221- Carecer de futuro

Cuando leemos la palabra futuro…, mentalmente en la mayoría de los casos, pesamos en el futuro que nos resta de vida en este mundo. Para un niño no hay otro futuro, que el que le espera en este mundo, aunque bien es verdad que si vive y se educa en una familia cristiana, oye hablar de Dios del cielo y del infierno, pero está tan lejos todo eso, sí relaciona todo eso, con esa dichosa manía que tiene su madre y también su abuela primero de llevarle a misa a él y sus hermanos y más adelante, cuando ya ha crecido más la de recordarle domingo tras domingo si ha ido a misa, la contestación es típica, no todavía no he ido pero tengo tiempo, hay misas hasta las ocho de la tarde…

En esa época de la vida, que la ocupan la adolescencia y la juventud, solo se mira y se piensa en el futuro inmediato, que le espera a uno en esta vida. Lo más normal, es que uno se obsesione con la idea de lograr un esplendoroso futuro en esta vida y a ello colaboran la madre, que ya ha tirado la toalla en eso de las misas de los domingos, y el padre que nunca ha puesto mucho énfasis en eso de las misas domingueras. Padres e hijo solo se preocupan del futuro en esta vida, el otro, sí existe no lo niegan, pero… está tan lejos…

La realidad es que en general, los años pasan para todos y vamos siendo conscientes de que se nos acorta el tiempo, se nos afianza más la idea ya sabida, de que aquí abajo no nos vamos a quedar para simiente de rábano, como vulgarmente se dice y empezamos a pensar un poco, no mucho en el más allá. Habíamos dejado de ir a misa los domingos y el saco de nuestro pecados está a tope, pero un día un amigo nos cuenta su experiencia espiritual que ha tenido, en su contacto con cualquiera de los múltiples movimientos  religiosos que existen, sean estos:  Legionarios de Cristo con su Regnun Cristi, Opus Dei, Schoenstatt, Focolares, Comunión y liberación, Neocatecumenales, Comunidad de San Egidio, Cursillos de cristiandad, Lumen Dei, Movimiento Nazareth, Sodalitium Critianae vitae también llamado Movimiento de vida cristiana, Renovación carismática, Fraternidad misionera Verbum Dei. Desde luego que sobre todo en el mundo occidental posibilidades las hay todas. También cabe la posibilidad de que el Señor, le llame a trabajar en su viña, al margen de estos movimientos, que tanto bien hacen, somos pocos los que lo hacemos, es como hacer la guerra al demonio por nuestra cuenta y en principio, aunque personalmente me ha ido bien, reconozco que siempre es mejor luchas acompañado, la lucha en solitario es más dura y solo es aceptable si se tiene una cierta vocación eremítica.

El tren se ha puesto en marcha, la máquina ha dado ya sus primeras pistonadas y las ruedas comienzan a moverse lentamente, si se perdura alimentando la máquina, el tren se moverá en su totalidad y la salvación de esa alma está asegurada, y si además resulta que es uno mismo el que se mete de cabeza en la caldera como alimento de la máquina, lo que está asegurada es una salvación gloriosa, que puede llegar al grado de poder ser canonizada en este mundo una vez que alcance el otro, claro que, el que llegue alcanzar ese nivel de amor a Dios, nunca tiene constancia de cuál es su situación en esta vida y se considera siempre el último y cuando desde arriba se entere que le han canonizado le importará un comino.                                     Y cuando el tren se pone en marcha, lentamente también se empieza a poner en marcha la vida espiritual íntima de esa alma que todos tenemos, mejor dicho que todos somos, porque es el cuerpo el que le sirve al alma de soporte físico, mientras estamos en este mundo, en el otro los que acepten el amor de Dios desde luego que tendrán un cuerpo, pero no un cuerpo corruptible sino uno glorioso e incorruptible y por ello de carácter espiritual. La marcha del tren nos va desarrollando y enriqueciendo, nuestra vida interior y por ende nuestra alma y en esa misma medida vida interior, empezamos a preocuparnos de nuestro autentico futuro. Ese futuro que comienza con nuestra salida de este mundo y para bien o para mal jamás acabará, es un futuro sin fin porque es eterno.

Carecer de futuro para mí, es dedicarse toda la corta vida terrenal a pensar, acerca de que le sucederá a uno en el futuro inmediato terrenal, por ello nos dice el Señor: “25 Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?…….. No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Que comeremos, que beberemos o que vestiremos? 32 Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad. 33 Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. 34* No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán.”. (Mt 6,25; 31-34).

Decía Santa Teresa de Lisieux que: “Ocuparse del porvenir es meterse a crear, y es ocupar el lugar de Dios”. Y es por ello que vivimos todos, bajo el ansia de la Seguridad. Queremos vivir seguro y esta ansia de seguridad nos lleva a pagar dinero por ella. Es el caso de las compañías mercantiles que cambian dinero, fruto de nuestros esfuerzos, por una determinada seguridad solo de carácter material, sobre nosotros o nuestros bienes. Y sin embargo no se nos ocurre asegurar nuestro auténtico futuro, vivimos y actuamos como si este no existiese. Es más la acción demoniaca que está continuamente atacándonos, ha conseguido, que muchas personas carezcan de futuro, que no vean más allá de sus narices. “Es vano, y además  inútil, afligirse o alegrarse por las cosas del mañana, que quizás jamás sucederán”. Tomás Hemerken de Kempis.

Sobre el tiempo presente en esta vida, el obispo Fulton Sheen escribe: “Todas tus ansiedades se relacionan con el tiempo. El ser humano es la única criatura consciente del tiempo. Solo los seres humanos pueden tener en mente el pasado de manera que este pese sobre el momento presente con toda su herencia; y también puede introducir el futuro en el presente, para imaginar que sus ocurrencias son actuales…, el ser humano puede unir el pasado con el presente por medio de la memoria, y el futuro con el presente por medio de la imaginación. Toda desdicha (cuando no hay causa inmediata para la pena) proviene de la excesiva concentración en el pasado o de la extrema preocupación por el futuro”. Todo ello es así, porque es el futuro de la vida temporal el que nos obsesiona, cuando lo que debería de ser objeto de nuestra obsesión, es el futuro eterno que a todos nos espera”.

El obispo vietnamita escribe diciéndonos: “El pasado y el futuro, en su abstracta dislocación son inexistentes y no tienen acceso a la eternidad; esta no converge sino hacia el momento presente, y no se da sino a quien se hace totalmente presente en ese momento. Solo en estos instantes se puede alcanzar y vivir en la imagen del presente eterno”.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

  • Libro. DEL MÁS ACÁ AL MÁS ALLÁ.- www.readontime.com/isbn=9788461154913
  • Libro. MOSAICO ESPIRITUAL.- www.readontime.com/isbn=9788461220595
  • Inmortalidad y eternidad       20-10-09
  • Tiempo perdido         06-05-11
  • ¿Cómo administra Dios nuestros tiempos?  16-05-11
  • Duración de la vida    16-02-12
  • Entre un antes y un después  19-01-13
  • Matar el tiempo         15-01-13
  • Tiempo y eternidad    16-04-13
  • Dogal del tiempo       22-10-10
  • ¿Qué espera Dios de ti?         27-12-10

La fecha que figura a continuación de cada glosa, es la de su publicación en la revista ReL, en la cual se puede leer la glosa de que se trate.

