serenidad del rostro intacto en la majestad silenciosa de la muerte” (Mons. Carlo Liberati, La ricognizione dei resti mortali del venerabile Papa Pio IX  en “L’Ossevatore Romano”, 9 de abril 2000, p. 4). 

siervas_logo_color.jpg (14049 bytes)
Regreso a la página principal
www.corazones.org

Esta página es obra de Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María.

794-HOMILIA PAPA FRANCISCO«Los cristianos incoherentes provocan escándalo, y el escándalo mata»

https://i1.wp.com/vaticaninsider.lastampa.it/typo3temp/pics/8dedc16153.jpg

Francisco en Santa Marta: «Puedes probar que Dios existe a un ateo, y él no tendrá fe. Pero si ofreces un testimonio de coherencia, algo comenzará a trabajar en su corazón»

Domenico Agasso jr
Roma

El cristiano incoherente provoca escándalo, y el escándalo mata: palabra de Papa Francisco. Lo dijo esta mañana durante la Misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.

La reflexión del Pontífice comenzó con una Confirmación administrada durante la Misa. «Quien recibe este Sacramento», afirmó Papa Francisco, «manifiesta su voluntad de ser cristiano». Y ser cristiano significa dar testimonio de Jesucristo; el cristiano es una persona que «piensa como cristiano, siente como cristiano y actúa como cristiano. Esta es la coherencia de vida de un cristiano». Uno podría decir, observó el Papa, que tiene fe, «pero si le falta una de estas cosas, no es cristiano», pues «hay algo que no funciona, una cierta incoherencia». Y los cristianos «que viven ordinariamente, normalmente en la incoherencia, hacen mucho daño», explicó.

 

«Hemos escuchado lo que el apóstol Santiago dice a los incoherentes que se vanaglorian de ser cristianos, pero que se aprovechaban de sus empleados, les dice así: “El salario de los trabajadores que han cosechado sus campos y a los que no han pagado grita, y las protestas de los segadores han llegado a los oídos del Señor Omnipotente”. Es fuerte el Señor. Si uno escucha esto, puede pensar: “¡Esto lo ha dicho un comunista!”. No, no ¡lo dijo el apóstol Santiago! Es Palabra del Señor».

 

Cuando no hay coherencia cristiana, continuó Bergoglio, «y se vive con esta incoherencia, se provoca escándalo. Los cristianos que no son coherentes provocan escándalo». Y Jesús, recordó el Papa, «habla muy fuerte contra el escándalo: “Quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, a uno solo de estos hermanos, hermanas que tienen fe, es mejor para él que se le ponga al cuello una piedra de molino y sea lanzado al mar”. Un cristiano incoherente hace mucho daño», insistió: «el escándalo mata».

 

Muchas veces, añadió el Papa Francisco, hemos escuchado: «”Pero, padre, yo creo en Dios, pero no en la Iglesia porque ustedes los cristianos dicen una cosa y hacen otra. Yo creo en Dios, pero no en ustedes”». Y esto, se lamentó Francisco, se debe justamente a la incoherencia.

 

«Imagínense que se encuentran frente a un ateo y te dice que no cree en Dios; puedes leerle toda una biblioteca donde se dice que Dios existe e incluso probar que Dios existe, pero él no tendrá fe. Pero si ante este ateo tu das un testimonio de coherencia de vida cristiana, algo empezará a trabajar en su corazón. Será propiamente tu testimonio el que le provoque esta inquietud sobre la que trabaja el Espíritu Santo. Es una gracia que todos nosotros, toda la Iglesia debe pedir: “Señor, que seamos coherentes”».

 

Por lo tanto, concluyó Bergoglio, es necesario rezar «porque para vivir en la coherencia cristiana es necesaria la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios y debemos pedirlo»: «Señor, ¡que sea coherente! Señor que yo no escandalice nunca, que sea una persona que piense como cristiano, que sienta como cristiano, que actúe como cristiano». Y, cuando caigamos en la debilidad, «pidamos perdón».

«Todos somos pecadores -recordó Papa Francisco-, todos, pero tenemos la capacidad de pedir perdón. ¡Él nunca se cansa de perdonar! Tener la humildad de pedir perdón: “Señor, no he sido coherente aquí. ¡Perdón!”. Salir adelante en la vida con coherencia cristiana, con el testimonio del que cree en Jesucristo, que se sabe pecador, pero tiene la valentía de pedir perdón cuando se equivoca y que tiene mucho miedo de escandalizar. Que el Señor nos dé esta gracia a todos nosotros».