Si se desea acceder a más glosas relacionadas con este tema u otros temas espirituales, existe un archivo Excel con una clasificada alfabética de temas, tratados en cada una de las glosas publicadas. Solicitar el archivo a: juandelcarmelo@gmail.com

Fuente: Religión en Libertad.

 

220-Fiesta de san Ignacio de Loyola, presbítero y fundador, 31 de julio

San Ignacio de Loyola, presbítero y fundador
fecha: 31 de julio
n.: 1491†: 1556país: Italia
canonización: B: Pablo V 27 jul 1609 – C: Gregorio XV 12 mar 1622
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria de san Ignacio de Loyola, presbítero, el cual, nacido en el País Vasco, en España, pasó la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirtió a Dios. Completó los estudios teológicos en París y unió a él a sus primeros compañeros, con los que más tarde fundó la Orden de la Compañía de Jesús en Roma, donde ejerció un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus discípulos, todo para mayor gloria de Dios.
patronazgo: patrono de los retiros y casas de retiros espirituales, de los niños, mujeres embarazadas y soldados; protector contra la peste, la hechicería, los remordimientos y los escrúpulos.
oración:
Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

San Ignacio nació probablemente en 1491, en el castillo de Loyola, en Azpeítia, población de Guipúzcoa, cerca de los Pirineos. Su padre, don Bertrán, era señor de Oñaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, doña Marina Sáenz de Licona y Balda. Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el santo en el bautismo) era el más joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja. Iñigo luchó contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de cañón le rompió la pierna, durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición española capituló. Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola. Como los huesos de la pierna soldaron mal, los médicos juzgaron necesario quebrarlos nuevamente. Iñigo soportó estoicamente la bárbara operación, pero, como consecuencia, tuvo un fuerte ataque de fiebre con ciertas complicaciones, de suerte que los médicos pensaron que el enfermo moriría antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Sin embargo, Iñigo sobrevivió y empezó a mejorar, aunque la convalescencia duró varios meses. No obstante la operación, la rodilla rota presentaba todavía una deformidad. Iñigo insistió en que los cirujanos cortasen la protuberancia y, pese a que éstos le advirtieron que la operación sería muy dolorosa, no quiso que le atasen ni le sostuviesen y soportó la despiadada carnicería sin una queja. Para evitar que la pierna derecha se acortase demasiado, permaneció varios días con ella estirada mediante unas pesas. Con tales métodos, nada tiene de extraño que haya quedado cojo para el resto de su vida.

Con el objeto de distraerse durante la convalescencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería, a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen con vidas de santos. Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empezó a interesarse tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: «Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, también yo puedo hacer lo que ellos hicieron». Inflamado por el fervor, se proponía ir en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y entrar como hermano lego a un convento de cartujos. Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad de gloria y su amor por una dama, ocupaban todavía sus pensamientos. Sin embargo, cuando volvía a abrir el libro de las vidas de los santos, comprendía la futilidad de la gloria mundana y presentía que sólo Dios podía satisfacer su corazón. Las fluctuaciones duraron algún tiempo. Ello permitió a Iñigo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que procedían de Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos mundanos le procuraban cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vacío. Finalmente, resolvió imitar a los santos y empezó por hacer toda la penitencia corporal posible y llorar sus pecados.

Una noche, se le apareció la Madre de Dios, rodeada de luz y llevando en los brazos a Su Hijo. La visión consoló profundamente a Ignacio. Al terminar la convalescencia, hizo una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Montserrat, donde determinó llevar vida de penitente. El pueblecito de Manresa está a tres leguas de Montserrat. Ignacio se hospedó ahí, unas veces en el convento de los dominicos y otras en un hospicio de pobres. Para orar y hacer penitencia, se retiraba a una cueva de los alrededores. Así vivió durante casi un año, pero a las consolaciones de los primeros tiempos sucedió un período de aridez espiritual; ni la oración, ni la penitencia conseguían ahuyentar la sensación de vacío que encontraba en los sacramentos y la tristeza que le abrumaba. A ello se añadía una violenta tempestad de escrúpulos que le hacían creer que todo era pecado y le llevaron al borde de la desesperación. En esa época, Ignacio empezó a anotar algunas experiencias que iban a servirle para el libro de los «Ejercicios Espirituales». Finalmente, el santo salió de aquella noche oscura y el más profundo gozo espiritual sucedió a la tristeza. AqueIla experiencia dio a Ignacio una habilidad singular para ayudar a los escrupulosos y un gran discernimiento en materia de dirección espiritual. Más tarde, confesó al P. Laínez que, en una hora de oración en Manresa, había aprendido más de lo que pudiesen haberle enseñado todos los maestros en las universidades. Sin embargo, al principio de su conversión, Ignacio era tan ignorante que, al oír a un moro blasfemar de la Santísima Virgen, se preguntó si su deber de caballero cristiano no consistía en dar muerte al blasfemo, y sólo la intervención de la Providencia le libró de cometer ese crimen.

En febrero de 1523, Ignacio partió en peregrinación a Tierra Santa. Pidió limosna en el camino, se embarcó en Barcelona, pasó la Pascua en Roma, tomó otra nave en Venecia con rumbo a Chipre y de ahí se trasladó a Jaffa. Del puerto, a lomo de mula, se dirigió a Jerusalén, donde tenía el firme propósito de establecerse. Pero, al fin de su peregrinación por los Santos Lugares, el franciscano encargado de guardarlos le ordenó que abandonase Palestina, temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el proselitismo de Ignacio, le raptasen y pidiesen rescate por él. Por lo tanto, el joven renunció a su proyecto y obedeció, aunque no tenía la menor idea de lo que iba a hacer al regresar a Europa. En 1524, llegó de nuevo a España, donde se dedicó a estudiar, pues «pensaba que eso le serviría para ayudar a las almas». Una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le asistió mientras estudiaba la gramática latina en la escuela. Ignacio tenía entonces treinta y tres años, y no es difícil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gramática a esa edad. Al principio, Ignacio estaba tan absorto en Dios, que olvidaba todo lo demás; así, la conjugación del verbo latino «amare» se convertía en un simple pretexto para pensar: «Amo a Dios. Dios me ama». Sin embargo, el santo hizo ciertos progresos en el estudio, aunque seguía practicando las austeridades y dedicándose a la contemplación y soportaba con paciencia y buen humor las burlas de sus compañeros de escuela, que eran mucho más jóvenes que él.

Al cabo de dos años de estudios en Barcelona, pasó a la Universidad de Alcalá a estudiar lógica, física y teología; pero la multiplicidad de materias no hizo más que confundirle, a pesar de que estudiaba noche y día. Se alojaba en un hospicio, vivía de limosna y vestía un áspero hábito gris. Además de estudiar, instruía a los niños, organizaba reuniones de personas espirituales en el hospicio y convertía a numerosos pecadores con sus reprensiones llenas de mansedumbre. En aquella época, había en España muchas desviaciones de la devoción. Como Ignacio carecía de ciencia y autoridad para enseñar, fue acusado ante el vicario general del obispo, quien le tuvo prisionero durante cuarenta y dos días, hasta que, finalmente, absolvió de toda culpa a Ignacio y sus compañeros, pero les prohibió llevar un hábito particular y enseñar durante los tres años siguientes. Ignacio se trasladó entonces con sus compañeros a Salamanca. Pero pronto fue nuevamente acusado de introducir doctrinas peligrosas. Después de tres semanas de prisión, los inquisidores le declararon inocente. Ignacio consideraba la prisión, los sufrimientos y la ignominia corno pruebas que Dios le mandaba para purificarle y santificarle. Cuando recuperó la libertad, resolvió abandonar España. En pleno invierno, hizo el viaje a París, a donde llegó en febrero de 1528. Los dos primeros años los dedicó a perfeccionarse en el latín, por su cuenta. Durante el verano iba a Flandes y aun a Inglaterra a pedir limosna a los comerciantes españoles establecidos en esas regiones. Con esa ayuda y la de sus amigos de Barcelona, podía estudiar durante el año. Pasó tres años y medio en el Colegio de Santa Bárbara, dedicado a la filosofía. Ahí indujo a muchos de sus compañeros a consagrar los domingos y días de fiesta a la oración y a practicar con mayor fervor la vida cristiana. Pero el maestro Peña juzgó que con aquellas prédicas impedía a sus compañeros estudiar y predispuso contra Ignacio al doctor Guvea, rector del colegio, quien condenó a Ignacio a ser azotado para desprestigiarle entre sus compañeros. Ignacio no temía al sufrimiento ni a la humillación, pero, con la idea de que el ignominioso castigo podía apartar del camino del bien a aquéllos a quienes había ganado, fue a ver al rector y le expuso modestamente las razones de su conducta. Guvea no respondió, pero tomó a Ignacio por la mano, le condujo al salón en que se hallaban reunidos todos los alumnos y le pidió públicamente perdón por haber prestado oídos, con ligereza, a los falsos rumores. En 1534, a los cuarenta y tres años de edad, Ignacio obtuvo el título de maestro en artes de la Universidad de París.

Por aquella época, se unieron a Ignacio otros seis estudiantes de teología: Pedro Fabro, que era saboyano; Francisco Javier, un navarro; Laínez y Salmerón, que brillaban mucho en los estudios; Simón Rodríguez, originario de Portugal y Nicolás Bobadilla. Movidos por las exhortaciones de Ignacio, aquellos fervorosos estudiantes hicieron voto de pobreza, de castidad y de ir a predicar el Evangelio en Palestina, o, si esto último resultaba imposible, de ofrecerse al Papa para que los emplease en el servicio de Dios como mejor lo juzgase. La ceremonia tuvo lugar en una capilla de Montmartre, donde todos recibieron la comunión de manos de Pedro Fabro, quien acababa de ordenarse sacerdote. Era el día de la Asunción de la Virgen de 1534. Ignacio mantuvo entre sus compañeros el fervor, mediante frecuentes conversaciones espirituales y la adopción de una sencilla regla de vida. Poco después, hubo de interrumpir sus estudios de teología, pues el médico le ordenó que fuese a tomar un poco los aires natales, ya que su salud dejaba mucho que desear. Ignació partió de París en la primavera de 1535. Su familia le recibió con gran gozo, pero el santo se negó a habitar en el castillo de Loyola y se hospedó en una pobre casa de Azpeitia.

Dos años más tarde, se reunió con sus compañeros en Venecia. Pero la guerra entre venecianos y turcos les impidió embarcarse hacia Palestina. Los compañeros de Ignacio, que eran ya diez, se trasladaron a Roma; Paulo III los recibió muy bien y concedió a los que todavía no eran sacerdotes el privilegio de recibir las órdenes sagradas de manos de cualquier obispo. Después de la ordenación, se retiraron a una casa de las cercanías de Venecia, a fin de prepararse para los ministerios apostólicos. Los nuevos sacerdotes celebraron la primera misa entre septiembre y octubre, excepto Ignacio, quien la difirió más de un año con el objeto de prepararse mejor para ella. Como no había ninguna probabilidad de que pudiesen trasladarse a Tierra Santa, quedó decidido finalmente que Ignacio, Fabro y Laínez irían a Roma a ofrecer sus servicios al Papa. También resolvieron que, si alguien les preguntaba el nombre de su asociación, responderían que pertenecían a la Compañía de Jesús (san Ignacio no empleó jamás el nombre de «jesuita», ya que originalmente fue éste un apodo más bien hostil que se dio a los miembros de la Compañía), porque estaban decididos a luchar contra el vicio y el error bajo el estandarte de Cristo. Durante el viaje a Roma, mientras oraba en la capilla de «La Storta», el Señor se apareció a Ignacio, rodeado por un halo de luz inefable, pero cargado con una pesada cruz. Cristo le dijo: Ego vobis Romae propitius ero (Os seré propicio en Roma). Paulo III nombró a Fabro profesor en la Universidad de la Sapienza y confió a Laínez el cargo de explicar la Sagrada Escritura. Por su parte, Ignacio se dedicó a predicar los Ejercicios y a catequizar al pueblo. El resto de sus compañeros trabajaba en forma semejante, a pesar de que ninguno de ellos dominaba todavía el italiano.

Ignacio y sus compañeros decidieron formar una congregación religiosa para perpetuar su obra. A los votos de pobreza y castidad debía añadirse el de obediencia para imitar más de cerca al Hijo de Dios, que se hizo obediente hasta la muerte. Además, había que nombrar a un superior general a quien todos obedecerían, el cual ejercería el cargo de por vida y con autoridad absoluta, sujeto en todo a la Santa Sede. A los tres votos arriba mencionados, se agregaría el de ir a trabajar por el bien de las almas adondequiera que el Papa lo ordenase. La obligación de cantar en común el oficio divino no existiría en la nueva orden, «para que eso no distraiga de las obras de caridad a las que nos hemos consagrado». La primera de esas obras de caridad consistiría en «enseñar a los niños y a todos los hombres los mandamientos de Dios». La comisión de cardenales que el Papa nombró para estudiar el asunto se mostró adversa al principio, con la idea de que ya había en la Iglesia bastantes órdenes religiosas, pero un año más tarde, cambió de opinión, y Paulo III aprobó la Compañía de Jesús por una bula emitida el 27 de septiembre de 1540. Ignacio fue elegido primer general de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empezó a ejercerlo el día de Pascua de 1541 y, algunos días más tarde, todos los miembros hicieron los votos en la basílica de San Pablo Extramuros.