Fuente: www.vaticaninsider.es

793-AUDIENCIA GENERAL Papa Francisco: «En la Unción de Enfermos Jesús nos toma de la mano, como hacía con los enfermos, y nos recuerda que la muerte no podrá separarnos de Él»

https://i0.wp.com/www.caminocatolico.org/home/images/smilies/1_aaaaaaaaaaaudiencia_26_febrero_2014_5.png

Sigo con preocupación lo que está sucediendo en Venezuela. Anhelo  que cesen cuanto antes las violencias y hostilidades. Invito a todos a elevar súplicas a Dios, por intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, para que el país vuelva a encontrar pronto la paz

VÍDEO : http://www.caminocatolico.org/home/papa-francisco/11507-papa-francisco-en-la-audiencia-general-en-la-uncion-de-enfermos-jesus-nos-toma-de-la-mano-como-hacia-con-los-enfermos-y-nos-recuerda-que-la-muerte-no-podra-separarnos-de-el

26 de febrero de 2014.- (13 TV / Radio Vaticano Camino Católico)  La Plaza de San Pedro volvió a llenarse de miles de fieles y peregrinos para la audiencia general con el Papa. Francisco dedicó su catequesis de este miércoles al “sacramento de la compasión de Dios con el sufrimiento del hombre”: la Unción de los enfermos.

El Obispo de Roma nos recordó que “Jesús enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y necesitados, y les confió la tarea de atenderlos en su nombre por medio de este sacramento”. “Qué alegría da saber que en los momentos de dolor no estamos solos: el sacerdote y la comunidad cristiana, reunida junto al que sufre, alimentan su fe y su esperanza”, constató el Santo Padre, agregando que a esto se une el consuelo que otorga la presencia de Cristo, “que nos toma de la mano y nos recuerda que le pertenecemos, y que nada, ni nadie –ningún mal, ni siquiera la muerte- podrán separarnos de Él”. En el vídeo se visualiza y escucha la catequesis del Papa, la síntesis en español y el llamado que ha hecho por la paz en Venezuela. El texto completo de la meditación del Santo Padre es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy las previsiones anunciaban lluvia y aún así habéis venido ¡Sois valientes! ¡felicidades!

Hoy quisiera hablaros del Sacramento de la Unción de Enfermos que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. En el pasado se le llamaba “Extrema unción”, porque se entendía como el consuelo espiritual previo a la muerte. Hablar, sin embargo, de la “Unción de los enfermos” nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios.

1. Hay una imagen bíblica que expresa con toda su profundidad el misterio que surge de la Unción de los enfermos: es la parábola del “buen samaritano”en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos este Sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se acerca a quien sufre o está gravemente enfermo, o anciano. Dice la parábola que el buen samaritano cuida al hombre que sufre lavando sus heridas con aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la Misa crismal del Jueves Santo, destinado para la Unción de los enfermos. El vino, sin embargo, es signo del amor y de la gracia de Cristo que surgen de la donación de su vida por nosotros y que se expresa en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Finalmente la persona que sufre es confiada a un posadero para que pueda continuar cuidándolo, sin importar los gastos. ¿Quién es este posadero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a los que todos los días Jesús confía a los que están afligidos en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos continuar vertiendo en ellos, sin medida, toda su misericordia y  su salvación.

2. Este mandato se afirma de forma explícita y precisa en la carta de Santiago, donde se recomienda: “Quien está enfermo, llame a los sacerdotes de la Iglesia y que estos recen por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.Y la oración hecha con fe, salvará al enfermo: el Señor lo aliviará y, si ha cometido pecados, le serán perdonados” (5, 14-15). Se trata de una práctica que ya se realizaba en la época de los Apóstoles. Jesús, de hecho, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y los que sufren y les transmitió la capacidad y el deber de continuar a donar en su nombre y según su corazón el alivio y la paz, a través de la gracia especial de este Sacramento.