Ignacio pasó el resto de su vida en Roma, consagrado a la colosal tarea de dirigir la orden que había fundado. Entre otras cosas, fundó una casa para alojar a los neófitos judíos durante el período de la catequesis y otra casa para mujeres arrepentidas. En cierta ocasión, alguien le hizo notar que la conversión de tales pecadoras rara vez es sincera, a lo que Ignacio respondió: «Estaría yo dispuesto a sufrir cualquier cosa por el gozo de evitar un solo pecado». Rodríguez y Francisco Javier habían partido a Portugal en 1540. Con la ayuda del rey Juan III, Javier se trasladó a la India, donde empezó a ganar un nuevo mundo para Cristo. Los padres Gonçalves y Juan Núñez Barreto fueron enviados a Marruecos a instruir y asistir a los esclavos cristianos. Otros cuatro misioneros partieron al Congo; algunos más fueron a Etiopía y a las colonias portuguesas de América del Sur. El Papa Paulo III nombró como teólogos suyos, en el Concilio de Trento, a los padres Laínez y Salmerón. Antes de su partida, san Ignacio les ordenó que visitasen a los enfermos y a los pobres y que, en las disputas se mostrasen modestos y humildes y se abstuviesen de desplegar presuntuosamente su ciencia y de discutir demasiado. Pero, sin duda que entre los primeros discípulos de Ignacio el que llegó a ser más famoso en Europa, por su saber y virtud, fue san Pedro Canisio, a quien la Iglesia venera actualmente como Doctor. En 1550, san Francisco de Borja regaló una suma considerable para la construcción del Colegio Romano. San Ignacio hizo de aquel colegio el modelo de todos los otros de su orden y se preocupó por darle los mejores maestros y facilitar lo más posible el progreso de la ciencia. El santo dirigió también la fundación del Colegio Germánico de Roma, en el que se preparaban los sacerdotes que iban a trabajar en los países invadidos por el protestantismo. En vida del santo se fundaron universidades, seminarios y colegios en diversas naciones. Puede decirse que san Ignacio echó los fundamentos de la obra educativa que había de distinguir a la Compañía de Jesús y que tanto iba a desarrollarse con el tiempo.

En 1542, desembarcaron en Irlanda los dos primeros misioneros jesuitas, pero el intento fracasó. Ignació ordenó que se hiciesen oraciones por la conversión de Inglaterra, y entre los mártires de Gran Bretaña se cuentan veintinueve jesuitas. La actividad de la Compañía de Jesús en Inglaterra es un buen ejemplo del importantísimo papel que desempeñó en la contrarreforma. Ese movimiento tenía el doble fin de dar nuevo vigor a la vida de la Iglesia y de oponerse al protestantismo. «La Compañía de Jesús era exactamente lo que se necesitaba en el siglo XVI para contrarrestar la Reforma. La revolución y el desorden eran las características de la Reforma. La Compañía de Jesús tenía por características la obediencia y la más sólida cohesión. Se puede afirmar, sin pecar contra la verdad histórica, que los jesuitas atacaron, rechazaron y derrotaron la revolución de Lutero y, con su predicación y dirección espiritual, reconquistaron a las almas, porque predicaban sólo a Cristo y a Cristo crucificado. Tal era el mensaje de la Compañía de Jesús, y con él, mereció y obtuvo la confianza y la obediencia de las almas» (cardenal Manning). A este propósito citaremos las instrucciones que san Ignacio dio a los padres que iban a fundar un colegio en Ingolstadt, acerca de sus relaciones con los protestantes: «Tened gran cuidado en predicar la verdad de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y moderación cristianas. No uséis de palabras duras ni mostréis desprecio por sus errores». El santo escribió en el mismo tono a los padres Broet y Salmerón cuando se aprestaban a partir para Irlanda. Una de las obras más famosas y fecundas de Ignacio fue el libro de los «Ejercicios Espirituales». Empezó a escribirlo en Manresa y lo publicó por primera vez en Roma, en 1548, con la aprobación del Papa. Los Ejercicios cuadran perfectamente con la tradición de santidad de la Iglesia. Desde los primeros tiempos, hubo cristianos que se retiraron del mundo para servir a Dios, y la práctica de la meditación es tan antigua como la Iglesia. Lo nuevo en el libro de san Ignacio es el orden y el sistema de las meditaciones. Si bien las principales reglas y consejos que da el santo se hallan diseminados en las obras de los Padres de la Iglesia, san Ignacio tuvo el mérito de ordenarlos metódicamenle y de formularlos con perfecta claridad. El fin específico de los Ejercicios es llevar al hombre a un estado de serenidad y despego terrenal para que pueda elegir «sin dejarse llevar del placer o la repugnancia, ya sea acerca del curso general de su vida, ya acerca de un asunto particular. Así, el principio que guía la elección es únicamente la consideración de lo que más conduce a la gloria de Dios y a la perfección del alma». Como lo dice Pío XI, el método ignaciano de oración «guía al hombre por el camino de la propia abnegación y del dominio de los malos hábitos a las más altas cumbres de la contemplación y el amor divino».

La prudencia y caridad del gobierno de san Ignacio le ganó el corazón de sus súbditos. Era con ellos afectuoso como un padre, especialmente con los enfermos, a los que se encargaba de asistir personalmente procurándoles el mayor bienestar material y espiritual posible. Aunque san Ignacio era superior, sabía escuchar con mansedumbre a sus subordinados, sin perder por ello nada de su autoridad. En las cosas en que no veía claro se atenía humildemente al juicio de otros. Era gran enemigo del empleo de los superlativos y de las afirmaciones demasiado categóricas en la conversación. Sabía sobrellevar con alegría las críticas, pero también sabía reprender a sus súbditos cuando veía que lo necesitaban. En particular, reprendía a aquéllos a quienes el estudio volvía orgullosos o tibios en el servicio de Dios, pero fomentaba, por otra parte, el estudio y deseaba que los profesores, predicadores y misioneros, fuesen hombres de gran ciencia. La corona de las virtudes de san Ignacio era su gran amor a Dios. Con frecuencia repetía estas palabras, que son el lema de su orden: «A la mayor gloria de Dios». A ese fin refería el santo todas sus acciones y toda la actividad de la Compañía de Jesús. También decía frecuentemente: «Señor, ¿qué puedo desear fuera de Ti?» Quien ama verdaderamente no está nunca ocioso. San Ignacio ponía su felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa. Tal vez se ha exagerado algunas veces el «espíritu militar» de Ignacio y de la Compañía de Jesús y se ha olvidado la simpatía y el don de amistad del santo por admirar su energía y espíritu de empresa.

Durante los quince años que duró el gobierno de san Ignacio, la orden aumentó de diez a mil miembros y se extendió en nueve países europeos, en la India y el Brasil. Como en esos quince años el santo había estado enfermo quince veces, nadie se alarmó cuando enfermó una vez más. Murió súbitamente el 31 de julio de 1556, sin haber tenido siquiera tiempo de recibir los últimos sacramentos. Fue canonizado en 1622, y Pío XI le proclamó patrono de los ejercicios espirituales y retiros.

El amor de Dios era la fuente del entusiasmo de Ignacio por la salvación de las almas, por las que emprendió tantas y tan grandes cosas y a las que consagró sus vigilias, oraciones, lágrimas y trabajos. Se hizo todo a todos para ganarlos a todos y al prójimo le dio por su lado a fin de atraerlo al suyo. Recibía con extraordinaria bondad a los pecadores sinceramente arrepentidos; con frecuencia se imponía una parte de la penitencia que hubiese debido darles y los exhortaba a ofrecerse en perfecto holocausto a Dios, diciéndoles que es imposible imaginar los tesoros de gracia que Dios reserva a quienes se le entregan de todo corazón. El santo proponía a los pecadores esta oración, que él solía repetir: «Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Vos me lo disteis; a vos Señor, lo torno. Disponed a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me hasta, sin que os pida otra cosa».

La publicación de Monumenta Historica Societatis Jesu ha puesto al alcance del público una inmensa cantidad de documentos. Ahí puede verse prácticamente todo lo que puede arrojar alguna luz sobre la vida del fundador de la orden. Particularmente importantes son los doce volúmenes de su correspondencia, tanto privada como oficial, y los memoriales de carácter personal que se han descubierto. Entre éstos se destaca el relato de su juventud, que san Ignacio dictó en sus últimos años, accediendo a los ruegos de sus hijos, a pesar de la repugnancia que ello le producía. Esa autobiografía está publicada en BAC. Es difícil recomendar qué bibliografía dejhar de la restante que trae Butler, ya que han pasado algunas décadas desde aquella publicaión y la actualidad, sin embargo, con esa limitación, copio los títulos que allí figuran, haciendo al salvedad de que seguramente hay estudios más actualizados sobre una personalidad tan relevante: La del P. de Ribadeneira [también editada en BAC] conserva su valor, ya que se trata de la apreciación personal de alguien que estuvo en contacto íntimo con el santo. El volumen I de la Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España (1902) del P, Astráin es prácticamente la historia de la carrera y actividades del fundador. El P. Astráin publicó, además, un valioso resumen biográfico. Las biografías del P. H. J. Pollea (1922) y de Christopher Hollis (1931), muy diferentes entre sí, son excelentes. El P. J. Brodrick, dice, refiriéndose a las biografías escritas por H. D. Sedgwick (1923) y P. van Duke (1926): «Esas dos obras son, con mucho, las mejores biografías de San Ignacio que los protestantes han escrito hasta la fecha; desde el punto de vista histórico, son muy superiores a muchas biografías católicas”».
Cuadros:
-Giacomo del Conte, retrato del santo pintado un día después de su muerte, actualmente en la Casa General de los jesuitas en Roma.
-Gian Lorenzo Bernini (1598 – 1680): Ignacio presentando al papa Pablo III la regla de la Orden, detrás de la Vice-Canciller del Papa, Alejandro Farnesio.
-Baciccio, Apoteosis de san Ignacio, aprox. 1685, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Roma.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
(El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=2648

218- Fiesta de san Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia, 30 de julio

San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia
fecha: 30 de julio
fecha en el calendario anterior: 4 de diciembre
n.: c. 380†: c. 450país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: J. Quasten: Patrología
San Pedro, «Crisólogo» de sobrenombre, obispo de Rávena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol , desempeñó su ministerio tan perfectamente que consiguió captar a multitudes en la red de su celestial doctrina y las sació con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región de Emilia Romagna.
patronazgo: protector contra la fiebre y la rabia.
refieren a este santo: San Apolinar de Rávena
oración:
Señor Dios, que hiciste de tu obispo san Pedro Crisólogo un insigne predicador de la Palabra encarnada, concédenos, por su intercesión, guardar y meditar en nuestros corazones los misterios de la salvación y vivirlos en la práctica con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

La vida de Pedro, arzobispo de Rávena, llamado «Crisólogo» (es decir: de palabra áurea, de excelente predicación) desde el siglo IX, es mal conocida. De él habla el Liber Pontificalis y una biografía poco de fiar, obra de Agnello de Ravena (siglo IX). Por estas fuentes y por lo que de su obra se deduce, sabemos que Pedro nació en Imola hacia el 380, fue nombrado metropolita de Rávena entre el 425 y el 429 (ciertamente, antes del 431, fecha de una carta que le escribe Teodoreto), estuvo presente el 445 al fallecimiento de san Germán de Auxerre y tres o cuatro años después escribió a Eutiques, presbítero de Constantinopla, que había recurrido a él después de su condenación por obra de Flaviano, invitándolo a someterse a las decisiones de León, obispo de Roma, «quoniam beatus Petrus, qui in propia sede et vivit et praesidet, praestat quarentibus fidei vertiatem» (Ep ad Eutychen: PL 54,743: «Porque el bienaventurado Pedro, que en su sede vive y preside, otorga la verdad de la fe a los que buscan.»). Falleció entre el 449 y el 458 (fecha de una carta de León a su sucesor Neón), probablemente, el 3 de diciembre del 450, quizás en Imola [aunque en al actualidad se tiende a considerar como fecha más probable el 31 de julio].

Gracias a las pacientes investigaciones de A. Olivar, hoy es posible conocer con exactitud la producción auténtica de Pedro Crisólogo, que comprende una carta (ya mencionada), 168 sermones de la Collectio Feliciana (siglo VIII) y 15 «extravagantes» (escritos no clasificados). Otros escritos, como el célebre Rollo de Rávena, colección de oraciones de preparación a la Navidad (s. VII), no pueden ser tenidos por auténticos. Los sermones, a los que Pedro debe su celebridad, se distinguen por la esmerada preparación de un orador dotado de una cultura discreta y por el calor humano y el fervor divino de un santo varón. La condición peculiar de Rávena, sede de la corte imperial y ciudad marinera, explica la frecuencia de ejemplos tomados de la vida de la corte y de la vida militar y marinera, aunque no faltan ejemplos de la vida rural. «Entre los escritores del siglo V, pocos superan a Pedro Crisólogo en elegancia», en sus sermones nos ha legado «páginas de genuina elocuencia, enérgica y eficaz» (Moricca).

El contenido de los sermones es variado, muchos son homilías sobre textos evangélicos, otros, sobre San Pablo, los Salmos, el símbolo bautismal, el padrenuestro o en conmemoración de santos y exhortaciones a la penitencia. Pedro Crisólogo, comentando la Biblia o exponiendo los temas que le sugerían las celebraciones litúrgicas, documenta ampliamente las inquietudes teológicas de su época. Su predicación, en efecto, no refleja sólo la doctrina latina sobre la encarnación como se profesaba entre Éfeso y Calcedonia, sino que es, asimismo, testimonio de la postura católica en las cuestiones sobre la gracia y la vida cristiana. Cuando reconoce claramente el primado del obispo de Roma (además de la carta a Eutiques, cf Serm 78), Pedro es, sin duda, portavoz del sentir común de los obispos de Italia. Su considerable actividad como predicador nos ha legado una documentación inestimable sobre la liturgia de Rávena y sobre la cultura de esa ciudad, etapa obligada entre Roma y el norte de Italia. Ningún obispo de su tiempo nos ha facilitado un cuadro tan completo de la celebración del año litúrgico. Por su actitud contra la resistencia que aún oponía el paganismo en su agonía y por su polémica contra la comunidad judia de su ciudad, Pedro Crisólogo representa la actitud pastoral del episcopado de la Iglesia imperial de su tiempo. Fue declarado Doctro de la Iglesia por SS. Benedicto XIII en 1729.