Esto no debe hacernos caer en la búsqueda obsesiva del milagro en la presunción de poder obtener siempre y en todo lugar la curación. Sino que es la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo y al anciano. Porque cada anciano, cada persona mayor de 65 años puede recibir este Sacramento. Es Jesús quien se acerca. Cuando con un enfermo se piensa: ¿llamamos al sacerdote? Hay quien dice: ‘No, que trae mala suerte… No, no lo llamamos’. O ‘Se asustará el enfermo’. Porque existe esta idea de que detrás del sacerdote viene la pompa fúnebre. ¡Esto no es verdad! El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano. Por esto es muy importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Llamadlos para que les den la unción y los bendiga. Porque es Jesús quien llega para aliviarlos, para darles fuerzas, para darles esperanza, para ayudarles y para perdonarles los pecados ¡Esto es bellísimo! No penséis que esto es un tabú. Porque es bello saber que en el momento del dolor y de la enfermedad nosotros no estamos solos. El sacerdote y los que están presentes mientras se realiza la Unción de enfermos representan a toda la comunidad cristiana que como un único Cuerpo con Jesús rodea a todo el que sufre y a sus familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, sosteniéndolos con la oración y con el calor fraterno.

El consuelo más grande llega con el hecho de quien se hace presente en este Sacramento es el mismo Jesús que nos toma de la mano, nos acaricia, como hacía con los enfermos, y nos recuerda que le pertenecemos y que ni el mal ni la muerte podrá separarnos de Él. Tengamos esta costumbre de llamar al sacerdote para que a nuestros enfermos, no digo a quien tiene una gripe de tres o cuatro días, sino a quien tiene una enfermedad seria y a nuestros ancianos, para que venga y les dé este sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir hacia delante. ¡Hagámoslo! ¡Gracias!

 (El Papa ha dicho en español:)        

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy les hablaré de la Unción de los enfermos, sacramento de la compasión de Dios con el sufrimiento del hombre. La parábola del “buen samaritano” expresa el misterio que se celebra en este sacramento: Jesús se acerca a quien sufre y lo conforta con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Luego, lo lleva a la posada, que representa a la Iglesia, a la que Cristo confía a cuantos sufren en su cuerpo o en su espíritu, para experimentar su misericordia y su salvación.

Jesús enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y necesitados, y les confió la tarea de atenderlos en su nombre por medio de este sacramento. Aunque la muerte es un misterio que nos supera, la Unción de los enfermos nos ayuda a ampliar la mirada y a radicarla en el misterio más grande del amor de Dios.

Qué alegría da saber que en los momentos de dolor no estamos solos: el sacerdote y la comunidad cristiana, reunida junto al que sufre y su familia, alimentan su fe y su esperanza y lo sostienen con la plegaria y el afecto fraterno. A eso se une el consuelo que otorga la presencia de Cristo, que nos toma de la mano y nos recuerda que le pertenecemos, y que nada, ni nadie –ningún mal, ni siquiera la muerte- podrán separarnos de Él.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de las Diócesis de Mérida-Badajoz, Plasencia y Córdoba, así como a los Paracaidistas del Ejército de Tierra, de Madrid, y los demás fieles provenientes de España, Nicaragua, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a valorar la paz y el ánimo que Cristo nos comunica en el sacramento de la Unción de los enfermos para sobrellevar cristianamente los sufrimientos. Muchas gracias.

(El Papa ha hecho en italiano un llamado por Venezuela -que puede verse en el vídeo bajo estas lineas- y ha dicho:)

Sigo con particular preocupación lo que está sucediendo en estos días en Venezuela. Anhelo vivamente que cesen cuanto antes las violencias y hostilidades y que todo el pueblo venezolano, empezando por los responsables políticos e institucionales, no escatimen esfuerzos para favorecer la reconciliación nacional, a través del perdón mutuo y del diálogo sincero, en el respeto de la verdad y de la justicia, capaz de afrontar temas concretos para el bien común. Al tiempo que aseguro mi constante y ferviente oración, especialmente por aquellos que perdieron la vida en los enfrentamientos y por sus familiares, invito a todos los creyentes a elevar súplicas a Dios, por intercesión materna de Nuestra Señora de Coromoto, para que el país vuelva a encontrar pronto la paz y la concordia.

Papa Francisco

Reviw on bokmaker Number 1 in uk http://w.artbetting.net/ William Hill
Full Reviw on best bokmaker – Ladbrokes http://l.artbetting.net/ full information

Copyright © 2013 – Camino Católico
Desarrollado por VE Multimedios