Artículo, con muy pocos cambios, tomado del tomo III del Curso de Patrología de Quasten-Di Berardino, BAC, 1981, pág 701-2; ver amplia bibliografía allí mismo. En el Oficio de Lecturas, a lo largo del año, se utilizan muchos textos del santo, sirvan estos tres como muestra de su pensamiento y estilo: Martes de la IV de Pascua, Sábado, XXIX semana del Tiempo Ordinario, en la celebración de su memoria.

fuente: J. Quasten: Patrología
(El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=2633

217-El Papa Francisco responde a 20 preguntas de máxima actualidad en el vuelvo Río-Roma, 29 de julio-2013

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  “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?”. Palabra de Francisco, quien ayer dejó con la boca abierta a los 71 periodistas que viajábamos con él en el avión que le llevó de vuelta a Roma al concluir su viaje a Río de Janeiro.

Fue una auténtica sorpresa descubrir un Papa que predica que hay que “integrar a los gays en la sociedad”, que no tiene problemas en hablar sobre el supuesto ‘lobby gay’ de El Vaticano, que confiesa que echa de menos salir a pasear por las calles de Roma, que reconoce que no sabe qué va a hacer con el Banco vaticano, que admite que en la Curia hay algunos sacerdotes que “no son santos” y que tienen un comportamiento “escandaloso”, que hace chistes, que pone sobre la mesa sus sentimientos, que dice que si en Brasil no ha hablado del aborto y de los matrimonios entre personas del mismo sexo es porque, total, ya se conoce cuál es la postura de la Iglesia al respecto y prefiere centrarse en aspectos positivos…

 

El ‘milagro’ ocurrió la pasada noche, durante el vuelo que llevó a Francisco de regreso a Roma. Sólo una hora después de que el avión despegara, cuando nos encontrábamos a unos 7.000 pies de altura, el Pontifice compareció ante los 71 periodistas que le acompañábamos en el vuelo papal. Y durante una hora y veinte minutos estuvo respondiendo a las preguntas que se le hicieron. Sin censuras previas: se le podía preguntar absolutamente sobre cualquier tema. Y, de hecho, le fueron planteadas cuestiones incómodas, peliagudas. Francisco respondió a absolutamente todas las preguntas, de manera directa, sin escaquearse y sin perder en ningún momento la sonrisa.

 

Ni siquiera cuando fue preguntado por el supuesto ‘lobby gay’ de El Vaticano y por monseñor Ricca, el hombre a quien recientemente ha nombrado prelado del Banco Vaticano (el famoso IOR) y que ahora se ha visto sacudido por escándalos homosexuales. “Con respecto a monseñor Ricca, he hecho lo que el derecho canónico manda hacer, que es la investigación previa. Y no hemos encontrado nada”, decía Francisco. Pero el Papa (¡el Papa!) también dejó caer que, aunque fueran ciertas las acusaciones que salpican a Ricca, estaría dispuesto a perdonarle. “Tantas veces en la Iglesia, con relación a este caso y a otros casos, se va a buscar los pecados de juventud y se publican. Y hablo de pecados, no de delitos como los abusos de menores. Pero si una persona -laica, cura, o monja- comete un pecado y luego se arrepiente, el Señor la perdona. Y cuando el Señor perdona, olvida”.

 

Por si no fuera suficiente, Francisco destacó que el problema no es ser gay, sino formar parte de un lobby. “Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me he encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en El Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno”.

 

Francisco aseguró que en la Curia hay “santos”, gente que reza, que trabaja mucho y que también va al encuentro de los pobres, muchas veces a escondidas. Pero también reconoció que hay manzanas podridas. “Hay santos en la Curia. Aunque también hay alguno que no es tan santo. Y esos son los que hacen más ruido. Ya sabéis que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Y me duelen esas cosas. Hay algunos que dan escándalo, tenemos este monseñor en prisión, creo que aún sigue en prisión, y no ha ido a la cárcel porque se pareciera precisamente a la beata Imelda… No era un santo. Son escándalos y hacen daño”, aseguraba en relación a monseñor Scarano, acusado de tratar de introducir ilegalmente en Italia 20 millones de euros en un avión privado procedente de Suiza.

 

Sobre si está encontrando resistencias internas a las reformas que se propone llevar a cabo, Francico puso cara de póquer. “Si hay resistencia por ahora, yo no la he visto”, soltó.

 

Le preguntamos también si se asustó cuando leyó el informe sobre el Vatileaks, la fuga masiva de documentos reservados por la que fue condenado el mayordomo de Benedicto XVI. El informe, según se cuenta, revelaría el profundo estado de corrupción que afecta a la Curia. “No, no me he asustado. Es un problema grande, pero no me he asustado”, señalaba. “Les voy a contar una anécdota sobre el informe Vatileaks. Cuando fui a ver al Papa Benedicto, después de rezar en la capilla nos reunimos en el estudio y había una caja grande y un sobre. Benedicto me dijo: en esta caja grande están todas las declaraciones que han prestado los testigos. Y el resumen y las conclusiones finales están en este sobre. Y aquí se dice tal tal tal… Lo tenía todo en la cabeza”.

 

Por supuesto, los escándalos que sacuden al Banco Vaticano y la posibilidad de que Francico decida echarle el cierre también salieron a relucir. El Papa confesó que en principio pensaba ocuparse de los problemas económicos del Vaticano hasta el año que viene. “Sin embargo, la agenda cambió debido a unas circunstancias que ustedes conocen, que son de dominio público, aparecieron problemas y había que enfrentarlos”, aseguraba en relación a los últimos escándalos. Y admitió no saber qué acabará haciendo con el IOR, el banco de la Santa Sede. “Algunos dicen que tal vez es mejor que sea un banco, otro que es mejor que sea un fondo de ayuda, otros dicen que hay que cerrarlo. Se escuchan estas voces. Yo no sé, me fío del trabajo de las personas del IOR, que están trabajando con esto”, destacó. “No sé decirle cómo terminará esta historia. Esto es también hermoso. Se busca, se encuentra. Somos humanos”. Pero dejó claro que, pase lo que pase con el IOR, sus características deben ser “transparencia y honestidad“.

 

Fueron tantos los temas que se abordaron… Francisco respondió en total a 20 preguntas, sobre las cuestiones más distintas. Una periodista brasileña le preguntó por ejemplo como es que, a pesar de que en Brasil se ha aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y otra que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo, no había hablado de estas cuestiones durante su viaje a Río de Janeiro. “La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre ello, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara. No era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos. Además, lo sjóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia“, sentenció Francisco.

 

Otro periodista le preguntó sobre su relación con Benedicto XVI: “Es como tener al abuelo en casa, pero el abuelo sabio. En una familia el abuelo está en casa, es venerado, es amado, es escuchado. Él es un hombre de una prudencia… No se mete”.

 

Se reafirmó en su empeñó en no llevarse a Río el papamóvil blindado. “La seguridad es confiar en un pueblo”, subrayó. “Hacer un espacio blindado entre el obispo y el pueblo es una locura. Prefiero esta locura, fuera, tener el riesgo de la otra locura, la locura fuera. La cercanía nos hace bien a todos”, destacó.

 

Insistió en sus mensajes de austeridad y de normalidad. Pero con su humildad habitual, sin pretender imponer a los demás su forma de vida. “Cada uno debe vivir como el Señor le pide que viva”, subrayó. Aunque reconoció que “una austeridad general es necesaria para todos los que trabajamos en el servicio de la Iglesia”.

 

Se mostró sorprendido cuando le comentamos que había dado la vuelta al mundo su imagen subiendo al avión y llevando en la mano un maletín negro. “¿Qué llevaba dentro?”, le preguntamos. “No había dentro la llave de la bomba atómica. Llevaba el maletín porque siempre lo he hecho. Cuando viajo lo llevo. Dentro llevo la cuchilla de afeitar, el breviario, la agenda, un libro para leer”, indicó. “Debemos habituarnos a ser normales. La normalidad de la vida”.

 

Dijo que se siente feliz siendo Papa. “Cuando el Señor te pone ahí, si tú haces lo que el Señor te pide, eres feliz”, reveló. Y aseguró que si pide insistentemente a la gente que rece por él es porque considera que lo necesita. “Yo me siento de verdad con tantos límites, con tantos problemas, también pecador. Vosotros lo sabéis”.

 

Sobre la posibilidad de que las mujeres sean ordenadas sacerdotes fue categórico: “Esa puerta está cerrada”. Pero, a cambio, aseguró que “la Iglesia es femenina” e instó a que las mujeres ocupen espacios más allá de sus roles habituales.

 

Y explicó el porqué de sentirse enjaulado… “¿Usted sabe la de veces que he tenido ganas de pasear por las calles de Roma?”, señaló. “Porque a mí me gusta andar por las calles, me gustaba tanto y en ese sentido me siento un poco enjaulado. Pero debo decir que los de la Gendarmería vaticana son buenos, son realmente buenos y yo les estoy agradecido. Ahora me dejan hacer algunas cuantas cosas más, pero es su deber garantizar la seguridad. Enjaulado en ese sentido, de que me gusta andar por la calle, pero entiendo que no es posible, lo entiendo. Lo dije en ese sentido. Porque, como decimos en Buenos Aires, yo era un sacerdote callejero”.

 

 

Fuente: http://www.elmundo.es

216-Fiesta de santa Marta, 29 de julio

Santa Marta, santa del NT
fecha: 29 de julio
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Memoria de santa Marta, que recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a Jesús el Señor, y muerto su hermano Lázaro, profesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo».
patronazgo: patrona de la vida doméstica, de las amas de casa, trabajadores domésticos, mucamas, cocineras, lavanderas y trabajadores del hogar, dueños de restaurantes, trabajadores de hoteles, escultores y pintores; contra el flujo de sangre, protectora de los moribundos.
refieren a este santo: Santa María Magdalena
oración:
Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

Marta, María, Lázaro… la nueva organización del Martirologio Romano ha dado un importante paso al inscribir en un mismo día a los tres hermanos, de quienes las únicas noticias que tenemos tienen que ver con que son hermanos y están juntos. Lamentablemente, aun falta que algún ajuste ulterior de la liturgia haga que la memoria obligatoria de santa Marta se transforme en memoria obligatoria de los tres santos juntos. Durante siglos se confundió a María de Betania con María Magdalena, lo que es incorrecto desde el punto de vista de cómo son presentados los respectivos personajes en el Evangelio.

Marta y su hermana María como anfitrionas de Jesús en «un pueblo» -aunque sin mencionar ni a Lázaro ni al pueblo de Betania-, aparecen en un breve relato de san Lucas, 10,38-42, y a su vez las dos hermanas relacionadas con Lázaro y con Betania aparecen mencionadas en Juan 11,1-53, el largo y significativo relato de la resurrección de Lázaro (que resulta ser la motivación inmediata de la muerte de Jesús, v.47ss) y nuevamente en Juan 12,1-8, con la escena de la unción en Betania. Hubo muchas mociones dentro de la exégesis, sobre todo en el siglo XX, de interpretar estos personajes como ficticios, es decir, que serían símbolos «puros», no provenientes de recuerdos concretos sino «fabricados», por así decir, en la catequesis de los primeros años para enseñar actitudes cristianas concretas. Debe tenerse presente que los evangelios se compusieron como catequesis, es decir, no como meros recuerdos biográficos de Jesús, sino para enseñarnos quién es él, para enseñarnos a ver lo no-visible de Jesús; por ello es lógico que todos los elementos que componen los evangelios contengan algo de simbolismo. Prácticamente nada de lo que se dice en los evangelios se cuenta simplemente porque forma parte de un recuerdo histórico, sino que todo está al servicio de contar ese significado de Jesús. Sin embargo, dicho esto, debe afirmarse con la misma contundencia que todo lo que los evangelios cuentan sobre Jesús lo basan, no en su propia imaginación, sino en cosas que realmente han sucedido, en personajes que realmente rodearon a Jesús, y en acontecimientos que se verificaron; aun cuando esas cosas, esos personajes, esos acontecimientos, han sido siempre «trabajados» simbólica y literariamente para provocar una enseñanza en el lector.

Tomemos el caso de Lázaro. ¿Existió un personaje Lázaro, amigo de Jesús, al que Jesús haya resucitado? salvo para quien quiere mantener una postura en extremo hipercrítica, y que de antemano rechace toda conexión de los evangelios con la realidad, el análisis de los relatos muestra que todo lo que se dice sobre Lázaro se refiere a una persona concreta. Es claro que para cualquiera es difícil de aceptar la resurrección de un muerto, y no ya la resurrección trascendente de Jesús, que resucita y pasa a «otra dimensión de realidad», sino la de alguien que ayer estaba enterrado y hoy está otra vez comiendo con los suyos… pero la resurrección de Lázaro no es mas difícil de aceptar que la de la hija de Jairo. Y si Jesús no resucitó muertos porque es difícil de aceptar, ni expulsó demonios porque es difícil de aceptar, ni realizó milagros porque es difícil de aceptar…. ¿por qué se supone que resultó tan urticante y molesto al punto de que valía la pena sacarlo de en medio al precio que fuera? Jesús resucitó a Lázaro, y manifestó con ello un poder sobre la vida, de tal modo que años más tarde, y habiendo vivido la experiencia de la Pascua, el evangelio de Juan pudo reflexionar y encontrar en ese hecho una gran profundidad de enseñanzas catequéticas sobre el poder de la luz, sobre el dolor y el amor fraterno, sobre la esperanza, sobre la fe en que Jesús es el Cristo, y utilizar ese hecho real de la resurrección, que tal vez fue conocida de unos pocos, ya que ocurrió en una aldea, y proyectar a través de ello una «clase magistral», los capítulos 11 y 12 de Juan, que hacen la bisagra entre la predicación de Jesús y su «Hora».

Sobre Marta y María tenemos las dos actitudes bien plasmadas en el relato de Lázaro: Marta que sale al encuentro, discute con Jesús, en el capítulo 12 sirve la mesa: Marta es activa. De María se dan tres pinceladas: permaneció en la casa (es decir, de duelo), pero en cuanto oyó que Jesús la llamaba «se levantó rápidamente, y se fue donde él» (v. 29), cuando lo ve a Jesús «cayó a sus pies» (v. 32), y en la escena del capítulo 12 «ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos» (v. 3). Curiosamente, la tres referencias a María la muestran “a ras de suelo”, mientras que Marta está erguida, discute, va y viene. Juan enseñó cuestiones importantes en torno a la fe por medio de estas dos hermanas, pero el centro de lo que estaba hablando está puesto en la resurrección de Lázaro y en la próxima muerte de Jesús. San Lucas, sin embargo, supo encontrar en esas dos hermanas dos actitudes que seguramente han sido una constante en la vida de la Iglesia desde el inicio, y que más tarde darán lugar a los caracteres «activo» y «contemplativo», así que nos cuenta una escena en donde esos dos caracteres están manifiestos al extremo: Marta, que «se preocupa y se agita», y María que «ha elegido la parte buena», contraposición que sirve para dar otro ejemplo más de una doctrina que es absolutamente central en la predicación de Jesús y que recorre los cuatro evangelios: sólo una cosa es importante; aunque eso único importante se tematiza en distintas partes del Evangelio con distintos nombres: buscar el Reino de Dios y su justicia, permenecer unidos a la Vid, ver al Padre, etc.

Marta, María, Lázaro, tres hermanos, amigos de Jesús, que han sido vehículos para enseñanzas que difícilmente no tengamos en la memoria, precisamente porque han sido transmitidas a través de hechos extraordinariamente cotidianos: la agitación e inquietud que provoca la vida misma, el deseo frecuentemente insatisfecho de permanecer en silencio ante Dios, el dolor de una pérdida… acontecimientos de los que ninguna vida está libre, aunque son aquellos de los que más nos cuesta hablar.

No tiene sentido detenerme aquí en lo que la leyenda posterior ha hecho de estos personajes: de Lázaro un obispo de Chipre o de Marsella, de Marta, evangelizadora de la Galia junto con María, etc… son tradiciones, no sólo incomprobables, sino en muchos detalles ridículas, y pienso que poco agregan a la comprensión de la santidad de aquellos que la recibieron irradiada del propio Jesús.

Como bibliografía es recomendable detenerse en alguna buena exégesis del capítulo 11 de Juan, un relato central en el mundo del cuarto evangelio; por mi parte recomiendo el análisis que hace Raymond Brown en «El Evangelio según Juan», ed. Cristiandad, tomo I, págs 738ss. También pueden servir comentarios como el «San Jerónimo», ya sea el clásico o el nuevo, pero ante un relato tan lleno de detalles, conviene algo más completo. Quien quiera conocer las leyendas en torno a Lázaro y sus hermanas, una fuente buena es el Butler-Guinea, en sus artículos del 22 de julio (María), 29 de julio (Marta) y 17 de diciembre (Lázaro), sobre todo los dos primeros. No lo he seguido aquí porque preferí centrarme más en la cuestión de la Escritura, pero es, como siempre, una lectura de buena calidad. La Enciclopedia Católica, a pesar de sus muchos años, tiene un artículo de Léon Clugnet (1910) muy interesante y aun valioso sobre las tradiciones provenzales en torno a san Lázaro, lamentablemente, la traducción castellana que hay en línea apenas si permite enterarse de lo que habla.
Cuadros:
-Nicolas Froment: La resurrección de Lázaro, 1461, Galleria degli Uffizi, Florencia
-Tintoretto: Jesús en casa de Marta y María, 1570-75, Alte Pinakothek, Munich.

Abel Della Costa
(El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=2617

215-El Papa Francisco anuncia Cracovia, tierra de Juan Pablo II, como sede de próxima JMJ 2016

El Papa Francisco anuncia Cracovia, tierra de Juan Pablo II, como sede de próxima JMJ 2016

RÍO DE JANEIRO, 28 Jul. 13 / 09:59 am (ACI/EWTN Noticias).- En homenaje al Beato Juan Pablo II, que creó las Jornadas Mundiales de la Juventud y que será proclamado santo este año, el Papa Francisco anunció la ciudad polaca de Cracovia como sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en 2016.

“La Virgen Inmaculada intercede por nosotros en el Cielo como una buena madre que cuida de sus hijos. Que María nos enseñe con su vida qué significa ser discípulo misionero”, dijo el Papa Francisco durante el Ángelus.

“Queridos amigos, éste es nuestro modelo. La que ha recibido el don más precioso de parte de Dios, como primer gesto de respuesta se pone en camino para servir y llevar a Jesús. Pidamos a la Virgen que nos ayude también a nosotros a llevar la alegría de Cristo a nuestros familiares, compañeros, amigos, a todos. No tengan nunca miedo de ser generosos con Cristo. ¡Vale la pena! Salgan y vayan con valentía y generosidad, para que todos los hombres y mujeres encuentren al Señor”, concluyó.

El Beato Juan Pablo II fue ordenado Obispo auxiliar de Cracovia el 4 de julio de 1958, y luego su Arzobispo en diciembre de 1962. Creado cardenal a los 47 años de edad, El entonces Arzobispo Karol Józef Wojtila presidió su sede en medio de los asedios del ateísmo militante del régimen comunista hasta su elección como Pontífice el 16 de octubre de 1978.

Aunque no es la ciudad capital, Cracovia es un centro urbano de 3 millones de habitantes considerado como el corazón cultural, artístico y espiritual de Polonia. Tierra natal de reyes, artistas, filósofos y santos, es también la ciudad donde vivió y murió Santa Faustina Kowalska, vidente y apóstol de la Divina Misericordia. En efecto, es en la colina de Lagiewniki en Cracovia donde se erige el santuario mundial de la Divina Misericordia.

Rica de historia, joyas arquitectónicas y templos católicos, esta ciudad del sur de Polonia suele tener temperaturas moderadas, de entre 19 y 24 grados durante el verano, durante el cual se realizará la próxima Jornada Mundial de la Juventud.

Como “Ciudad Europea del Deporte”, Cracovia será sede del campeonato mundial de Voleibol en 2014 y del campeonato europeo de Balonmano de 2016.

Fuente: Aciprensa.

Enlace: http://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-anuncia-cracovia-tierra-de-juan-pablo-ii-como-sede-de-proxima-jmj-2016-87849/#.UfU8cqwlEpU